Mientras Amazon presenta a la Inteligencia Artificial como la solución definitiva a la crisis climática, sus operaciones revelan una realidad opuesta. La voracidad energética de sus centros de datos está disparando las emisiones y forzando la reapertura de plantas de carbón. Detrás de la «nube», se esconde un consumo de recursos que pone en jaque los objetivos ambientales globales.