Argentina se encuentra entre los países con mayor consumo de huevos por habitante del mundo y las proyecciones del sector avícola anticipan un nuevo récord para 2026: 430 unidades anuales por persona.
Sin embargo, hay un dato que buena parte de los consumidores desconoce cada vez que compra un maple en el supermercado o en un comercio de barrio: cómo fueron criadas las gallinas que producen esos huevos. Para cambiar esta situación, presentaron en el Congreso un proyecto de ley que busca incorporar esa información en las etiquetas y establecer nuevas reglas para la publicidad.
La iniciativa fue elaborada por Sinergia Animal Argentina y presentada formalmente por la diputada nacional Gabriela Estévez. La propuesta contempla identificar cuatro sistemas de producción: jaulas en batería, libres de jaulas en galpón o piso, camperos o pastoriles y orgánicos. La intención es que cualquier persona pueda reconocer qué tipo de huevo está comprando y conocer las condiciones en las que fue producido.
En diálogo con Economía Sustentable, Romina Viscarret, directora de Sinergia Animal Argentina, explicó que el problema no pasa únicamente por el desconocimiento sobre los sistemas de crianza. También existe una situación que se repite en muchos comercios: la venta de maples sin la información obligatoria.
“La mayor parte de los argentinos desconoce que la etiqueta en envases de huevos es obligatoria. Es muy común ver en comercios de barrio maples sin ningún tipo de información”, señaló.
La organización busca que se cumpla con esa obligación y que, además, los envases incorporen un dato que hoy no suele estar disponible para el consumidor: el método utilizado para producir los huevos. En otras palabras, que la información sobre el origen del alimento deje de depender de una consulta o de la voluntad de cada empresa.
Qué información deberán tener las etiquetas de los huevos
Uno de los cambios centrales que propone el proyecto es que el sistema de producción aparezca en la cara principal del envase. La identificación deberá ser visible, legible y comprensible. Así, quien se acerque a una góndola podrá distinguir las alternativas sin tener que investigar previamente cómo trabaja cada establecimiento.
La propuesta contempla cuatro categorías. Y es que, aunque todos los productos se comercializan como huevos, las condiciones en las que se crían las gallinas pueden ser muy diferentes.
La primera corresponde a los sistemas de jaulas en batería, que actualmente concentran la mayor parte de la producción nacional. Según describió Viscarret, se trata de galpones con jaulas apiladas en las que pueden convivir hasta 12 gallinas en un mismo espacio.
La segunda categoría comprende los huevos libres de jaulas en galpón o piso. En este caso, las gallinas permanecen dentro de instalaciones cerradas, pero no están confinadas en jaulas. Esto les permite desplazarse por el galpón y desarrollar en mayor medida sus comportamientos naturales.
La tercera alternativa corresponde a los huevos camperos o pastoriles. Aquí aparece una diferencia concreta: las gallinas duermen en galpones, pero tienen acceso a espacios exteriores durante el día. “Este es el verdadero huevo llamado de campo”, precisó la directora de Sinergia Animal Argentina.
Por último, están los huevos orgánicos, que contemplan condiciones similares a las de los sistemas camperos, aunque incorporan requisitos adicionales relacionados con la alimentación. Según explicó Viscarret, una parte importante de la dieta de las gallinas debe ser orgánica y estar libre de pesticidas.
La identificación de estas cuatro modalidades permitiría reconocer diferencias que muchas veces quedan ocultas detrás de envases con imágenes o denominaciones parecidas. Para el consumidor, la etiqueta funcionaría como una referencia directa sobre las condiciones de producción.
El 78% de los argentinos desconoce cómo se producen los huevos
Uno de los principales argumentos de la iniciativa, a la que accedió Economía Sustentable, surge de una encuesta realizada por Sinergia Animal Argentina. El relevamiento reveló que más del 78% de los argentinos desconoce que aproximadamente el 90% de la producción nacional de huevos se realiza mediante sistemas de jaulas.
El dato expone una situación particular: en un país donde los huevos forman parte de la alimentación cotidiana y el consumo por habitante se encuentra entre los más altos del mundo, todavía existe poco conocimiento sobre cómo se obtiene este producto.
Para Viscarret, esa distancia entre el consumo y la información disponible tiene varias explicaciones. “Es sorprendente que Argentina sea el país con mayor consumo de huevos por habitante del mundo y que, sin embargo, gran parte de la población desconozca cómo se producen”, sostuvo.
Entre los motivos mencionó la falta de información sobre los sistemas productivos en las etiquetas, la publicidad que puede generar confusión y la escasa información oficial sobre las distintas modalidades de producción.
Además, la directora de la organización puso el foco en otro aspecto que puede pasar inadvertido durante una compra habitual: la comercialización de huevos sin identificación.
“Es llamativo también que los ciudadanos no sepan que un huevo sin etiqueta es ilegal y podría representar serios riesgos para su salud”, advirtió.
La propuesta apunta justamente a que las personas encuentren esa información en el momento de elegir. La idea es que puedan comparar las alternativas disponibles y tomar una decisión de acuerdo con sus preferencias, sin tener que buscar datos por separado o confiar exclusivamente en lo que comunica cada marca.
Publicidad de huevos: qué cambiaría para evitar imágenes engañosas
El etiquetado no es el único aspecto que aborda el proyecto. La iniciativa también propone establecer condiciones para la publicidad de huevos, con el objetivo de evitar imágenes, expresiones o recursos gráficos que transmitan una idea equivocada sobre el sistema de producción.
