Por qué cosechan niebla en el desierto de Sahara
Allí donde las precipitaciones no alcanzan pero la niebla sí, instalaron mallas capaces de interceptar microgotas de agua suspendidas en el aire.
El sol del Sahara cae sin concesiones. Al mediodía, la arena parece ondular como un mar de luz líquida, mientras el viento levanta cortinas doradas que se mueven sin descanso sobre un horizonte casi sin agua, donde la lluvia es un acontecimiento excepcional.

La ciencia de recolectar agua donde no llueve
En ese paisaje extremo, en los últimos años empezó a tomar forma una idea que combina urgencia y conocimiento científico: obtener agua sin ríos, sin pozos y sin lluvias. Solo aire caliente, niebla que llega desde el Atlántico y una serie de dispositivos que, a primera vista, podrían confundirse con esculturas futuristas plantadas en medio del desierto.
En distintas zonas del Sahara, allí donde las precipitaciones no alcanzan pero la niebla sí, investigadores instalaron mallas captadoras capaces de interceptar microgotas de agua suspendidas en el aire. Cuando esas diminutas partículas chocan contra las fibras, se unen entre sí y, por efecto de la gravedad, descienden hasta canales que las conducen hacia depósitos de almacenamiento.
Las experiencias documentadas en pleno desierto muestran resultados concretos: miles de litros de agua pueden recolectarse cada día gracias a este sistema. Los colectores están fabricados con materiales resistentes como polipropileno o nylon, diseñados para maximizar la captura de gotas sin requerir energía externa. Solo hacen falta viento, niebla y una arquitectura precisa.

Cuando la niebla se convierte en un recurso vital
Pero más allá del impacto técnico, lo que emerge es una transformación silenciosa en la forma de habitar el territorio. El Sahara deja de ser únicamente un espacio implacable y se convierte en un entorno con el que es posible establecer un diálogo. La niebla, antes invisible, pasa a ser un recurso cotidiano: una espera diaria, casi ritual, que reemplaza a la lluvia donde nunca llega.
Estas mallas en medio del desierto se caracterizan por:
- Cada metro cuadrado de red puede producir entre 10 y 22 litros diarios, y en días de niebla densa esa cifra puede triplicarse.
- Las mallas no usan electricidad ni bombas. Funcionan solo con niebla, gravedad y viento, lo que las vuelve ideales para territorios aislados y sin infraestructura.
- En Marruecos, cerca del desierto del Sahara, ya hay más de 1.600 metros cuadrados de mallas instaladas, conectadas a tanques y tuberías que llevan agua potable directamente a las casas.
- Antes, muchas familias caminaban hasta 3 horas diarias para buscar agua. Hoy, ese tiempo se transforma en descanso, escuela, cultivo o permanencia















