Un alarmante estudio revela que el cambio en las rutas migratorias de la ballena gris, impulsado por el calentamiento de las aguas, está provocando una mortalidad sin precedentes. Al desviarse hacia zonas de alto tráfico naviero como la bahía de San Francisco, uno de cada cinco ejemplares no logra sobrevivir, víctimas de colisiones con embarcaciones y desnutrición.