El mayor relleno sanitario de la Argentina volvió a quedar bajo la lupa internacional, esta vez no por su tamaño ni por la cantidad de residuos que recibe cada día, sino por su impacto climático.
Se trata del Complejo Ambiental Norte III, operado por CEAMSE en Campo de Mayo, que fue ubicado por un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) como el vertedero que registró la mayor tasa horaria de emisiones de metano detectada por satélite entre los cientos de sitios relevados en todo el mundo.
El trabajo forma parte del proyecto STOP Methane, desarrollado por el Instituto Emmett sobre Cambio Climático y Medio Ambiente de UCLA junto con Carbon Mapper, y analizó cerca de 3.000 plumas de metano detectadas sobre 707 rellenos sanitarios y basurales utilizando información del satélite Tanager-1 y del instrumento EMIT de la NASA.
El dato no significa que Norte III sea el mayor emisor anual del planeta, pero sí que fue el sitio donde se detectó la mayor tasa instantánea de emisiones registrada durante las observaciones realizadas.
Según el estudio, el complejo llegó a registrar emisiones cercanas a 7,6 toneladas de metano por hora, un nivel que lo ubicó por encima de grandes vertederos de Asia, África, Europa y América del Norte.
El enemigo silencioso del clima
La advertencia no es menor si se tiene en cuenta que, tal como lo explican los analistas del sector, el metano representa una proporción mucho menor que el dióxido de carbono dentro de los gases de efecto invernadero, pero posee un poder de calentamiento muy superior durante sus primeros años en la atmósfera.
Por esa razón, varios organismos internacionales consideran que reducir estas emisiones constituye una de las herramientas más rápidas para desacelerar el calentamiento global mientras avanzan las políticas de descarbonización.
De hecho, desde el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), pasado por la Coalición por el Clima y el Aire Limpio (CCAC), y NASA Ciencia, explican en sus análisis y bases de datos los riesgos sobre cómo las emisiones silenciosas fugas de gas y la acumulación en vertederos e industria aceleran de forma crítica la crisis climática.
También catalogan al metano como un potente contaminante climático de vida corta, destacando que es responsable de una parte masiva del aumento de temperaturas a corto plazo.
Del mismo modo, documentan mediante instrumental satelital (como el sensor EMIT) la detección constante de “superemisores” ocultos de metano en yacimientos de gas, petróleo y agricultura.
En la Argentina, los rellenos sanitarios explican una parte importante de esas emisiones porque la enorme cantidad de residuos orgánicos enterrados se descompone sin oxígeno y genera biogás, compuesto principalmente por metano.
En otras palabras, los expertos explican que cuánto mayor es la cantidad de residuos que termina bajo tierra y menor es su recuperación mediante reciclado, compostaje o biodigestión, mayor es el potencial de emisiones.
En ese contexto, el informe vuelve a poner en discusión un modelo de gestión que desde hace décadas privilegia el enterramiento de residuos por sobre la valorización de materiales, pese a que tanto Argentina como la Ciudad de Buenos Aires fijaron objetivos de reducción y economía circular que todavía muestran resultados limitados.
La reacción del CEAMSE a las críticas
Tras conocerse el estudio, el CEAMSE cuestionó las conclusiones y sostuvo que la metodología utilizada por los investigadores no refleja adecuadamente la operación del complejo.
Desde el organismo que gestiona, transporta y da disposición final a los residuos sólidos urbanos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), destacaron que cuentan con sistemas de captación y tratamiento de biogás, además de programas de monitoreo ambiental y aprovechamiento energético del gas generado por los residuos.
Además, hicieron hincapie en la capacidad y orden que ofrece en Complejo Ambiental Norte III, que no es un relleno sanitario más sino que es el principal destino de los residuos urbanos del AMBA y uno de los mayores complejos de disposición final de América Latina.
