Las autoridades provinciales y municipales lanzaron una firme intimación contra las plantas harineras de pescado que operan en el Puerto de Mar del Plata tras comprobarse que las empresas incumplieron los planes de inversión tecnológica que habían prometido. La medida exige la paralización inmediata de los vuelcos contaminantes y la presentación urgente de un cronograma de obras físicas para la instalación de filtros y lavadores de gases de última generación. De no mediar respuestas en el corto plazo, los organismos reguladores advirtieron que se procederá a la clausura definitiva de los establecimientos industriales.
La resolución oficial llega como respuesta directa al recrudecimiento de un conflicto vecinal y comercial que ya lleva meses escalando en la agenda pública de la ciudad atlántica. Los residentes de los barrios periféricos al complejo portuario denuncian que la falta de controles estatales permitió que las firmas operen de manera negligente, afectando la calidad del aire y del agua de la costa. El objetivo central de la intimación es obligar a las corporaciones pesqueras a reconvertir sus procesos productivos hacia estándares sustentables, terminando con una impunidad ambiental histórica en la región.
Un calvario diario: “Así no se puede vivir ni trabajar”
La disrupción de este conflicto radica en el impacto socioeconómico directo que genera el funcionamiento de las plantas sobre el centro comercial portuario. Los comerciantes de la zona gastronómica y los operadores turísticos de Mar del Plata denuncian un “calvario diario” debido al insoportable olor a materia orgánica en descomposición que inunda las calles durante las horas de procesamiento de la harina. Este ambiente fétido espanta de manera sistemática a los comensales y visitantes, destruyendo el valor inmobiliario de las propiedades y condicionando la supervivencia de decenas de locales comerciales tradicionales.
“Nos envenenan el mar y el aire”: el impacto ambiental real
Más allá del malestar por el olor, las peritajes y denuncias técnicas presentadas ante la justicia civil revelan un panorama mucho más severo para la salud pública. Los procesos de secado de los desechos de pescado liberan a la atmósfera gases con altos contenidos de amoníaco y compuestos azufrados, los cuales provocan irritación en las vías respiratorias y náuseas crónicas en la población infantil de la zona. Asimismo, se detectaron vuelcos clandestinos de efluentes líquidos sin tratamiento directo en las aguas internas del Puerto, acelerando la degradación del ecosistema marino y violando las normativas básicas de la economía circular.
El fracaso de las promesas corporativas y la exigencia de soluciones
El factor determinante que agotó la paciencia de las autoridades y de las asambleas vecinales fue el vencimiento de los plazos de gracia otorgados a las firmas en el acuerdo firmado el año pasado. Las harineras se habían comprometido a techar por completo las áreas de descarga de materia prima y a montar sistemas de condensación de vapores para mitigar el impacto ambiental, pero las inspecciones oculares demostraron que las obras nunca se iniciaron. Tras la validación del incumplimiento, los colectivos ambientales exigen que no se otorguen nuevas prórrogas y que se apliquen sanciones económicas ejemplares que fuercen la reconversión real del sector.