Los riesgos detrás de los precios ultra baratos de Temu, con productos que pueden ser peligrosos para la salud

El comercio electrónico en la Argentina atraviesa una etapa de mayor sofisticación. Los usuarios comparan valores, revisan envíos, analizan la reputación de los vendedores y eligen con más cuidado el momento de pago. Esa conducta más racional, sin embargo, se enfrenta a un modelo de venta internacional que apuesta al impulso, a la oferta permanente y a precios difíciles de igualar.

En ese terreno aparece Temu, la plataforma de origen asiático que recupera la lógica del “todo por dos pesos” famoso de la década del 90 en la Argentina, ahora desde el celular y con alcance global. Su avance coincide con el fuerte crecimiento de las compras internacionales por courier y puerta a puerta. En abril de 2026, las importaciones por esa vía alcanzaron los 118 millones de dólares, con una suba interanual del 135,9 por ciento. Entre enero y mayo, el acumulado llegó a 518 millones de dólares.

El crecimiento de Temu y de las compras internacionales pone bajo la lupa la llegada de productos de muy bajo costo que, según investigaciones y organismos europeos, pueden presentar riesgos para la salud, la seguridad eléctrica y los derechos de los consumidores

La búsqueda de productos más accesibles explica parte del fenómeno. Tecnología, indumentaria, juguetes, herramientas y artículos para el hogar aparecen en los carritos de compra con valores que seducen en un contexto de bolsillos ajustados. Pero detrás de los descuentos, los juegos promocionales y las alertas de oferta limitada, crece una preocupación concreta: la llegada de productos sin controles suficientes, con riesgos para la salud, la seguridad eléctrica y la economía local.

Europa sancionó a Temu por productos ilegales y peligrosos

El caso tomó dimensión internacional el 28 de mayo de 2026, cuando la Comisión Europea impuso a Temu una multa de 200 millones de euros por infringir el Reglamento de Servicios Digitales. Según el organismo, la plataforma no identificó, analizó ni evaluó con diligencia los riesgos sistémicos asociados a la venta de productos ilegales en su servicio.

La investigación europea sostuvo que los consumidores tenían una probabilidad muy alta de encontrarse con artículos que no cumplían la normativa. También señaló que la evaluación de riesgos presentada por la empresa subestimó la frecuencia de exposición a mercadería peligrosa y no explicó de manera suficiente cómo el diseño de la aplicación podía multiplicar la circulación de esos productos.

La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Henna Virkkunen, advirtió que las evaluaciones de riesgo no son simples trámites administrativos, sino la base de la norma digital europea. La sanción dejó planteado un punto central para otros mercados, incluida la Argentina: el precio bajo no puede reemplazar a la verificación de seguridad.

Juguetes, químicos y productos infantiles en la zona de alerta

Mientras cámaras empresarias reclaman que se exijan los mismos controles para todos los productos, especialistas advierten que el precio más bajo no garantiza calidad, certificación ni la posibilidad de reclamar ante una falla

Los estudios de organizaciones de defensa del consumidor aportan datos sensibles. Euroconsumers, junto con entidades de Alemania, Francia, Dinamarca y Bélgica, analizó productos adquiridos de manera aleatoria en Temu. El resultado fue contundente: el 65 por ciento de los artículos evaluados no superó las pruebas de seguridad europeas.

La categoría infantil concentró algunos de los hallazgos más graves. De 27 productos para niños comprados en la plataforma, 26 no cumplían las leyes de seguridad. Los análisis detectaron piezas pequeñas, stickers y ventosas que se desprendían con facilidad, con riesgo de asfixia para bebés y chicos.

El riesgo no se limita a lo físico. Los análisis toxicológicos identificaron sustancias que excedían los límites admitidos y que pueden afectar la salud, en especial cuando se trata de productos destinados a menores.

Boratos nocivos: se detectaron juguetes tipo slime con liberación ilegal de boratos, compuestos asociados a posibles daños en el sistema reproductivo infantil.

