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Bajo la lupa

Acuerdo UE–Mercosur: las nuevas reglas ambientales que deberá cumplir Argentina para exportar a Europa

Cuando el convenio comercial entre ambos bloques se active, los productores locales tendrán que adaptarse a una gran cantidad de requisitos y estándares de calidad vinculados con la llamada “economía verde” del Viejo Continente.

Acuerdo UE–Mercosur: las nuevas reglas ambientales que deberá cumplir Argentina para exportar a Europa

El envío del acuerdo entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur al Parlamento, y su reciente derivación al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), ha generado un punto de inflexión crítico que cambia los tiempos de implementación del convenio entre ambos bloques económicos.

El impacto más inmediato es una parálisis temporal de las consecuencias que el convenio generará, por ejemplo, en varios sectores productivos y de servicios de la Argentina que pueden ser beneficiados por esta decisión.

Acuerdo UE–Mercosur: las nuevas reglas ambientales que deberá cumplir Argentina para exportar a Europa

Ocurre que, al enviar el texto al TJUE para evaluar si el acuerdo respeta los tratados de la UE y su autonomía regulatoria, el proceso de ratificación parlamentaria se detiene y se prevé que la justicia europea pueda tardar entre 18 y 24 meses en emitir un dictamen.

Esto hace que la operatividad del convenio, que se esperaba al menos parcialmente para mediados de 2026, ingrese en un «limbo institucional» hasta por lo menos el año próximo o el 2028.

El núcleo del conflicto en el Parlamento Europeo radica en si el acuerdo es «exclusivo de la UE» o «mixto» ya que si se trata de la primera característica, sólo necesita la aprobación del Parlamento Europeo y el Consejo.

Pero si es mixto, requiere la ratificación individual de los parlamentos nacionales de los 27 miembros de la UE, lo que daría a países como Francia o Austria poder de veto absoluto. El envío a la justicia busca dirimir esta competencia.

Para los países miembros del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), esta demora tiene consecuencias directas como un período de incertidumbre exportadora en sectores clave como la agroindustria (carne, soja, cítricos), que deberán esperar años adicionales para acceder a las rebajas arancelarias prometidas.

Aperturas exigentes para los productos argentinos

En el caso local y a pesar del freno en Europa, el Congreso tiene previsto tratar el acuerdo en sesiones extraordinarias en febrero próximo para mostrar el compromiso asumido por el país con este convenio.

Pero más allá de la demora en los plazos para la puesta en marcha de este acuerdo firmado el 17 de enero pasado, el cambio para las exportaciones argentinas será profundo.

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El Congreso tiene previsto tratar el acuerdo en sesiones extraordinarias en febrero.

Esto significa que los productores argentinos se preparan para un escenario de mayor apertura pero, fundamentalmente, de mayores exigencias técnicas y ambientales.

Es decir, deberán alinearse con estándares más estrictos para aprovechar la eliminación de aranceles.

No se trata solo de competitividad en precio, sino de un cumplimiento riguroso de normas técnicas, sanitarias y, especialmente, ambientales.

El acuerdo no solo implica una reducción de aranceles (que llegará al 0% para el 84% de los productos agrícolas), sino que establece una nueva «hoja de ruta» de estándares que Argentina debe cumplir para mantener y expandir su presencia en el viejo continente.

Para que un producto argentino sea considerado «originario» y no pague aranceles (arancel 0% para el 84% de las exportaciones agrícolas), debe cumplir con un fuerte transformación.

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El acuerdo no solo implica una reducción de aranceles sino que establece una nueva «hoja de ruta» de estándares que Argentina debe cumplir para mantener y expandir su presencia en el viejo continente.

No basta con un simple ensamblaje o empaque sino que debe haber sido fabricado o haber sufrido un cambio de posición arancelaria en Argentina.

Esto significa que Argentina podrá usar insumos de otros países del Mercosur o de la propia UE y seguir considerando el producto final como originario.

Cumplir con estándares técnicos

Del mismo modo, se deberán respetar varias normas vinculadas con la propiedad intelectual y con indicaciones geográficas(IG) europeas.

Es decir, ciertos nombres de productos argentinos podrían tener que cambiar si entran en conflicto con denominaciones protegidas en Europa (ej. nombres de quesos o vinos específicos), a menos que se hayan negociado excepciones de uso previo.

Si bien el acuerdo elimina aranceles para el 92% de las ventas al exterior del Mercosur, el ingreso al mercado europeo no es automático y requiere el cumplimiento de estándares técnicos, sanitarios y ambientales muy estrictos.

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Se deberán respetar varias normas vinculadas con la propiedad intelectual y con indicaciones geográficas(IG) europeas.

Por caso, el sector agroindustrial y de alimentos será el que reciba los mayores beneficios pero también las mayores exigencias de calidad

En la ganadería perfilan el acuerdo como “histórico”, gracias a la eliminación gradual de aranceles y la ampliación de cuotas de exportación.

Entienden que la apertura permitirá que los cortes de carne de alta calidad lleguen de manera más competitiva al mercado europeo, impulsando la producción nacional y consolidando a la Argentina como un proveedor estratégico de alimentos premium en un contexto de alta demanda internacional.

Pero advierten que no se trata sólo de una mejora en las ventas externas, sino que también exige el cumplimiento de estrictos estándares de sostenibilidad y trazabilidad exigidos por Europa.

