La dopamina, el neurotransmisor del placer y la motivación, se ha convertido en la moneda de cambio de la industria tecnológica. En un mundo diseñado para ofrecer recompensas inmediatas a través de notificaciones y «likes», nuestro cerebro se enfrenta a un estado de estimulación constante que, paradójicamente, nos está volviendo más ansiosos, menos enfocados y profundamente insatisfechos con las experiencias fuera de la pantalla.