Reciclar la ropa usada no será suficiente si antes no se reduce el enorme desperdicio que se genera dentro de las fábricas textiles. Así lo afirma un estudio europeo que puso en duda una de las principales estrategias de economía circular impulsadas en el mundo.
La investigación, realizada por por investigadoras e investigadores de SINTEF y la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU), siguió el recorrido completo de una remera de algodón comercializada en Europa, desde su fabricación en Bangladesh hasta su uso en Noruega, su clasificación en Lituania y su reciclaje mecánico en India.
El resultado de la investigación fue contundente. Bajo las condiciones actuales, apenas el 17% de la fibra de algodón original logra recuperarse y convertirse nuevamente en una prenda.
Por qué el mayor desperdicio ocurre antes de que la ropa llegue a las tiendas
Contrario a la idea de que la principal pérdida ocurre cuando los consumidores tiran la ropa, el estudio determinó que el mayor cuello de botella está en la producción.
Según el análisis, el 44% del algodón se pierde durante los procesos de hilado, tejido, teñido y confección, por lo que una remera terminada representa apenas el 56% de la materia prima que ingresó originalmente al sistema.
¿Reducir residuos en las fábricas tiene mayor impacto?
Los investigadores evaluaron distintos escenarios para mejorar la circularidad del algodón mediante análisis de flujo de materiales y evaluación del ciclo de vida.
La medida con mejores resultados fue reducir los residuos generados durante la fabricación, una estrategia que permitiría disminuir la huella de carbono global en un 10% y recortar entre un 20% y un 25% otros impactos ambientales, como el consumo de agua, la ocupación del suelo y la ecotoxicidad.
Otra alternativa consiste en reciclar los recortes y sobrantes textiles directamente en los países productores. Según el estudio, esta medida elevaría la recuperación de material hasta el 44%, ya que esos residuos conservan fibras más limpias y de mejor calidad que las prendas descartadas tras su uso.
En cambio, aumentar la recolección domiciliaria de ropa usada hasta alcanzar el 90% , objetivo fijado por la Unión Europea, permitiría elevar la recuperación de fibra al 37%, aunque con beneficios ambientales menores que los obtenidos al mejorar la eficiencia en la producción.
El trabajo también señala que descarbonizar la matriz eléctrica de países manufactureros como Bangladesh reduciría el potencial de calentamiento global en alrededor de un 9%.
Llamado de atención para las grandes marcas
Los autores advierten que muchas de las políticas actuales de la Unión Europea, como la Regulación de Ecodiseño para Productos Sostenibles (ESPR), centran los esfuerzos en la recolección y reciclaje de prendas usadas y dejan fuera una parte sustancial del problema.
Según concluyen, centrar las políticas únicamente en el flujo posconsumo implica ignorar cerca de la mitad de los residuos textiles generados por la cadena de producción.
Para alcanzar las metas de economía circular previstas para 2030, el estudio propone que gobiernos, marcas y fabricantes trabajen de manera coordinada.
Entre las principales recomendaciones figuran monitorear de forma obligatoria las pérdidas de material en las fábricas, diseñar prendas que reduzcan los recortes durante el corte de patrones e invertir en infraestructura de reciclaje en los países donde se fabrica la ropa.