Después del éxito del microsatélite Atenea en el marco de la misión Artemis II de la Nasa, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales vuelve a apuntar al espacio con un objetivo estratégico: vigilar el Mar Argentino desde órbita.
El nuevo proyecto se llama Sabia Mar -Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar- y será el primer satélite argentino diseñado específicamente para observar el océano y las costas con instrumentos ópticos de última generación. La misión tiene prevista una ventana de lanzamiento entre abril y diciembre de 2027 y podría convertirse en una herramienta clave para combatir la pesca ilegal, monitorear el impacto ambiental y anticipar fenómenos peligrosos como las mareas rojas tóxicas.
Desarrollado principalmente en Córdoba, Sabia Mar reúne a organismos públicos y privados del sistema científico nacional, entre ellos INVAP, Comisión Nacional de Energía Atómica, Universidad Nacional de La Plata y VENG.
“El lanzamiento del próximo satélite es invaluable: es un desafío tecnológico enorme por el tiempo de desarrollo y las vicisitudes que se presentan”, afirmó Martín Álvarez, jefe del proyecto Sabia Mar y especialista de Conae.
Satélite argentino para combatir la pesca ilegal en el Mar Argentino
Uno de los puntos más sensibles del proyecto será su capacidad para detectar actividad pesquera ilegal durante la noche en la frontera de la Zona Económica Exclusiva Argentina, una región históricamente asediada por flotas extranjeras.
Para eso, Sabia Mar incorporará una cámara especial capaz de detectar luces en plena oscuridad marítima. La tecnología permitirá identificar barcos que operen en zonas sensibles y brindar información en tiempo real a organismos como Prefectura Naval.
“Es muy importante tanto para instituciones y organismos de nuestro país que quieren saber qué está pasando por la noche en esas regiones”, señaló la doctora en física Carolina Tauro, investigadora principal de la misión.
La ventaja diferencial del satélite, según Tauro, será su capacidad de ofrecer una “vista panorámica” permanente del océano, algo imposible de lograr únicamente mediante operativos o mediciones directas en el territorio marítimo.
Cómo funcionará Sabia Mar y qué podrá detectar desde el espacio
El satélite contará con cámaras ópticas altamente sensibles al rango visible del espectro electromagnético. Gracias a eso, podrá detectar mínimas variaciones en el color del agua y medir la concentración de clorofila marina, un indicador fundamental para comprender la salud del ecosistema oceánico.
“Las cámaras ópticas son instrumentos que sirven para medir la clorofila en el mar. Y lo hace con una resolución más alta que tiene cualquier otro satélite. De este modo, se puede tener mejor información”, explicó Álvarez.
La medición de clorofila permitirá detectar tempranamente las llamadas “mareas rojas”, floraciones algales tóxicas capaces de provocar mortandad masiva de fauna marina y generar riesgos letales para las personas que consumen moluscos contaminados.
“Estos eventos consisten en el crecimiento rápido de algas tóxicas que pueden provocar matanzas masivas de ballenas, entre otros mamíferos, además de representar un peligro letal para los seres humanos que consumen moluscos contaminados”, advirtió Tauro.
Además del impacto ambiental, la información recolectada por Sabia Mar será clave para el sector productivo, especialmente para actividades de acuicultura y pesca, ya que permitirá anticipar vedas y prevenir riesgos sanitarios.
El satélite pesa 532 kilos, medirá dos metros de altura y desplegará paneles solares de hasta nueve metros abiertos. Orbitará la Tierra cada 98 minutos y tendrá una vida útil estimada de cinco años.
Actualmente, el proyecto se encuentra integrado en un 95%. Según detalló Álvarez, en los próximos meses se definirá su configuración final de vuelo y comenzará la campaña ambiental que someterá al satélite a condiciones extremas similares a las del lanzamiento.
“Argentina ya tiene varios satélites en sus espaldas. Conae realizó siete y hay dos que están en órbita: Saocom A1 y B2”, recordó el ingeniero.
En el sector científico, sin embargo, existe una preocupación latente: que nuevas restricciones presupuestarias puedan afectar uno de los desarrollos tecnológicos más importantes de la Argentina en materia espacial y ambiental.