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La paradoja

Biocombustibles: el «escudo» argentino que se encarece por la guerra en Medio Oriente

Mientras el barril de crudo roza los u$s100 por el conflicto bélico, el sector local de biocombustibles surfea entre la gran oportunidad para sustituir importaciones de gasoil caro y la disparada en el precio de los fertilizantes y el cierre del mercado europeo que amenazan con asfixiar la rentabilidad de las plantas.

La producción de biocombustibles en Argentina arrancó el 2026  con una etapa de transición crítica, marcada por un potencial productivo récord que choca contra un marco regulatorio que el sector considera «obsoleto» y una coyuntura internacional explosiva.

La industria de biocombustibles en Argentina atraviesa un momento de transición con alto potencial productivo, pero limitado por un marco regulatorio desactualizado, capacidad ociosa y tensiones en el mercado internacional

La industria opera actualmente con una capacidad ociosa cercana al 25%, debido principalmente a que los cortes obligatorios no han acompañado el crecimiento de las plantas.

En la actualidad, esta industria está dividida principalmente en dos grandes sectores como son el biodiésel (base soja) y el bioetanol (base maíz y caña de azúcar). 

El sector muestra una recuperación en los niveles de producción respecto a años anteriores, impulsada por un mayor cumplimiento de los cortes obligatorios.

La producción está repartida entre 55 a 60 empresas activas en el registro oficial, de las cuales 38 son de biodiésel que se concentran en el Gran Rosario (Santa Fe), como LDC Argentina, Molinos Río de la Plata, Cargill y Renova.

También compiten las Pymes abastecedoras, que llegan a ser unas 30 empresas que producen exclusivamente para el mercado interno (corte obligatorio con gasoil), ubicadas en Santa Fe, Buenos Aires, San Luis y Entre Ríos.

En el caso del bioetanol, se registran unas 20 a 22 plantas, además de otras seis vinculadas al maíz, cuyas plantas principales se encuentran en Córdoba, como Bio4, ACA Bio y Promaíz).

La caña de azúcar concentra 16 ingenios (principalmente en Tucumán, Salta y Jujuy) que tienen destilerías integradas para producir alcohol anhidro.

En este escenario, la producción de bioetanol se mantiene estable en torno a los 1,3 millones de m³ anuales y Tucumán sigue siendo el actor principal en caña de azúcar (aportando el 60% del total de ese origen), mientras que las plantas de Córdoba lideran el segmento de maíz.

El conflicto en Medio Oriente disparó el precio del petróleo y de insumos clave como la urea, encareciendo los costos de producción y afectando especialmente al bioetanol basado en maíz

Con respecto al biodiesel, el sector PYME es el motor del mercado interno, abasteciendo el corte obligatorio del 7,5% (reestablecido a inicios de 2026). 

Una traba inesperada 

Sin embargo, las grandes exportadoras enfrentan dificultades por las barreras ambientales de la Unión Europea.

Pero a este contexto de factores internos, se le acaba de sumar el impacto que en el sector está teniendo la guerra de Medio Oriente.

Es que mientras el tablero geopolítico global se sacude al ritmo de las explosiones en el Estrecho de Ormuz, la industria local vive una paradoja de manual: nunca fue tan necesaria para la soberanía energética, pero pocas veces estuvo tan amenazada por sus propios costos de producción.

Con el barril de petróleo Brent consolidado por encima de los u$s100 debido al bloqueo parcial de las rutas del crudo en la zona del conflicto bélico, el precio de los combustibles en los surtidores locales ya acumula un alza del 10% en lo que va de marzo. 

El biodiesel y el bioetanol asoman como la tabla de salvación para frenar la sangría de divisas por importación de gasoil, pero un enemigo silencioso ha aparecido en el horizonte: la urea.

Impacto en el precio 

Argentina importa casi el 40% de los fertilizantes nitrogenados de la zona en conflicto. El cierre logístico en Medio Oriente no solo disparó el petróleo, sino que catapultó el precio de este insumo a los u$s715 por tonelada, un salto del 30% en apenas tres semanas.

Para el sector del bioetanol de maíz, esto es una luz roja de máxima intensidad. 

El encarecimiento del fertilizante golpea directamente la rentabilidad de la cosecha gruesa que está comenzando, elevando el costo de la materia prima justo cuando el gobierno nacional intenta contener los precios internos de la energía.

La Secretaría de Energía ha intentado acompañar la escalada con actualizaciones mensuales. 

A la fecha, los valores de adquisición fijados son:

  • Bioetanol (caña): $1.000,86 por litro.
  • Bioetanol (maíz): $917,32 por litro.
  • Biodiesel: $1.842.796 por tonelada.

