De la ciencia ficción al laboratorio: el rayo invisible que podría limpiar la órbita terrestre
Un proyecto científico busca remover basura espacial mediante fuerzas electrostáticas y reducir el riesgo de colisiones en el espacio.
Durante décadas, el cine de Hollywood imaginó rayos invisibles capaces de inmovilizar naves en el espacio. Hoy, un grupo de científicos intenta llevar esa fantasía al terreno de lo posible, aunque con un propósito muy distinto: no se trata de capturar enemigos, sino de enfrentar uno de los problemas más urgentes de la actividad espacial moderna, la acumulación de basura orbital generada por el crecimiento acelerado de satélites y misiones comerciales.

La proliferación de artefactos en órbita implica, casi inevitablemente, un aumento de desechos espaciales. Frente al riesgo de colisiones que podrían dejar fuera de servicio sistemas críticos de telecomunicaciones o dificultar futuras exploraciones, investigadores proponen una solución innovadora: un “tractor electrostático”. El concepto se basa en aprovechar la atracción entre cargas eléctricas opuestas para desviar satélites fuera de uso hacia una órbita cementerio, sin necesidad de establecer contacto directo.
Una alternativa nacida de la investigación científica
El modelo teórico fue desarrollado por científicos de la Universidad de Colorado Boulder y contempla el uso de una nave de servicio equipada con un cañón de electrones. Al emitir cargas negativas hacia un objeto inactivo, se genera una fuerza de atracción controlada que permite empujarlo gradualmente, manteniendo una distancia segura de hasta 30 metros. Lejos de la rapidez que propone la ciencia ficción, el proceso sería lento y demandaría más de un mes para retirar un solo satélite de la órbita geoestacionaria.
La iniciativa surge como respuesta a episodios críticos, como la colisión ocurrida en 2009 entre un satélite de Iridium y otro ruso fuera de servicio. Aquel choque liberó miles de fragmentos y dejó en evidencia los riesgos de las técnicas de limpieza basadas en el contacto físico. Herramientas como redes o arpones, advierten los especialistas, pueden fallar y fragmentar los objetos, agravando el problema en lugar de resolverlo.

Costos, desafíos y proyección a futuro
Aunque el enfoque sin contacto ofrece ventajas claras en términos de seguridad, su principal obstáculo es económico. Los investigadores estiman que el desarrollo y lanzamiento de un prototipo funcional requeriría una inversión de decenas de millones de dólares, fondos que aún no fueron asegurados.
Si ese escollo logra superarse, el remolcador electrostático podría comenzar a operar dentro de una década. Especialistas externos coinciden en que, pese a encontrarse en una fase temprana, la propuesta se apoya en principios físicos bien establecidos. En un escenario donde la congestión orbital crece sin pausa, la posibilidad de limpiar el espacio sin provocar nuevas colisiones aparece como una alternativa clave para garantizar la sostenibilidad de las operaciones espaciales del futuro.