Los productores locales ya están adaptando sus procesos para garantizar que la carne provenga de zonas libres de deforestación, lo que posiciona al campo argentino a la vanguardia tecnológica y ambiental, atrayendo nuevas inversiones para modernizar toda la cadena de valor cárnica.

Derecho de “precaución”

Se tendrá que cumplir una importante serie de normas sanitarias y fitosanitarias (MSF) como garantizar la ausencia de plagas y enfermedades.

Esto se debe a que, aunque el acuerdo busca evitar medidas «arbitrarias», la UE mantiene su derecho a aplicar el principio de precaución ante riesgos de salud.

En el caso de la carne vacuna, la Cuota Hilton (carne de alta calidad) pasa a tener un 0% de arancel inmediato, pero quienes la exportan deberán cumplir con un mecanismo de trazabilidad total del ganado (identificación individual desde el nacimiento hasta el faenamiento).

En el caso de la carne vacuna, la Cuota Hilton pasa a tener un 0% de arancel inmediato.

En frutas y cítricos se eliminan aranceles (que eran de hasta el 17%) para limones, naranjas y peras, pero habrá que tener en cuenta un requisito clave como es el cumplimiento de los llamados Límites Máximos de Residuos (LMR) de plaguicidas, que en la UE son mucho más restrictivos que en otras regiones.

En el área de los combustibles como el biodiesel, el arancel del 6,5% bajará a 0% en un plazo de 10 años, pero los productores deben certificar que la soja utilizada no proviene de tierras deforestadas.

En servicios y economía del conocimiento, Argentina gana acceso preferencial aunque se debe cumplir un requisito principal como es la convergencia regulatoria en protección de datos personales para que la transferencia de información entre empresas argentinas y europeas sea legal y segura según el estándar GDPR de la UE.

Pacto «Verde»

Más allá de estos estándares de cumplimiento sectoriales, existen una gran cantidad de requisitos ambientales que son el “pilar” de la sostenibilidad para la UE, que los productos argentinos deberán empezar a tener en cuenta y a cumplir si pretenden comerciar el bloque del Viejo Continente.

Esto se debe a que el mercado europeo ha integrado su Pacto Verde (Green Deal) dentro de las reglas del juego, lo cual implica que no basta con que el producto sea bueno, sino que debe demostrar que no daña el planeta.

Cuando el convenio comercial entre ambos bloques se active, los productores locales tendrán que adaptarse a una gran cantidad de requisitos y estándares de calidad vinculados con la llamada “economía verde” del Viejo Continente.

Un ítem de este pacto lo marca el “Reglamento de Deforestación (EUDR)”, considerado el requisito más crítico para la soja y la carne vacuna.

Se trata del pilar más restrictivo y novedoso para el acceso al mercado europeo, ya que a partir de 2026, productos como la carne, soja, madera y cuero deben demostrar que no provienen de tierras deforestadas después de diciembre de 2020.

Además, los exportadores deben proveer las coordenadas exactas de las parcelas de producción.

Y, aunque todavía es gradual, se valoran los productos con menor emisión de gases de efecto invernadero o aquellos con certificación de «Carbono Neutro».

El requisito se refiere al “Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM)”, que aunque comenzó con sectores industriales pesados, la UE exige cada vez más la medición de la huella de carbono en el transporte y producción de bienes agroindustriales.

A esto se le suma la “Trazabilidad Completa”, que se vincula con el requerimiento del uso de plataformas como VISEC (en Argentina) para garantizar que cada grano de soja o corte de carne pueda ser rastreado desde el campo hasta el puerto.

Certificaciones orgánicas

Además, Europa mantiene una política de «tolerancia mínima» hacia ciertos químicos y aditivos.

El bloque ha reforzado los controles sobre el uso de herbicidas y pesticidas (como el glifosato o fungicidas específicos) que están prohibidos en suelo europeo.

, Europa mantiene una política de «tolerancia mínima» hacia ciertos químicos y aditivos.

Además, para la carne argentina, la UE exige certificar que no se han utilizado hormonas de crecimiento y que el uso de antibióticos cumple con estándares terapéuticos estrictos, no de engorde.

También se marca la necesidad de contar con certificaciones orgánicas, a partir de la existencia de un creciente mercado para productos con sellos de producción orgánica o agroecológica, que gozan de mayores facilidades de entrada.

El capítulo de «Desarrollo Sostenible» del acuerdo también incluye cláusulas que pueden cerrar mercados si se detectan irregularidades:

  1. Trabajo Registrado: Cumplimiento de las normas de la OIT (Organización Internacional del Trabajo).
  2. Prohibición de Trabajo Infantil y Forzoso: Especialmente vigilado en economías regionales (frutas, tabaco, algodón).
  3. Seguridad Alimentaria: Los productos deben cumplir con los Límites Máximos de Residuos (LMR) de pesticidas y medicamentos veterinarios permitidos en Europa.
  4. Bienestar Animal: Se exige el cumplimiento de normas de bienestar durante la cría, transporte y sacrificio, especialmente para carnes rojas.
  5. Habilitación de Establecimientos: Solo las plantas procesadoras auditadas y autorizadas por los organismos europeos podrán exportar. Se espera una agilización en las inspecciones mediante el reconocimiento de controles equivalentes.

Fecha de publicación: 27/01, 4:19 pm