Abejas: estudio de la UBA muestra que reconocen el polen contaminado con agroquímicos
Investigadores de la UBA y el Conicet hallaron que las abejas aprenden a evitar el polen que contiene pesticidas y fertilizantes. El trabajo fue publicado en una revista científica internacional
Las abejas son tan esenciales para los ecosistemas, que sin ellas no se podrían cultivar alimentos, ya que su rol polinizador es fundamental para esparcir semillas.
Según un informe de la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), dos tercios de los cultivos de frutas, cereales y verduras del mundo dependen de insectos polinizadores como las abejas.
Sin embargo, las colmenas en todo el mundo -y especialmente en Argentina- están siendo amenazadas por el avance de la agricultura extensiva y la aplicación de agroquímicos.
Aún en dosis bajas, estas sustancias interfieren en la orientación y búsqueda de alimento de las abejas, o les provocan envenenamiento.
Adaptación natural
Diversos estudios científicos han mostrado que, en la naturaleza, las abejas son capaces de reconocer y evitar las plantas que contienen compuestos naturales “disuasorios”, es decir, aquellos que las plantas fabrican para espantar –con su olor, color o sabor- a los animales que se las comerían.
Lo que hasta ahora no se sabía era si las abejas podrían reconocer y evitar una planta contaminada con un producto artificial. Por ejemplo, un agroquímico.
Esta fue la pregunta que llevó a un grupo de científicos de la UBA y el CONICET a estudiar las nuevas adaptaciones de las abejas a un ambiente cada vez más hostil.

“Uno de los principales problemas para la abeja es que muchos de los pesticidas que se utilizan son artificiales, o sea, son sintéticos, lo que quiere decir que no coevolucionaron con los sistemas sensoriales de la abeja. Eso implica que la abeja muchas veces no los puede detectar como algo peligroso o tóxico”, explicó Andrés Arenas, investigador del CONICET en el Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental (DBBE) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA (Exactas UBA), al portal informativo NEX Ciencia. El equipo que lo acompañó en las investigaciones se completa con Catalina Hunkeler, Rocío Lajad y Walter Farina.
Prueba y error
Para comprobar si las abejas podían aprender a reconocer el polen contaminado con agroquímicos, los científicos argentinos diseñaron una serie de experimentos cuyos resultados fueron publicados en la revista Scientific Reports

De este modo, los investigadores colocaron abejas jóvenes en cajas de acrílico transparente donde se les ofrecía un polen sin contaminar y contaminado con dos sustancias diferentes.
En un caso, el contaminante era glifosato, un herbicida sintético que afecta la flora intestinal de la abeja y le dificulta asimilar nutrientes. En otro caso, el polen estaba contaminado con Imidaclopril, un insecticida artificial con efectos neurotóxicos (afecta la sensibilidad gustativa, el aprendizaje, la memoria y la orientación de los insectos).
Cada caja tenía cerca de 80 abejas que podían elegir entre uno de los dos tipos de polen, uno de los cuales estaba contaminado con alguno de los dos pesticidas. Ambos pesticidas se utilizaron en concentraciones similares a las que se encuentran en el ambiente.

Estrategia de supervivencia
“Al principio, los individuos consumían indistintamente polen contaminado y sin contaminar. Pero, al cabo de un tiempo, pudieron discriminar cuál era el polen que estaba contaminado, y empezaron a evitarlo. Y el comportamiento fue similar para ambos tipos de contaminantes”, comentó Arenas.
“Si los humanos seguimos modificando el ambiente, al menos las abejas encontraron una forma de evitar exponerse a los tóxicos que estamos vertiendo al ecosistema”, reflexionó el científico.















