La transición energética acaba de sumar un experimento que podría cambiar el papel de los biocombustibles. Brasil puso en marcha el primer motor del mundo alimentado casi exclusivamente con etanol para generar electricidad.
Se trata de una tecnología que busca aprovechar uno de los combustibles renovables más abundantes del país no solo para mover vehículos, sino también para reforzar la red eléctrica cuando las energías renovables no alcanzan.
El proyecto fue desarrollado por la empresa brasileña Suape Energia junto con la compañía finlandesa Wärtsilä y se instaló en el Complejo Industrial Portuario de Suape, en el estado de Pernambuco.
La iniciativa acaba de concluir su etapa de implantación y ahora comenzará una fase de pruebas y validación en condiciones reales de operación para evaluar su rendimiento técnico, ambiental y económico.
Del tanque de combustible a la generación eléctrica
El etanol ocupa desde hace décadas un lugar central en la matriz energética brasileña. Sin embargo, hasta ahora su principal destino había sido el transporte, especialmente a través de los vehículos flex fuel que pueden funcionar tanto con gasolina como con biocombustibles.
La novedad es que el país busca ahora utilizarlo para producir electricidad bajo demanda, una función estratégica en sistemas eléctricos con una creciente participación de energías renovables variables como la solar y la eólica.
La instalación forma parte de la central termoeléctrica Suape II, que cuenta con una capacidad instalada de 381,2 megavatios y es considerada una de las mayores centrales a fuel oil de Brasil.
Aunque el proyecto todavía se encuentra en fase experimental, representa el primer intento a escala comercial de reemplazar combustibles fósiles por etanol en este tipo de instalaciones.
El desafío de complementar a las renovables
Uno de los principales problemas de la transición energética es garantizar electricidad cuando no hay sol o viento suficiente para cubrir la demanda.
En ese contexto, tecnologías capaces de generar energía de manera controlada y bajo demanda adquieren un valor creciente para la estabilidad de los sistemas eléctricos.
La bioenergía aparece como una de las alternativas para cubrir ese rol. A diferencia de la energía solar o eólica, puede activarse cuando la red lo necesita y aportar respaldo en momentos críticos.
Para Brasil, además, existe una ventaja adicional: la disponibilidad del combustible.
Según datos de la industria sucroalcoholera brasileña, el país produjo en 2024 más de 36.800 millones de litros de etanol, el mayor volumen de su historia y el segundo más alto del mundo después de Estados Unidos.
Años de pruebas en Brasil
La etapa que comienza ahora será clave para determinar el futuro de la tecnología. El acuerdo entre Suape Energia y Wärtsilä contempla hasta 4.000 horas de operación y pruebas durante un período de dos años.
Los resultados permitirán evaluar aspectos como la eficiencia energética, los costos operativos, la confiabilidad del sistema y su desempeño ambiental.
Si la experiencia resulta exitosa, Brasil podría convertirse en el primer país en incorporar el etanol como una herramienta para estabilizar redes eléctricas con alta participación de energías renovables, ampliando el rol de un combustible históricamente asociado al transporte y abriendo una nueva vía para la descarbonización del sector energético.