La degradación ambiental avanza a una velocidad alarmante en Argentina. Bosques arrasados por topadoras, incendios forestales cada vez más devastadores, humedales en emergencia, contaminación industrial y amenazas sobre reservas estratégicas de agua dulce conforman una radiografía que, según Greenpeace, expone el deterioro de los ecosistemas en todo el país.
En el marco del Día Mundial del Ambiente, la organización ambientalista alertó que los gobiernos y grandes corporaciones continúan postergando las medidas necesarias para enfrentar la crisis climática, pese a que los últimos cinco años fueron los más cálidos desde que existen registros.
El aumento de las temperaturas globales, el retroceso de glaciares, la pérdida de hielo en los polos, las inundaciones extremas, las olas de calor y el blanqueamiento masivo de corales son algunas de las señales más visibles de una transformación ambiental que ya dejó de ser una amenaza futura.
“No estamos ante una crisis del futuro; estamos viviéndola en tiempo real. Los últimos años consolidaron una tendencia devastadora: récords de temperatura, incendios que borran ecosistemas enteros y una alarmante desidia política”, sostiene Matías Arrigazzi, biólogo y especialista en biodiversidad de Greenpeace Argentina.
Radiografía del ecocidio en Argentina: desmontes, contaminación y pérdida de biodiversidad
Para Greenpeace, uno de los casos más graves se registra en el Gran Chaco, donde el avance de la frontera agropecuaria continúa impulsando la deforestación de miles de hectáreas de bosque nativo. A este escenario se suma el caso de Lomas de Olmedo, en Salta, conocido como el “Chernóbil Salteño”, donde un pozo petrolero abandonado libera gases y sustancias tóxicas que contaminaron napas de agua, provocaron la muerte de animales y forzaron el desplazamiento de comunidades locales.
Otro foco de preocupación es el intento de modificar la Ley de Glaciares. Según la organización, la reducción de áreas protegidas abriría la puerta al avance de proyectos de megaminería sobre algunas de las principales reservas de agua dulce del país. Frente a esta situación, organizaciones ambientales y cientos de miles de ciudadanos impulsaron acciones judiciales para frenar los cambios.
La contaminación industrial también aparece entre los episodios más cuestionados. Greenpeace menciona la explosión ocurrida en 2024 en una planta de la empresa Atanor, en San Nicolás, un hecho que generó la liberación de atrazina y gases tóxicos sobre zonas urbanas cercanas y reavivó las denuncias por presuntas irregularidades ambientales.
El impacto también alcanza a la biodiversidad. La pérdida de hábitats naturales amenaza especies emblemáticas como el yaguareté, el aguará guazú y el ciervo de los pantanos. En el Mar Argentino, la expansión de distintos proyectos productivos altera corredores biológicos utilizados por ballenas, delfines y pingüinos.
Incendios en la Patagonia y crisis hídrica en el litoral: las otras caras del desastre ambiental
La Patagonia sufrió durante la temporada 2025-2026 algunos de los incendios forestales más graves de las últimas décadas. Las llamas afectaron bosques nativos protegidos en áreas de alto valor ecológico, incluyendo sectores de los parques nacionales Los Alerces y Los Glaciares.
Desde Greenpeace sostienen que los recortes presupuestarios destinados a organismos clave, como la Administración de Parques Nacionales y el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, podrían agravar aún más un problema que se repite año tras año.
En paralelo, la crisis hídrica golpea al litoral argentino. La histórica bajante del río Paraná debilitó ecosistemas fundamentales para la regulación ambiental y dejó expuestos extensos humedales. En ese contexto, los incendios recurrentes en el Delta del Paraná y los Esteros del Iberá se transformaron en una de las mayores amenazas ambientales de la región.
Para la organización, el escenario actual demuestra que las soluciones técnicas y científicas existen, pero que falta decisión política para aplicarlas. La restauración de ecosistemas, el fortalecimiento de los controles ambientales y la implementación de políticas climáticas efectivas aparecen como algunos de los desafíos más urgentes.
“El Día del Ambiente no es una fecha para celebrar; es un día de lucha. No tenemos tiempo para perder en discursos verdes mientras el planeta se quema y se degrada a un ritmo alarmante. La acción climática debe ser ahora”, agregó Arrigazzi.