Argentina quiere convertir sus bosques y campos en dólares: la apuesta por el negocio global del carbono

Argentina comenzó a mover fichas para entrar en uno de los negocios más codiciados de la transición energética global: el mercado regulado de carbono. Ya no se trata únicamente de vender créditos ambientales dentro de esquemas voluntarios impulsados por empresas privadas, sino de integrarse a una arquitectura internacional donde las emisiones, los bonos verdes y los activos ambientales empiezan a funcionar como una nueva moneda estratégica del comercio mundial.

El giro representa mucho más que una agenda ambiental. Detrás de la discusión aparece un cambio profundo en la estrategia económica y geopolítica del país: convertir su capital natural -bosques, ecosistemas, capacidad de absorción de carbono y producción agroforestal- en una fuente estructural de divisas, financiamiento climático e inversiones internacionales.

La discusión comenzó a tomar fuerza en el Senado de la Nación durante la conferencia “Hacia un marco para el desarrollo de los mercados de carbono y su integración al mercado de capitales”, impulsada por las senadoras Sonia Rojas Decut y Flavia Royon. Allí empezó a delinearse una hoja de ruta para construir un marco jurídico federal capaz de darle previsibilidad y seguridad legal a las operaciones vinculadas al comercio internacional de emisiones.

• Argentina busca ingresar a los mercados globales de carbono regulado para transformar sus bosques, ecosistemas y capacidad de absorción de emisiones en una nueva fuente de divisas, inversiones y activos financieros estratégicos

El objetivo argentino es claro: dejar de depender exclusivamente del mercado voluntario de carbono, donde los créditos suelen cotizar entre USD 5 y USD 10 por tonelada de CO2 equivalente, y avanzar hacia los mercados regulados internacionales, donde esos mismos activos pueden superar los USD 25 por tonelada bajo estándares de alta integridad ambiental.

La diferencia entre ambos sistemas no es menor. En el mercado voluntario, las empresas compran créditos de carbono por decisión propia para compensar emisiones o fortalecer su estrategia ESG. En cambio, los mercados regulados funcionan bajo marcos internacionales o nacionales que obligan a determinados sectores a limitar o compensar emisiones bajo reglas estrictas de cumplimiento.

Uno de los mecanismos más relevantes es CORSIA, el sistema global impulsado por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) para compensar emisiones de la aviación internacional. Allí comienza a jugarse una nueva disputa económica global donde el carbono deja de ser un simple certificado ambiental para transformarse en un activo estratégico.

Mercados de carbono regulado: por qué Argentina busca entrar al negocio global

La implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París aceleró el nacimiento de un mercado internacional de carbono mucho más sofisticado y regulado. Actualmente ya existen más de 108 acuerdos bilaterales firmados entre más de 60 países para habilitar transferencias internacionales de reducción de emisiones.

Japón lidera ese esquema con 31 acuerdos activos mediante su Mecanismo de Acreditación Conjunta (JCM), seguido por Singapur y Suiza. Del lado de la oferta aparecen países emergentes que buscan monetizar sus activos ambientales, como Chile, Perú, Paraguay, Indonesia, Ghana y Tailandia.

El caso de Perú y Suiza se convirtió en uno de los primeros ejemplos plenamente operativos. Bajo ese acuerdo, Suiza financia proyectos de reducción de emisiones en territorio peruano y luego contabiliza parte de esas reducciones dentro de sus compromisos climáticos internacionales.

Argentina quiere ingresar a ese circuito con una ventaja competitiva concreta: su condición de sumidero neto de carbono. La combinación de grandes superficies forestales, ecosistemas naturales y potencial agropecuario le permitiría convertirse en un proveedor estratégico de activos ambientales de alta integridad.

Según proyecciones elaboradas por el Centro Argentino de Ingenieros (CAI) y la Academia Nacional de Ingeniería (ANI), el país podría generar hasta 131,4 millones de créditos de carbono anuales mediante actividades forestales, agricultura regenerativa y conservación de bosques nativos.

Bajo precios asociados a mecanismos regulados internacionales, esos activos podrían representar ingresos de entre USD 1.400 y USD 3.900 millones anuales, muy por encima de lo que actualmente ofrece el mercado voluntario.

Uno de los ejemplos más avanzados es Misiones. La provincia logró validar 10,9 millones de créditos de carbono bajo estándares internacionales Verra para el período 2017-2022. Según estimaciones debatidas en el Senado, si una parte de esos créditos ingresara al esquema CORSIA, la provincia podría obtener unos USD 42 millones adicionales solo por la diferencia de cotización entre ambos mercados.

Detrás de esa lógica aparece una idea central: dejar de ofrecer gratuitamente al mundo servicios ambientales que podrían convertirse en una nueva fuente de divisas para el país.

• El país podría generar hasta 131,4 millones de créditos de carbono anuales y captar miles de millones de dólares si logra consolidar un marco jurídico federal que le permita competir en mecanismos internacionales como CORSIA y el Artículo 6 del Acuerdo de París

Créditos de carbono y mercado financiero: la nueva apuesta económica verde

El segundo gran eje de la estrategia argentina apunta a integrar los créditos de carbono al mercado de capitales. La intención es que estos instrumentos dejen de funcionar únicamente como certificados ambientales y pasen a convertirse en activos financieros transables.

Eso permitiría utilizarlos como respaldo para bonos verdes, fideicomisos financieros, fondos de inversión o mecanismos de garantía destinados a financiar proyectos de transición energética y descarbonización industrial.

El modelo que impulsa Misiones avanza justamente en esa dirección. La provincia trabaja sobre un esquema de fideicomiso financiero administrado por banca privada, con mecanismos digitales de trazabilidad que permitan garantizar transparencia sobre el destino de los fondos y la distribución de recursos entre propietarios privados, controles ambientales y actores sociales.

La tokenización de activos ambientales también comienza a ganar espacio dentro de la discusión. El objetivo es utilizar tecnología blockchain y herramientas digitales para mejorar liquidez, trazabilidad y acceso al financiamiento climático global.

Según especialistas del sector, el potencial económico de los proyectos de descarbonización en Argentina podría alcanzar los USD 20.000 millones anuales, una cifra equivalente a cerca del 40% de las exportaciones agropecuarias del país.

Sin embargo, el principal desafío sigue siendo institucional. Aunque Argentina cuenta desde 2023 con la Estrategia Nacional de Mercados de Carbono (ENUMeC), el sector privado y los potenciales inversores reclaman reglas más claras, garantías jurídicas y un marco federal que defina la titularidad de los créditos ambientales y elimine las ambigüedades regulatorias.

Por eso el Congreso comenzó a debatir iniciativas como MerCO2AR y distintos proyectos provinciales orientados a consolidar una legislación nacional sobre comercio de emisiones.

En paralelo, el escenario global avanza rápidamente. La demanda internacional de créditos compatibles con CORSIA ya supera ampliamente la oferta disponible. Para la primera etapa del esquema se estiman necesidades por 236 millones de toneladas elegibles, mientras que la oferta actual ronda apenas las 36 millones.

La escasez responde a requisitos cada vez más exigentes: los créditos deben haberse generado después de 2021, contar con autorización estatal y evitar mecanismos de doble contabilidad mediante ajustes oficiales sobre los inventarios nacionales de emisiones.

Ese cuello de botella podría transformarse en una enorme oportunidad para países capaces de generar activos ambientales confiables y certificados bajo estándares internacionales.

Argentina busca ahora ocupar ese lugar antes de que el nuevo mapa global del carbono termine de consolidarse.

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.