Ubicado en un predio de alrededor de 600 hectáreas en Campo de Mayo, entre los partidos bonaerenses de San Martín, San Miguel y Tigre, concentra desde hace más de tres décadas buena parte de la basura que producen la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano.
Según datos de CEAMSE, recibe en promedio 436.325 toneladas de residuos por mes, equivalentes a 14.500 toneladas diarias, aunque otras estimaciones oficiales elevan esa cifra a alrededor de 18.000 toneladas por día al considerar todo el flujo que ingresa al complejo.
En el predio termina aproximadamente el 85% de los residuos que administra CEAMSE, incluidos todos los enviados por la Ciudad de Buenos Aires y por más de 40 municipios bonaerenses.
Se trata de una región donde viven más de 17 millones de personas y se genera cerca del 40% de los residuos urbanos del país.
La basura llega desde distritos como Avellaneda, Quilmes, Lanús, Lomas de Zamora, San Martín, Vicente López, Tigre, San Isidro, Pilar, Merlo, Moreno, Escobar, Florencio Varela, Berazategui, Hurlingham, Tres de Febrero, José C. Paz, Malvinas Argentinas, San Miguel, además de la Ciudad de Buenos Aires, entre muchos otros.
El predio también alberga plantas de separación y tratamiento, instalaciones para procesar lixiviados y sistemas de captación de biogás destinados a generar electricidad.
Una de sus plantas de Tratamiento Mecánico Biológico tiene capacidad para procesar unas 1.100 toneladas diarias de residuos y recuperar materiales reciclables y materia orgánica antes de que sean enterrados, según datos aportados por la Fundación Metropolitana.
Una fuente relevante de emisiones
Sin embargo, el informe de UCLA pone en duda que esas tecnologías sean suficientes para controlar las emisiones de metano de un complejo que recibe cada día la basura generada por millones de habitantes.
El trabajo advierte que, aun cuando exista captura de biogás, el enorme volumen de residuos orgánicos que continúa enterrándose mantiene al sistema como una fuente relevante de emisiones.
De hecho, el caso de Norte III muestra que el modelo sigue dependiendo de un relleno sanitario gigantesco que concentra buena parte de la basura producida por la región metropolitana.
Ese contraste explica por qué un estudio satelital terminó colocando a la Argentina en el primer lugar de un ranking que ningún país quisiera encabezar.
Un problema que lleva décadas
La dependencia del AMBA respecto de Norte III no es nueva y se remonta a los años de cierre de antiguos basurales a cielo abierto en las décadas de 1970 y 1980.
A partir de ese momento, el complejo fue ampliándose hasta transformarse en el principal destino de la basura metropolitana.
De hecho, lo sigue siendo a pesar de que la Ciudad de Buenos Aires sancionó hace casi dos décadas la Ley de Basura Cero con metas para disminuir progresivamente el enterramiento de residuos.
La advertencia está incluida en el estudio de UCLA en donde se advierte que, más allá de la discusión sobre la metodología utilizada, el caso de Norte III refleja que la Argentina sigue dependiendo de un modelo basado en enterrar basura, cuando buena parte de esos residuos podría evitarse, reutilizarse, reciclarse o transformarse en energía.
El impacto sobre los habitantes de la zona
Si bien varios informes del PNUMA aseguran que el principal efecto del metano es climático y no toxicológico, la magnitud de las emisiones vuelve a poner bajo la lupa la calidad ambiental de una zona donde conviven barrios, industrias y establecimientos productivos.
Otros estudios, como algunos elaborados por técnicos del CONICET, aseguran que el problema es que las emisiones de un relleno sanitario rara vez están compuestas únicamente por metano.
Agregan que el biogás también contiene dióxido de carbono, sulfuro de hidrógeno y compuestos orgánicos volátiles responsables de los malos olores persistentes.
Esto es lo que desde hace años denuncian vecinos de localidades cercanas como José León Suárez, San Martín y otros sectores del entorno del complejo.
