Cada vez que pagamos un café, hacemos una compra en el supermercado o retiramos dinero de un cajero automático, recibimos un pequeño papel que suele terminar en el bolsillo, la cartera o directamente en la basura.
Parece un residuo insignificante. Sin embargo, detrás de ese simple ticket existe una historia mucho más compleja: está fabricado con papel térmico que contiene compuestos químicos capaces de ingresar al organismo a través de la piel y que, además, dificultan el reciclado del papel.
El principal protagonista es el Bisfenol A (BPA), una sustancia utilizada durante décadas como revelador de color en los papeles térmicos. Cuando el cabezal caliente de la impresora entra en contacto con el papel, el BPA reacciona con otros compuestos y aparecen las letras negras. Es decir, los tickets no utilizan tinta: el color surge por una reacción química.
Aunque el BPA también estuvo presente durante años en envases de alimentos y bebidas que luego fueron prohibidas, como las mamaderas, los especialistas advierten que el papel térmico representa otra vía de exposición cotidiana que suele pasar desapercibida.
Cómo los tickets dañan tu salud
“El BPA tiene la capacidad de actuar como una hormona. Puede mimetizar la acción hormonal normal del organismo y generar distintos efectos sobre la salud”, explica a Economía Sustentable Analía Ferloni, médica epidemióloga del Hospital Italiano de Buenos Aires, integrante del Programa de Investigación en Salud Ambiental.
La especialista señala que el problema no se limita a los envases plásticos. “El papel térmico contiene BPA esté o no impreso. Es una fuente de exposición que muchas veces no se tiene en cuenta”, afirma.
Según explica, el compuesto puede ingresar al organismo por distintas vías. En el caso de los envases plásticos, la migración aumenta cuando los recipientes se calientan. En los tickets, en cambio, la absorción puede producirse directamente por contacto con la piel.
Los estudios científicos vinculan la exposición al BPA con alteraciones del sistema reproductivo, problemas de fertilidad, enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, neurotoxicidad, endometriosis y distintos tumores relacionados con el sistema endocrino.
Un estudio argentino encontró niveles preocupantes
En Argentina, el Hospital Italiano realizó una de las investigaciones más importantes sobre exposición al BPA. El trabajo detectó la presencia de bisfenol A en el 90% de las muestras de orina de mujeres embarazadas analizadas en un hospital de la Ciudad de Buenos Aires.
“Encontramos BPA en nueve de cada diez embarazadas estudiadas, lo que demuestra la enorme exposición cotidiana a esta sustancia”, señala Ferloni.
La médica agrega otro dato que resulta aún más preocupante. “Existe un estudio realizado en Argentina que mostró que los tickets utilizados en nuestro país contienen concentraciones de BPA hasta 90 veces superiores a las permitidas actualmente en Europa”.
Las cajeras son uno de los grupos más expuestos
La exposición no es igual para toda la población. Especialistas señalan que quienes trabajan durante horas manipulando comprobantes térmicos constituyen uno de los grupos con mayor riesgo.
“El Bisfenol A y sus variantes llegan al organismo principalmente por los alimentos y el agua, pero también atraviesan la piel”, explica a Economía Sustentable la médica mexicana Jimena Ayala, especialista en salud ambiental e integrante de Acción Ecológica México.
“Las personas que trabajan en cajas registradoras están mucho más expuestas porque manipulan cientos de tickets por día. En muchos casos son mujeres, lo que aumenta la preocupación debido a los efectos que estos compuestos tienen sobre el sistema hormonal y reproductivo.”
Ayala recuerda que el BPA pertenece al grupo de los llamados disruptores endocrinos, sustancias capaces de interferir con el funcionamiento normal de las hormonas. “Se parecen químicamente a hormonas como los estrógenos, la testosterona o el cortisol, por eso pueden alterar múltiples procesos del organismo.”
Europa ya empezó a prohibirlos
Mientras la evidencia científica fue creciendo, Europa endureció su regulación. En 2017, la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) clasificó al BPA como una Sustancia Extremadamente Preocupante por sus efectos sobre la reproducción y por su acción como disruptor endocrino.
Luego, el Reglamento (UE) 2016/2235 prohibió desde enero de 2020 la comercialización de papeles térmicos que contengan concentraciones iguales o superiores al 0,02% de BPA.
Más recientemente, en 2023, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) revisó más de 800 investigaciones científicas y concluyó que incluso dosis extremadamente bajas pueden afectar el sistema inmunológico, reduciendo aún más los límites considerados seguros.
El problema de cambiar una molécula
Sin embargo, la solución no resultó tan sencilla. Según Ayala, muchas empresas comenzaron a reemplazar el BPA por Bisfenol S (BPS). Pero la comunidad científica ya advirtió que este compuesto podría presentar efectos muy similares.
“La industria suele cambiar una molécula y presentar el producto como si fuera más seguro, pero muchas veces seguimos hablando de sustancias con efectos tóxicos muy parecidos”, advierte Ayala.
La propia Agencia Europea de Sustancias Químicas alertó que el reemplazo masivo por BPS genera preocupación porque existen evidencias de que comparte muchos de los efectos adversos del BPA.
¿Y qué pasa en Argentina?
En Argentina la regulación continúa siendo muy limitada. La única restricción vigente prohíbe desde 2012 la fabricación e importación de biberones con BPA, pero no existen normas que limiten su utilización en papeles térmicos ni en la mayoría de los envases de alimentos. Mientras tanto, millones de tickets siguen entregándose todos los días.
Los tickets, un residuo que tampoco debería reciclarse
Los tickets térmicos no deberían mezclarse con el papel destinado al reciclaje porque los bisfenoles pueden contaminar el nuevo papel reciclado, incorporando estas sustancias a cuadernos, cajas o servilletas fabricadas con fibra recuperada.
Por eso, especialistas recomiendan descartarlos junto con los residuos comunes y avanzar hacia alternativas que ya comienzan a expandirse en distintos países.
“La solución existe”, resume Ayala y suma: “Los comprobantes pueden imprimirse en papel común o, directamente, transformarse en tickets digitales“.
¿Cómo reducir la exposición?
- Pedir ticket digital cuando sea posible.
- No guardar tickets en la billetera durante semanas.
- Evitar que los manipulen niños.
- Lavarse las manos después de manipular grandes cantidades.
- No reciclarlos junto al papel.
- Comercios y bancos podrían migrar progresivamente a comprobantes electrónicos.