La industria de la limpieza textil enfrenta una transformación radical impulsada por la salud pública. El tradicional lavado en seco, dependiente de solventes peligrosos como el percloroetileno, está siendo reemplazado por métodos biológicos y tecnologías de agua a presión que eliminan los tóxicos invisibles sin dañar las prendas ni el ecosistema.