Formaldehído en exceso: una caja de pañuelos de juguete con forma de autobús presentó hasta 164 miligramos por kilogramo de formaldehído, frente a un límite europeo de 30 miligramos para menores de 36 meses.

Disruptores endocrinos: un guante mordillo de silicona para bebés superó en cuatro veces los niveles permitidos de etoxilatos de nonilfenol, sustancia vinculada con efectos negativos sobre las hormonas humanas.

Ftalatos por encima del límite: juguetes de plástico y calzado mostraron niveles hasta 240 veces superiores al máximo legal. En unos mocasines, las suelas contenían 17 por ciento de ftalatos, cuando el límite permitido es 0,1 por ciento.

Parafinas cloradas y PFAS: se hallaron compuestos asociados a daños ambientales y posibles efectos sobre el sistema inmunológico en calzado, impermeables, vajilla descartable y papel para hornear.

Metales pesados: joyería infantil y ropa interior registraron concentraciones excesivas de cadmio, plomo, níquel, cromo y antimonio. En una prueba, un colgante contenía más de 85 por ciento de cadmio.

La combinación de químicos, ausencia de instrucciones en idioma local y etiquetados incompletos convierte a estos artículos baratos en una amenaza difícil de advertir a simple vista. El consumidor ve una oferta. El laboratorio, en cambio, encuentra materiales que no deberían estar en contacto con niños.

Electrónica barata: cargadores, aislación deficiente y riesgo de incendio

En electrónica, los resultados también preocupan. De los cargadores USB y fuentes de alimentación revisados por organizaciones de consumidores, casi todos mostraron riesgos medios o altos. De 27 cargadores comprados en Temu, solo uno cumplió las exigencias legales y normativas. Los especialistas detectaron aislación insuficiente, sobrecalentamiento y peligro de incendio o electrocución en condiciones normales de uso.

En la Argentina, la herramienta básica para el consumidor es la certificación de seguridad. En productos eléctricos y electrónicos, el comprador debe verificar la presencia del logo “CS”, correspondiente a Certificación de Seguridad, en el artículo o en su envase.

Ese sello indica que el producto fue evaluado por laboratorios u organismos de certificación habilitados. Las pruebas buscan reducir riesgos de descarga eléctrica, cortocircuito, incendio y fallas de funcionamiento. El IRAM recuerda que cerca del 40 por ciento de los incendios en el país tiene origen eléctrico.

Para obtener esa certificación, fabricantes e importadores deben acreditar que el diseño, los componentes y la fabricación cumplen normas técnicas nacionales e internacionales. En cambio, muchos productos de muy bajo costo que ingresan por envíos internacionales llegan sin ese respaldo y dejan al usuario solo frente a un riesgo que no puede medir con herramientas domésticas.

El reclamo de CASEL: controles iguales para productos iguales

El problema regulatorio aparece con fuerza en el mercado argentino. Los proveedores locales deben cumplir reglamentos técnicos, homologaciones y procedimientos de control antes de vender. En cambio, parte de la mercadería que llega por compras personales aprovecha un circuito más flexible, pensado para envíos particulares y no para abastecer una demanda masiva.

Sebastián Casón, presidente de la Cámara Argentina de Seguridad Electrónica (CASEL), advirtió ante Economía Sustentable sobre el impacto de esa diferencia: “En Argentina no podemos permitir un doble estándar regulatorio que desproteja a los ciudadanos”. Para el sector, la importación simplificada puede abrir una puerta a dispositivos sin verificación suficiente.

La inquietud se agrava cuando los productos prometen proteger vidas y bienes. Casón lo sintetiza así: “El engaño del ‘todo por dos pesos’ digital cuesta vidas”. Luego agregó: “Una cámara de vigilancia, un detector de monóxido o una alarma sin certificación oficial no son ‘más baratos’; son una estafa que va a fallar exactamente cuando deba proteger a una familia”.

