En la era de la hiperconectividad, la privacidad parece ser una moneda de cambio necesaria para acceder a servicios «gratuitos». Sin embargo, detrás del uso cotidiano de aplicaciones y redes sociales, gigantes como Meta y Google lideran un complejo entramado de vigilancia digital y recolección de datos que alimenta un mercado millonario, donde nuestra geolocalización, gustos y hábitos son el activo más valioso.