Por caso, la ONG Nuevo Ambiente y varias asambleas vecinales realizan informes periódicos y presentaciones ante la Suprema Corte de Justicia y juzgados federales exigiendo controles estrictos y el saneamiento de la zona.
Advierten que, además del impacto climático, esos gases pueden afectar la calidad del aire local y generar molestias asociadas a olores intensos, irritación de ojos y vías respiratorias en personas sensibles, además de atraer insectos y aves oportunistas.
El riesgo para la producción de alimentos
Otro aspecto menos discutido es que Norte III se encuentra rodeado por una región donde existen quintas hortícolas, establecimientos ganaderos, cursos de agua y áreas periurbanas.
Hasta el momento no existen estudios que demuestren que las emisiones de metano del complejo contamine directamente frutas, verduras o carnes producidas en la zona.
Sin embargo, organizaciones ambientales sostienen que la preocupación pasa por el impacto acumulado del sistema de residuos sobre el ambiente, especialmente por los lixiviados, los olores, la presencia de insectos y la degradación de cursos de agua cuando no existe un manejo adecuado.
Un problema que no termina en Norte III
Si bien el Complejo Ambiental Norte III es operado por CEAMSE, reducir la discusión a la empresa sería simplificar un problema mucho más amplio.
El relleno sanitario constituye el destino final de los residuos generados por la Ciudad de Buenos Aires y por más de 40 municipios del conurbano bonaerense, que diariamente trasladan miles de toneladas de basura hasta ese predio.
Es decir, las emisiones detectadas son la consecuencia de un sistema que involucra a gobiernos, empresas y consumidores.
En ese circuito también aparecen los llamados grandes generadores, una categoría creada por la legislación porteña que comprende hipermercados, supermercados, shoppings, cadenas gastronómicas, hoteles, industrias alimenticias, hospitales, universidades, centros logísticos y grandes edificios de oficinas, entre otros.
Muchas de esas compañías desarrollaron programas de reciclaje, recuperación de cartón, plástico o vidrio e incluso iniciativas para reducir el desperdicio de alimentos.
Sin embargo, una parte significativa de los residuos orgánicos continúa teniendo como destino final los rellenos sanitarios.
En este sentido, el Observatorio de Residuos Peligrosos (UBA y UNR), realiza informes periódicos sobre el volumen de residuos industriales y peligrosos en el país.
Entre las empresas con mayor generación de residuos en el AMBA figuran cadenas como Carrefour, Coto, Cencosud (Jumbo, Disco y Vea), Changomás.
También aparecen gigantes alimenticios como Arcor, Mastellone Hermanos, Danone Argentina y Mondelez, junto con operadores gastronómicos como Burger King y Mostaza, cuyos residuos forman parte del circuito de recolección y disposición final.
Eso no implica que sean responsables directas de las emisiones detectadas por el estudio, pero sí que forman parte del sistema cuya transformación aparece cada vez más urgente.
Un modelo cada vez más cuestionado
La publicación del ranking de UCLA vuelve a mostrar que el desafío no pasa solamente por capturar el metano una vez que se genera, sino por evitar que enormes volúmenes de materia orgánica terminen enterrados.
En otras palabras, la discusión ya no es únicamente tecnológica. También involucra cambios en los sistemas de consumo, producción, separación de residuos y responsabilidad empresarial.
Además, la publicación del informe llega en un momento en que el metano ocupa un lugar cada vez más relevante en la agenda climática global.
Durante los últimos años, organismos internacionales comenzaron a utilizar satélites de alta resolución para identificar emisiones que hasta hace poco eran prácticamente imposibles de medir en tiempo real.
Esa tecnología está modificando la forma de controlar actividades como la producción de petróleo y gas, la minería del carbón, la ganadería intensiva y también los rellenos sanitarios.
En ese nuevo escenario, los grandes basurales dejaron de ser únicamente un problema de gestión urbana para convertirse en un indicador ambiental observado desde el espacio.