Fracking en Vaca Muerta: más de 600 sismos reavivan la polémica por la actividad petrolera
Mientras la producción de petróleo y gas no convencional bate récords y se consolida como una de las principales fuentes de divisas del país, un informe alerta por el incremento de la actividad sísmica en la región.
El crecimiento sostenido del fracking en la formación Vaca Muerta volvió a colocar en el centro del debate a la actividad hidrocarburífera en la provincia de Neuquén.

Mientras la producción de petróleo y gas no convencional bate récords y se consolida como una de las principales fuentes de divisas del país, especialistas y vecinos alertan por el incremento de la actividad sísmica en la región.
Un informe difundido en enero por la consultora NCS Multistage indicó que 2026 comenzó con un número excepcionalmente alto de operaciones de fractura hidráulica y que, de mantenerse el ritmo actual, el año podría cerrar con un récord histórico de actividad.
Luciano Fucello, autor del reporte y profesor del Instituto Tecnológico de Buenos Aires, sostuvo que existe una correlación entre la producción de hidrocarburos y los temblores percibidos por habitantes de Sauzal Bonito y Añelo. “Durante la pandemia, cuando la actividad se detuvo, los terremotos se detuvieron. Y cuando se reanudó, volvieron”, afirmó.
La zona integra uno de los polos energéticos más dinámicos del país. Hacia fines de 2025, junto con Plaza Huincul y Cutral Co, produjo más de 570.000 barriles diarios de shale oil y 64 millones de metros cúbicos de shale gas por día. Ambos recursos requieren fractura hidráulica a gran escala para su extracción.
Récord de temblores
Desde la habilitación legislativa del fracking en 2013, los registros sísmicos comenzaron a multiplicarse en áreas donde históricamente no se reportaban movimientos frecuentes. El Observatorio de Sismicidad Inducida contabilizó 442 temblores desde fines de 2018, aunque su fundador, el geógrafo Javier Grosso, aseguró que la cifra actual ya supera los 600.

Solo en 2025 se registraron 102 sismos en Añelo y zonas cercanas, el número más alto desde que existen mediciones sistemáticas. En un estudio publicado en 2022 en la revista Scientific Reports, investigadores detectaron desplazamientos verticales del terreno tras períodos de intensa actividad industrial, incluido un sismo de magnitud 4,9 en marzo de 2019.
Según Grosso, la fracturación de roca mediante la inyección de agua, arena y aditivos genera ondas sísmicas que se propagan por el subsuelo. Cuando alcanzan zonas pobladas, pueden provocar vibraciones perceptibles, daños estructurales y grietas en viviendas.
Monitoreo y cuestionamientos ambientales
Desde el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas señalaron que para determinar con precisión el origen de los temblores es necesario establecer una “línea de base” que permita distinguir la actividad natural de la inducida. No obstante, especialistas remarcan que la región cuenta con uno de los sistemas de monitoreo más extensos de América Latina, con equipos del Instituto Nacional de Prevención Sísmica y estaciones privadas.

A las preocupaciones sísmicas se suman las ambientales. Un pozo no convencional puede requerir hasta 60.000 metros cúbicos de agua —diez veces más que uno convencional— y millones de toneladas de arena por año. Parte de ese fluido no se recupera y los residuos generados deben ser tratados o reinyectados.
En 2024, un análisis del Instituto Geográfico Nacional advirtió sobre el potencial de contaminación en la cuenca del río Negro por la densidad de pozos cercanos a áreas agrícolas, urbanas y cuerpos de agua.