Comercios locales frente a una competencia desigual

La discusión no se agota en la seguridad del usuario. También alcanza al comercio minorista, a las pymes y a los fabricantes nacionales. Una empresa local debe pagar impuestos, sostener empleo registrado, cumplir normas técnicas y ofrecer servicio posventa. Un vendedor extranjero que llega directo por correo puede evitar buena parte de esos costos y responsabilidades.

Sergio Angiulli, presidente de la Cámara de Ferreterías y Afines de la República Argentina (CAFARA), planteó ante Economía Sustentable que el mensaje al consumidor debe evitar una lectura defensiva del precio alto. “La concientización no debería plantearse como una defensa del encarecimiento del mercado, sino como una defensa del consumidor”, afirmó.

Angiulli remarcó que el precio de un producto formal incluye mucho más que el objeto. “El consumidor debe saber que cuando compra un producto legal, certificado y con respaldo, no solo está pagando el objeto, sino también una garantía, una responsabilidad comercial, un control técnico y la posibilidad real de reclamar si algo sale mal”.

También advirtió sobre la desigualdad regulatoria: “Si una empresa argentina debe cumplir normas y responder ante sus clientes, las grandes plataformas internacionales también deberían estar obligadas a hacerlo”. Angiulli resumió así el reclamo de comercios que compiten contra artículos baratos, muchas veces descartables, sin garantías verificables ni responsable local accesible.

Courier, puerta a puerta y el límite práctico del control

El ingreso de productos por envíos internacionales se apoya en reglas que facilitan las compras personales. ARCA permite operaciones bajo distintas modalidades, con topes que pueden llegar a 3.000 dólares y hasta 50 kilos por pieza en el régimen courier. Para compras de uso personal, las franquicias reducen o eliminan parte de la carga tributaria en ciertos montos.

El problema surge cuando una herramienta pensada para usuarios individuales se utiliza a escala masiva. La cantidad de paquetes vuelve casi imposible revisar en detalle si una prenda contiene químicos restringidos, si un juguete desprende piezas peligrosas o si un cargador posee la aislación exigida. En los hechos, el control técnico se desplaza hacia el consumidor, que no tiene forma simple de comprobarlo.

El ahorro inicial, además, puede perderse rápido. Diversos análisis sobre productos de bajo costo señalan textiles livianos, componentes sintéticos, costuras débiles y terminaciones pobres. El resultado es una vida útil corta, más residuos y una recompra temprana que termina por afectar el bolsillo.

Comprar barato no alcanza: seguridad, respaldo y derecho a reclamar

La expansión de Temu expone una tensión para el consumidor argentino. La necesidad de cuidar ingresos empuja hacia ofertas muy atractivas. Pero la evidencia reunida en Europa y las advertencias de cámaras locales muestran que el precio no puede ser el único criterio de decisión.

La seguridad comprobada, la durabilidad, la certificación y la posibilidad de reclamar ante un responsable local son parte del valor real de un producto. Una masa infantil con químicos fuera de norma o un cargador sin sello de seguridad pueden costar mucho más que su precio de oferta. En compras en línea, la pregunta ya no es solo cuánto vale, sino qué respaldo tiene y quién responde si algo sale mal.

César Dergarabedian: Periodista especializado en tecnología y transformación digital. Desde 2005 escribe y edita la sección de Tecnología de iProfesional, donde cubre innovación, tendencias globales, software, ciberseguridad y negocios IT. Fue tallerista y prejurado en concursos de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), creada por Gabriel García Márquez, y participó como jurado en iniciativas de innovación como Wayra Argentina. Coautor del libro Historias de San Luis Digital, también integra el jurado del Premio ESET al periodismo de seguridad informática en América Latina. Reconocido como uno de los 15 editores de tecnología más influyentes de Latinoamérica (Social Geek), recibió el Premio Sadosky a la Innovación Periodística y el Premio Sadosky a la Investigación Periodística. Ha cubierto las principales ferias tecnológicas del mundo, como CES Las Vegas y MWC Barcelona, y eventos globales de compañías como Amazon, Microsoft y SAP.