No es solo contenido «tonto» o bizarro; es una trampa de dopamina diseñada por algoritmos. Detrás de los audios virales y las perturbadoras «frutinovelas» generadas por IA, se esconde el brainrot: un fenómeno que destruye la capacidad de atención de los más chicos y normaliza mensajes de violencia y misoginia bajo una estética infantil. ¿Hasta dónde puede aguantar un cerebro expuesto a este bombardeo constante?