Científicos monitorean la calidad del aire que se respira en Neuquén en plena expansión de Vaca Muerta
Una científica y su hijo ingeniero desarrollaron una red de estaciones de bajo costo para monitorear la calidad del aire en Neuquén.
Hasta hace relativamente poco tiempo, en la agenda informativa, el interés por el clima se reducía a una sección de servicio, el pronóstico para tomar previsiones cotidianas. La defensa del medioambiente, la búsqueda de mejor calidad de vida, la mayor frecuencia de fenómenos naturales extremos, la conciencia del impacto de toda actividad humana en la Tierra, la percepción de los alcances del calentamiento global y el cambio climático, entre otros procesos, revalorizaron el papel de las ciencias de la atmósfera y su investigación aplicada. En ese campo trabaja Marisa Cogliati, directora científica de Clean Air Data y directora del laboratorio de Climatología y Calidad del aire (ClimAirLab) de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) con asiento en la ciudad de Neuquén. Y lo hace desde un conglomerado urbano en crecimiento acelerado, con alta tasa de inmigración interna y aumento creciente del transporte vinculado mayoritariamente a la actividad hidrocarburífera de Vaca Muerta.
Con colaboradores, lleva adelante un proyecto que es investigación en terreno y, a la vez, un servicio a la comunidad local: el monitoreo de la calidad del aire con tres estaciones propias colocadas en el ejido de la capital provincial, cuyos datos se publican y acceden en tiempo real.

El año pasado tomó forma la red de estaciones de calidad de aire que miden las partículas en suspensión, de manera similar al proyecto de monitoreo ambiental en Córdoba desarrollado recientemente.
. Con recursos del programa Equipar Ciencia 2, el laboratorio compró una estación móvil (Vaisala Air Qualivty Transmitter AQT560). Tras analizar el precio y los vericuetos de la importación, Marisa impulsó a la creatividad local para el diseño de estaciones propias.
De la ciencia aplicada a la pyme: tecnología e innovación local
Matías Maestú (27 años) es ingeniero industrial y diseñador de las estaciones que requería el proyecto de Marisa quien, además, es su madre. Diseñó en 3D las estaciones de bajo costo que están operativas, homologadas y siempre en proceso de revisión. Montó Laboratorio de Soluciones (LDS estudio 3D) que ofrece esas estaciones a particulares.

Con el mismo espíritu pyme Marisa armó Clean Air Data, un espacio privado de investigación aplicada a la que acuden instituciones y empresas para monitorear emisiones en la atmósfera. A partir de febrero, Clean emite informes mensuales que contribuyen a analizar la experiencia cotidiana con los fenómenos ambientales a escala local, un insumo de pedagogía popular, podría decirse.
Por ahora, esta red identifica los elementos presentes en la atmósfera pero no las fuentes de emisión.
ClimAirLab se sumó a la Vigilancia Atmosférica Global (VAG), programa internacional de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) creado en 1989, que coordina la observación y el análisis de la composición química y física de la atmósfera. Busca entender y monitorear los cambios atmosféricos a escala global y regional, con énfasis en los gases de efecto invernadero, aerosoles y contaminantes que afectan al clima, la calidad del aire y la salud humana.
El equipo que lidera Marisa lo hace en Neuquén, la ciudad con mayor población de toda la provincia del mismo nombre que opera como núcleo urbano de otras ciudades vecinas entre las que también se encuentra Cipolleti, en territorio de Río Negro. Tiene una población estable estimada entre 350 y 380.000 personas, cifra que se actualiza constantemente con los datos de cambios de domicilio que siguen tanto el gobierno municipal como el provincial.
Monitoreo ambiental en Neuquén: el impacto de Vaca Muerta y el tráfico urbano
El parque automotor y el tránsito vehicular son otros datos clave al momento de establecer los emisores de elementos contaminantes. El sitio oficial de tráfico de Neuquén informa que son 237.500 vehículos circulando por el ejido municipal en días pico, número que creció cerca de un 3% respecto al año pasado. El registro oficial da cuenta de cerca de 16.000 unidades diarias de ingreso por uno de los puentes que une Neuquén con Cipolleti, buena parte de las cuales deben corresponder al tránsito pesado de la industria de servicios a la explotación de hidrocarburos, incluyendo los polémicos camiones con arenas silíceas (para el fracking) que son nocivas para la salud. Por otra parte, los horarios pico de circulación se registran entre las 7 y las 8, y las 17 y las 18, lo que tiene su correlato en la lectura de la red de monitoreo.

En colaboración con Daniel González, Marisa analizó el tráfico vehicular en las inmediaciones de la ruta provincial 7 entre las ciudades de Neuquén y Centenario, y su efecto sobre la calidad del aire para el período 2005-2009. Se calcularon los niveles de concentración de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y dióxido de azufre, a partir de datos periódicos de flujo vehicular considerando velocidades promedio por sectores, características de los vehículos en circulación y datos meteorológicos para un periodo de cinco años, previo al inicio de la explotación del área geológica Vaca Muerta con la técnica del fracking. En los casos analizados dentro del área de estudio las concentraciones críticas no superaron los límites establecidos por la legislación nacional argentina ni la internacional vigente. Los resultados describen el impacto sobre receptores cercanos a la ruta en áreas que comprenden un parque industrial y un área de producción frutícola. La vía analizada superó los 14 000 vehículos por día durante el año 2007. En un periodo de cinco años, el incremento del tráfico diario ascendió a 12%, sintetiza el trabajo publicado en 2016. Hoy, por esa misma ruta ingresan a Neuquén 32.500 vehículos diarios, siempre según la página oficial del municipio.
En general, la calidad del aire todavía es buena, de acuerdo a los registros del laboratorio. Colaboran mucho los vientos predominantes en la zona para dispersar las emisiones contaminantes. Aunque los sensores dan cuenta del impacto de las concentraciones humanas cuando se realizan recitales en un estadio cercano, los asados de los mediodías de domingo en verano, las plumas de los incendios forestales que llegan de puntos más lejanos y algún siniestro en infraestructura, entre otros casos.
Ante el crecimiento y expansión urbana en un nodo clave para la industria y los servicios de los hidrocarburos, la documentación sistemática del comportamiento del aire que se respira aparece como un insumo clave para la vida y la gestión del territorio.















