Cada vez más compañías anuncian objetivos de reducción de emisiones y estrategias para alcanzar la neutralidad de carbono. Sin embargo, transformar esos compromisos en cambios reales dentro de la operación diaria sigue siendo uno de los principales desafíos de la agenda corporativa de sostenibilidad.
Así lo señala el informe Third Annual State of Decarbonization Report elaborado por PwC, que advierte que muchas organizaciones han logrado avanzar en la definición de metas climáticas, aunque todavía encuentran obstáculos para integrarlas plenamente en sus decisiones de negocio y en la gestión de sus cadenas de valor.
De acuerdo con el estudio, si bien las empresas muestran avances en materia de descarbonización, persiste una brecha entre los compromisos anunciados y su implementación efectiva. El desafío ya no pasa únicamente por fijar objetivos, sino por traducirlos en acciones operativas concretas capaces de generar resultados medibles.
El gran desafío está fuera de la empresa
Uno de los puntos más complejos es la gestión de las llamadas emisiones de alcance 3, aquellas que no se generan directamente dentro de las operaciones de una empresa, sino a lo largo de toda su cadena de valor, incluyendo proveedores, transporte, distribución, uso de productos y gestión de residuos.
Según el informe, estas emisiones suelen representar la mayor parte de la huella de carbono de una organización. Sin embargo, también son las más difíciles de medir, monitorear y reducir debido a que involucran a múltiples actores externos.
Esta situación obliga a las compañías a trabajar de manera más estrecha con proveedores, clientes y socios comerciales para obtener información confiable y desarrollar estrategias conjuntas de reducción de emisiones.
La complejidad del desafío aumenta en sectores con cadenas de suministro extensas y globalizadas, donde la trazabilidad de los datos ambientales continúa siendo una de las principales limitaciones.
La brecha entre los compromisos y las decisiones de negocio
El informe también advierte que persiste una distancia significativa entre los objetivos climáticos de largo plazo y las decisiones empresariales del presente.
Mientras muchas organizaciones anuncian metas de neutralidad de carbono para 2040 o 2050, todavía enfrentan dificultades para incorporar esos criterios en inversiones, compras, desarrollo de productos, abastecimiento y estrategias de crecimiento.
En otras palabras, la sostenibilidad continúa siendo para muchas compañías una agenda paralela, cuando el desafío consiste en integrarla plenamente al corazón del negocio.
Otro de los obstáculos identificados por PwC es la calidad y disponibilidad de la información ambiental. Muchas empresas todavía dependen de procesos manuales, datos fragmentados y sistemas de medición poco integrados, lo que dificulta elaborar inventarios precisos de emisiones y limita la capacidad de identificar oportunidades de mejora.
El desafío de llevar la sostenibilidad al corazón del negocio
Aunque las empresas avanzan en la definición de objetivos de reducción de emisiones, los especialistas advierten que el verdadero reto consiste en incorporar los riesgos climáticos dentro de las decisiones estratégicas.
“Gestionar los riesgos climáticos no es solo una cuestión de compliance, sino un factor estratégico para las organizaciones que aspiran a competir en el largo plazo. En un contexto marcado por la transición hacia economías bajas en carbono, la presión regulatoria y la creciente exigencia de inversores y otros stakeholders, las compañías deben integrar de forma efectiva estos riesgos en el núcleo de su estrategia de negocio”, señaló Diego López, socio de PwC Argentina a cargo de la práctica de Sostenibilidad y Cambio Climático.
Por su parte, Belén Zermatten, directora de PwC Argentina en la misma práctica, destacó la necesidad de fortalecer las capacidades internas para gestionar estos desafíos.
“La integración efectiva de estos riesgos requiere del desarrollo de capacidades analíticas, una gestión robusta y una visión transversal dentro de las organizaciones. La adopción de marcos internacionales como TCFD y los estándares de sostenibilidad del ISSB, junto con el análisis de escenarios climáticos, resulta clave para fortalecer la resiliencia empresarial y mejorar la calidad de la información reportada”, explicó.
Según PwC, incorporar la variable climática implica ir más allá del cumplimiento regulatorio y de la elaboración de reportes. Supone integrar estos factores en la planificación estratégica, la gestión de riesgos, la asignación de capital y el diseño de modelos de negocio preparados para una economía con menores emisiones.
Para los especialistas, las compañías que logren cerrar la brecha entre los compromisos climáticos y la ejecución estarán mejor posicionadas para enfrentar nuevas regulaciones, atraer inversiones y aprovechar las oportunidades que surjan durante la transición hacia una economía más sostenible.
“La gestión del riesgo climático se consolida como un habilitador clave de creación de valor, ya que permite a las empresas posicionarse estratégicamente para capitalizar las oportunidades que surgen en el proceso de transición hacia una economía más sostenible”, concluyó López.