El Río Potomac, principal fuente de agua para más de cinco millones de personas en el área metropolitana de Washington D.C., atraviesa una de las peores crisis ambientales de las últimas décadas. Dos derrames ocurridos entre diciembre de 2025 y enero de 2026 dejaron al descubierto fallas regulatorias, contaminación histórica y graves demoras en la respuesta oficial.
Según reportó Inside Climate News, el primero de los incidentes ocurrió cuando colapsó una tubería cloacal de 60 años conocida como Potomac Interceptor, en Maryland. Durante tres semanas se liberaron 243 millones de galones de aguas residuales sin tratar al río.
El segundo episodio tuvo lugar en la base militar Joint Base Andrews, donde una falla en el sistema de combustible provocó el derrame de 32.000 galones de combustible de aviación. Aunque se recuperaron 10.000 galones, el resto terminó contaminando Piscataway Creek, un afluente directo del Potomac.
La gravedad de la situación llevó a que la organización American Rivers catalogara al Potomac como el río más amenazado de Estados Unidos en abril de este año.
Derrames, químicos eternos y una contaminación que las autoridades conocían
Las investigaciones revelaron una cadena de demoras y omisiones institucionales. El Departamento de Medio Ambiente de Maryland confirmó que la base militar había detectado fallas en su sistema de combustible el 11 de diciembre de 2025, pero el derrame recién fue reportado oficialmente más de tres meses después.
Un portavoz de la base reconoció ante Inside Climate News que los 22.000 galones de combustible desaparecidos fueron detectados recién a través de un inventario mensual realizado en abril.
Sin embargo, la contaminación en Piscataway Creek no comenzó con este episodio. El investigador Dean Naujoks, de Potomac Riverkeeper Network, había detectado en 2022 niveles extremos de PFAS -los llamados “químicos eternos”- en peces del arroyo, con concentraciones 1,4 millones de veces superiores al estándar de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) para agua potable.
Estos compuestos fueron utilizados durante años por la Fuerza Aérea en espumas para extinguir incendios de combustible de aviación. Aunque el primer informe oficial sobre PFAS en la base militar data de 2018, las advertencias sobre consumo de pescado contaminado recién comenzaron a emitirse en 2023 y tuvieron escasa difusión entre las comunidades ribereñas.
Las críticas también alcanzaron a DC Water y autoridades estatales, que ya conocían la fragilidad de la tubería cloacal colapsada pero habían postergado las inversiones necesarias para reemplazarla.
El científico Don Boesch aseguró a Inside Climate News que “DC Water era consciente del riesgo de falla y postergó inversiones necesarias”, mientras advirtió que el impacto sobre el oxígeno del río y la posible mortandad de peces dependerá del caudal de agua durante el verano.
Comunidades indígenas y familias ribereñas, las más afectadas por la contaminación del Potomac
La crisis golpeó especialmente a las comunidades vulnerables que dependen del río para alimentarse y sostener actividades tradicionales. La Piscataway Indian Nation denunció que el derrame cloacal afectó la pesca, la caza y la recolección de alimentos y medicinas ancestrales.
“El agua no es simplemente un lujo o una comodidad para todas las personas, sino el nutriente más importante para la vida misma”, señaló la comunidad indígena en una declaración citada por Inside Climate News.
Según la tribu, semanas después del colapso los niveles de bacterias fecales seguían 2.700 veces por encima del límite seguro y científicos detectaron presencia de MRSA, una bacteria resistente a antibióticos.
Las consecuencias para las comunidades ribereñas incluyen exposición a contaminantes químicos y bacterias peligrosas, restricciones a la pesca de subsistencia y falta de información clara sobre los riesgos sanitarios.
Las demandas sociales crecieron rápidamente e incluyen investigaciones penales por la demora en reportar el derrame de combustible, monitoreos públicos sobre peces y cuerpos de agua contaminados, ampliación de fondos federales para remediación y mayor participación ciudadana en el control ambiental.
El reclamo también llegó al Congreso estadounidense. El senador Chris Van Hollen afirmó a Inside Climate News que “estos derrames están sometiendo a una presión aún mayor a nuestras vías fluviales ya sobrecargadas, dañando nuestro ambiente y las vidas y medios de subsistencia que dependen de él”.
Por su parte, la senadora Angela Alsobrooks advirtió sobre la vulnerabilidad de las familias afectadas y reclamó medidas urgentes para evitar nuevas filtraciones y reforzar los controles ambientales.