En una oficina cualquiera, a cualquier hora, alguien abre una heladera, escanea un QR y en segundos elige una ensalada fresca, un wrap o un plato caliente recién hecho. No hay filas, no hay bandejas de comedor ni viandas recalentadas. En esta escena que parece simple, hay casi dos décadas de prueba, error, intuición y transformación.
La historia de FEED no empezó en una corporación ni en una cocina industrial. Empezó con tres socias -Julieta Lamdany, Marina Ini, Victoria Lamdany-, unas ollas y una idea bastante más modesta: hacer sopas en invierno. “Arrancamos hace 18 años, en Ciudad Cultural Konex, haciendo sopas”, recuerda Marina. “Después del invierno armamos un catering para friends and family que creció muy rápido”.
Desde el inicio había una mirada distinta. Mejor presentación, productos frescos, una estética cuidada y, sobre todo, una escucha activa de lo que necesitaban las empresas. El salto llegó cuando uno de sus clientes, MercadoLibre, abrió una licitación para sus comedores.
La propuesta de FEED no era tradicional: comida fresca, sin conservantes, integrada con tecnología y disponible 24 horas a través de máquinas expendedoras. Era, en esencia, reimaginar cómo se come en el trabajo, como define Marina. Lo que siguió fue una transformación total del modelo: producción en escala, nuevos procesos, datos en tiempo real. Pero sin abandonar el núcleo original: alimentos hechos cada día, pensados para mejorar la experiencia cotidiana de quienes trabajan.
Hoy, esa idea inicial se convirtió en una empresa de 150 personas, con más de 3.000 viandas diarias, presencia en más de 50 expendedoras instaladas en 11 empresas como Mercado Libre, Accenture, Ualá, JP Morgan, Natura, entre otras, y una certificación como Empresa B que formaliza algo que, según cuentan, ya estaba desde el comienzo.
¿Cuándo sienten que FEED deja de ser un catering y se convierte en lo que es hoy?
Marina: «Creo que el punto de quiebre fue MercadoLibre. Ahí tuvimos que repensar todo: la producción, la logística, los procesos. Pasamos de algo más artesanal a un modelo mucho más estructurado, pero siempre sosteniendo la frescura y la calidad. Fueron dos años de mucho aprendizaje»
¿Qué vieron que faltaba en el mercado?
Marina: «Había modelos muy tradicionales: viandas o comedores con líneas de servicio. Nosotras quisimos proponer algo distinto. Inspirarnos en lo que pasaba en el mundo y adaptarlo. Las expendedoras con comida fresca, el pago con QR, la disponibilidad 24 horas… todo eso en su momento era muy novedoso».
«Integramos la tecnología siempre como herramienta, no como fin. Nos permite entender el consumo minuto a minuto, optimizar la producción y reducir el desperdicio. También sumar nuevas soluciones, como la compra desde el celular con puntos de retiro o las cocinas internas donde cocinamos en el momento».
La sustentabilidad parece estar en el ADN del proyecto. ¿Cuándo se vuelve una estrategia formal?
Marina: «Siempre estuvo, pero sin nombre. En 2018, a través de MercadoLibre, conocimos el mundo de las empresas B y ahí empezamos a medir y ordenar todo lo que ya hacíamos: recuperación de envases, donaciones, reducción de impacto»
¿Qué cambió a partir de ese proceso?
John Tapia [responsable de Sustentabilidad de FEED]: «Se volvió transversal. Cuando me sumé en 2024, muchas prácticas ya estaban, pero trabajamos en profundizarlas y sistematizarlas. La recertificación de 2024 mostró ese avance: mejoramos indicadores y fortalecimos procesos en todas las áreas».
¿Cómo se traduce eso en acciones concretas?
John: «Por un lado, en lo ambiental: recuperación de envases, reducción de plásticos de un solo uso, trabajo con clientes en separación en origen. Por otro, en lo social: donamos el excedente de comida a organizaciones, trabajamos con fundaciones, comedores y programas de inserción laboral».
¿Qué desafíos aparecen en ese camino?
Marina: «A veces hay limitaciones. Por ejemplo, el uso de ciertos materiales por normas de higiene. Pero siempre buscamos la mejor ecuación posible: si no podemos eliminar un impacto, vemos cómo compensarlo o reducirlo».
También hay un foco en las personas dentro de la empresa.
John: «Sí, es clave. Tenemos programas de referidos para facilitar el acceso al empleo, trabajamos con jóvenes en su primer trabajo, ofrecemos beneficios internos. La idea es que el impacto no sea solo hacia afuera».
Después de 18 años, ¿les sorprende el lugar al que llegaron?
Marina: «Muchísimo. Hoy somos 150 personas, producimos más de 3.000 viandas por día y estamos en empresas muy grandes. Mirar atrás genera orgullo, pero también responsabilidad».
¿Qué productos definen hoy a FEED?
Marina: «La ensalada en pote es nuestro ícono. Sigue sorprendiendo verla en una expendedora. Pero también hay wraps, sándwiches, pastelería, jugos y platos calientes. Incluso mucha gente se lleva la cena. Todo eso lo ajustamos con datos para reducir desperdicio».
¿Cómo imaginan el futuro?
Marina: «Nos gustaría expandirnos en la región y seguir creciendo. John: Y que ese crecimiento mantenga el foco: ser una solución gastronómica confiable, pero también una empresa con impacto real y medible».