Tala indiscriminada en Mendoza: denuncian que el avance inmobiliario está destruyendo olivos centenarios

La expansión urbana desregulada sobre los suelos productivos ha comenzado a generar consecuencias críticas en la matriz ecológica de la región de Cuyo, especialmente en Mendoza.

En ciudades históricamente agrícolas como Guaymallén, Maipú y Luján de Cuyo, la proliferación de proyectos inmobiliarios y barrios privados está absorbiendo miles de hectáreas cultivadas. Este fenómeno no solo altera la geografía local, sino que promueve la erradicación masiva de olivares históricos, transformando un suelo que requirió décadas de maduración biológica en desarrollos de cemento.

Tala indiscriminada en Mendoza: denuncian que el avance inmobiliario está destruyendo olivos centenarios

“El avance inmobiliario sobre las zonas de producción impacta de manera devastadora”, denuncia Pablo Flores, especialista en conservación forestal y CEO de Nativo Reforestación, en diálogo con Economía Sustentable.

“La expansión urbana devora hectáreas cultivadas, priorizando el cemento por encima de nuestros pulmones verdes y transformando un suelo que tardó décadas en madurar biológicamente en lotes privados”, añade, alertando que en otras zonas como Junín, San Martín o Las Heras, la baja rentabilidad empuja a los productores a arrancar los olivares para optar por chacras.

Pérdida de identidad y un “negocio” de cenizas

La desaparición de estos montes centenarios implica un retroceso multifactorial para la provincia, afectando tanto al ecosistema como a la economía rural. Los olivares constituyen sistemas maduros indispensables para mitigar el cambio climático, fijar el suelo frente a la erosión y aportar sombra y humedad en un territorio marcado por la aridez estructural.

La desaparición de estos montes centenarios implica un retroceso multifactorial para la provincia.

A nivel cultural, el impacto es igual de grave. “Con cada monte de olivos centenarios que se tacha del mapa, Mendoza pierde mucho más que árboles. Perdemos patrimonio viviente: un olivo de más de 100 años es un testigo silencioso de la historia agrícola mendocina“, explica Flores. Sin embargo, ante la falta de alternativas, el destino final de esta herencia suele ser trágico: “Es nuestra herencia cultural transformándose en escombros, o en cenizas. Es además la pérdida de mucha mano de obra, ya que estos se cosechan manualmente”.

Nativo Reforestación: la respuesta privada ante la topadora

Frente a este escenario de destrucción aparente, surgió Nativo Reforestación como una evolución de un proyecto previo enfocado en el cuidado ambiental. La iniciativa nació de la necesidad urgente de dar un paso más allá de la simple extracción de árboles en zonas de obra, convirtiéndose en pionera en Mendoza en el rescate y reinserción biológica de ejemplares históricos para garantizar que no terminen convertidos en leña.

Nativo Reforestación surgió como una evolución de un proyecto previo enfocado en el cuidado ambiental.

“Nos dimos cuenta de que no bastaba con sacar el árbol de la finca; debíamos perfeccionar el proceso para asegurar su supervivencia a largo plazo”, señala su fundador. Para lograrlo, el equipo incorporó profesionales calificados que realizan análisis técnicos exhaustivos antes y después de cada trasplante, integrando el diseño paisajístico de baja eficiencia hídrica —clave para una zona con severa escasez de agua— para revalorizar cada olivo como el monumento histórico que es.

El proceso logístico es complejo y se activa ante alertas de fincas en peligro por venta o cambio de uso de suelo. Tras una evaluación de viabilidad, se realiza una poda técnica y se levanta el ejemplar mediante el uso de maquinaria pesada, cuidando al máximo su sistema radicular y su pan de tierra. Finalmente, los olivos son trasladados a predios propios o a campos de clientes comprometidos con el paisajismo sustentable, donde se los monitorea y riega para asegurar su inserción en un nuevo ciclo de vida.

Hacia un cambio estructural

Para frenar la tala indiscriminada, el sector privado ambientalista sostiene que se requiere un cambio profundo articulado en tres ejes urgentes. En primer lugar, leyes de ordenamiento territorial más estrictas con controles reales sobre el cinturón verde, impidiendo el loteo de suelo agrícola de primer nivel.

Para frenar la tala indiscriminada, el sector privado ambientalista promueve leyes de ordenamiento territorial más estrictas.

Por otro lado, se apela a la responsabilidad del sector inmobiliario para entender que integrar árboles centenarios al diseño de los nuevos barrios suma un valor ecológico y estético incalculable.

Finalmente, se remarca la necesidad de apoyo estatal a través de incentivos fiscales o subsidios para los productores que deciden mantener sus olivares vivos, ayudándoles a sostener la competitividad frente a la presión del mercado inmobiliario.

Julieta Dorta: Periodista especializada en SEO y en tendencias