El planteo parte de una situación que, según Sinergia Animal Argentina, se observa en distintos productos del mercado: envases que muestran gallinas al aire libre, paisajes rurales o referencias a huevos de campo, aunque los establecimientos utilicen sistemas de jaulas.
“Actualmente, alrededor del 90% de la producción de huevos en Argentina se realiza en sistemas de jaulas en batería. Sin embargo, en el mercado encontramos numerosas imágenes y expresiones publicitarias que evocan gallinas libres, huevos de campo o sistemas de producción alternativos”, explicó Viscarret.
La preocupación aparece cuando esas imágenes no se corresponden con las condiciones reales de crianza. Por ejemplo, un envase con gallinas caminando sobre el pasto podría llevar al comprador a pensar que los animales tuvieron acceso al exterior, aunque los huevos provengan de un establecimiento
con jaulas.
Por eso, el proyecto busca que la información sobre el sistema productivo sea “clara, verificable y consistente con el producto que se ofrece”.
La regulación también podría tener consecuencias para los establecimientos que ya utilizan sistemas alternativos. Al contar con una identificación específica, esos productores tendrían la posibilidad de diferenciar sus huevos y comunicar una característica que puede influir en la elección de los consumidores.
Viscarret señaló que, en algunos casos, las diferencias entre lo que una empresa comunica y su sistema de producción pueden advertirse a partir de la información que publica en sus propios sitios web.
En cuanto a los controles, la propuesta establece que las autoridades competentes que ya intervienen en la regulación y fiscalización del sector sean las responsables de verificar el cumplimiento de las nuevas disposiciones.
“Un consumidor mejor informado también puede ser un agente de cambio”, afirmó la entrevistada.
Qué deberán hacer los productores y cuánto costará implementar el etiquetado
Una de las preguntas que puede surgir entre los productores y comerciantes es qué cambios tendrán que realizar si la iniciativa se convierte en ley. También, si incorporar esta información representará un costo adicional para el sector.
Desde Sinergia Animal Argentina sostienen que la adecuación no requeriría modificar los procesos productivos ni las condiciones actuales de comercialización. El cambio estaría concentrado en sumar un dato a la información que ya figura en los envases.
Actualmente, según constató Economía Sustentable, el etiquetado debe incluir datos como el nombre del establecimiento productor y la fecha de vencimiento. El proyecto propone agregar la identificación del sistema utilizado para producir los huevos.
“La propuesta plantea una implementación sencilla, que no requiere modificar los procesos actuales de producción y comercialización”, explicó Viscarret.
La referente de la organización considera que el impacto económico esperado sería acotado. La razón es que no se exige reconvertir las instalaciones, comprar equipamiento específico ni reemplazar un sistema productivo por otro. Se trata, según su explicación, de transparentar información sobre un alimento que ya está disponible en el mercado.
En materia de fiscalización, el texto contempla que las autoridades competentes controlen el cumplimiento de las disposiciones dentro del marco de sus atribuciones.
Además, el proyecto establece sanciones para quienes incumplan las obligaciones previstas y fija un plazo máximo de adecuación de 12 meses desde su reglamentación, en caso de que la iniciativa sea aprobada.
Qué posibilidades tiene el proyecto de avanzar en el Congreso
La propuesta tiene como fundamento el artículo 42 de la Constitución Nacional, que reconoce el derecho de los consumidores a recibir información adecuada y veraz sobre los bienes y servicios que adquieren.
La diputada nacional Gabriela Estévez, quien formalizó la presentación del proyecto, explicó que la iniciativa se apoya en ese marco constitucional y en las normas vigentes de protección al consumidor.
“Lo sustentamos en la Constitución Nacional, lo sustentamos en los derechos del consumidor, en las leyes que nos respaldan”, manifestó la legisladora.
Estévez también señaló que el proyecto cuenta con acompañamiento de distintos espacios políticos y que se trabaja para ampliar los respaldos dentro del Congreso. La intención es que la discusión pueda avanzar desde una perspectiva transversal, con el derecho a la información como punto de partida.
Desde Sinergia Animal Argentina esperan que la iniciativa consiga avanzar a partir de un debate que involucre a diferentes sectores. Para Viscarret, el consumo extendido de huevos y su presencia habitual en la alimentación convierten al tema en una cuestión que atraviesa a toda la población.
“Creemos que es un tema transversal que atraviesa a todos los argentinos. El huevo es una proteína de bajo costo y de alta demanda”, señaló.
Actualmente, el consumo de huevos en Argentina ronda los 400 por habitante al año, según las estimaciones mencionadas por Sinergia Animal. Sin embargo, las proyecciones del sector avícola anticipan que esa cifra podría alcanzar las 430 unidades durante 2026, lo que marcaría un nuevo récord.
El incremento previsto refleja la dimensión del mercado y el alcance que podría tener la incorporación de información sobre los sistemas de producción en las decisiones de compra.
“Esperamos que el proyecto pueda avanzar en el Congreso a partir de un debate amplio y transversal, porque el derecho a la información y a la transparencia en el mercado es un tema que nos afecta a todos”, agregó Viscarret.
Además, aclaró que la iniciativa no busca prohibir la comercialización de huevos provenientes de sistemas de jaulas ni imponer un método de producción determinado. Lo que propone es que las diferencias entre las alternativas disponibles estén identificadas para que cada consumidor pueda decidir con mayor información sobre el alimento que lleva a su casa.
Quienes quieran conocer el proyecto y acompañar la iniciativa pueden ingresar a www.etiquetadohuevosya.com. Allí también está disponible una petición para solicitar que el Congreso le dé pronto tratamiento y aprobación.