Salida política 

El sector reclama cambios en la Ley de Biocombustibles para aumentar los cortes obligatorios y generar previsibilidad, con el objetivo de fortalecer la soberanía energética frente a un contexto global volátil

Sin embargo, desde las cámaras empresarias advierten que estos valores quedan desfasados ante una inflación de costos que viaja más rápido que las resoluciones oficiales. 

«Estamos produciendo energía para evitar que el país importe gasoil a precios de guerra, pero el costo de producir esa energía se nos disparó por la misma guerra», señalan en los pasillos de las plantas cordobesas y santafesinas.

La salida que propone el sector es política. En el Congreso, el debate por la modificación de la Ley 27.640 ha tomado un nuevo impulso con varios puntos clave del debate como la suba del corte. 

El proyecto, que cuenta con el respaldo de la «Liga Bio» (Córdoba, Santa Fe y Tucumán), presionan para elevar el corte obligatorio de biodiesel al 12% o 15%, y el de bioetanol hasta el 17%, permitiendo que la producción nacional actúe como un verdadero escudo protector.

También se discute el impacto de las licitaciones en esos cupos ya que el proyecto de ley busca reemplazar el sistema de cupos fijos por un mecanismo de licitaciones por volumen y precio, buscando mayor competitividad y transparencia.

Incluso se habla de la incorporación de motores flex y el desarrollo del SAF (Combustible de Aviación Sostenible).

Se trata de una apuesta de largo plazo para diversificar exportaciones ante un mercado europeo que se vuelve cada vez más restrictivo con la soja sudamericana.

Variables de estres 

Los analistas del sector entienden que el conflicto en Medio Oriente le otorga al sector local una oportunidad histórica para consolidar su transición energética. 

Pero sin un marco legal que dé previsibilidad a las inversiones y un esquema de precios que absorba el «shock de la urea», el sector corre el riesgo de quedarse mirando cómo el mundo arde mientras sus plantas operan a media máquina.

Además, la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ha introducido variables de estrés que no estaban en el radar a principios de año:

  • La trampa de la Urea: el 35% de la urea que importa el agro argentino pasa por el Estrecho de Ormuz. El aumento del 30% en su precio (llegando a u$s715/t) encarece directamente la producción de maíz, la base del bioetanol.
  • Soberanía Energética: la crisis global refuerza el argumento de los productores locales: cada punto de corte de biocombustible ahorra divisas que hoy se destinan a importar gasoil a precios de guerra (Brent arriba de los u$s100).

Un arma de doble filo

Por eso, se advierte que el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente ha comenzado a generar un escenario de alta volatilidad para el sector de los biocombustibles en Argentina. 

En especial, porque la interrupción del flujo logístico en el Estrecho de Ormuz y la escalada del crudo Brent han alterado profundamente la estructura de costos y la estrategia de la industria local.

En el caso de la suba del petróleo, funciona como un arma de doble filo para los biocombustibles.

Por un lado, un barril caro suele hacer que el biodiesel y el bioetanol sean opciones más económicas para el corte.

Por otro lado, la suba internacional ya se trasladó a los surtidores, con aumentos de entre el 4% y el 7% en lo que va de marzo. 

Esto presiona a la Secretaría de Energía para actualizar los precios que reciben los productores de biocombustibles, quienes ven cómo sus márgenes son devorados por la inflación interna y el aumento de insumos.

Restricciones ambientales 

Los expertos reiteran además que el impacto más severo no viene solo por el lado de la energía, sino por los fertilizantes necesarios para la materia prima como son el maíz y la soja.

En este sentido y como Argentina importa cerca del 37% de la urea desde Medio Oriente, el conflicto disparó el recio de la tonelada de este insumo en un 30% en pocos días.

Está claro que este encarecimiento directo eleva el costo de producción del maíz, base del bioetanol. 

Los productores advierten que, si el conflicto se prolonga, los márgenes de la próxima campaña podrían quedar en terreno negativo, afectando la disponibilidad de biomasa.

Por otro lado la guerra ha desconfigurado las rutas comerciales globales con el cierre de rutas en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz, lo que a su vez ha disparado los costos de logística marítima. 

Exportar biodiesel argentino hoy es más caro no solo por el flete, sino por el aumento de las primas de riesgo.

Para colmo, la Unión Europea mantiene sus restricciones ambientales sobre el aceite de soja argentino, limitando la capacidad del sector de aprovechar los altos precios internacionales del biodiesel para compensar la crisis interna.

Ante este panorama, las cámaras del sector (PYMES y grandes exportadoras) están solicitando al Gobierno nacional que acelere el tratamiento de la nueva Ley de Biocombustibles. 

El objetivo es elevar el corte obligatorio para que el combustible de origen vegetal actúe como un «escudo» frente a la volatilidad del petróleo importado y asegure la demanda ante un mercado externo cada vez más hostil.

Fecha de publicación: 19/03, 7:30 am