Luján cerró el mayor basural a cielo abierto del país tras más de 50 años de contaminación

Después de más de medio siglo de funcionamiento, el municipio de Luján cerró de manera definitiva el basural a cielo abierto ubicado sobre la Ruta 192, camino a Open Door, considerado el mayor de la Argentina. El anuncio fue realizado por el intendente Leonardo Boto, quien confirmó que desde el 1° de julio la totalidad de los residuos domiciliarios será derivada al CEAMSE para su disposición final.

El cierre representa un cambio significativo en la gestión de los residuos urbanos, pero también pone en evidencia el costo ambiental de haber mantenido durante más de 50 años un sistema de disposición final a cielo abierto, con impactos sobre el aire, el suelo y la calidad de vida de las comunidades cercanas.

“La medida fue posible gracias a una reorganización operativa que permite que el 100% de los residuos domiciliarios sean trasladados de forma directa a CEAMSE para su disposición final”, expresó Boto.

El plan oficial contempla el cierre operativo del predio, el control de los accesos y la vigilancia perimetral para impedir el ingreso de nuevos residuos. Según el Municipio, estas medidas permitirán reducir progresivamente problemas históricos como la emisión de humos, los malos olores y otros impactos ambientales asociados al funcionamiento del basural.

El cierre del basural de Luján abre el desafío de la remediación ambiental

El cese de las operaciones constituye apenas el primer paso de un proceso que demandará años de trabajo. Si bien dejar de recibir residuos evita que el pasivo ambiental continúe creciendo, el terreno conserva décadas de acumulación de basura cuyos efectos sobre el ambiente deberán ser evaluados y abordados mediante tareas de remediación y monitoreo.

Los basurales a cielo abierto generan contaminación del suelo y de las aguas subterráneas por la producción de lixiviados, además de emisiones de gases producto de la descomposición de los residuos y frecuentes focos de incendio. Por ese motivo, especialistas consideran que el cierre de estos sitios debe ir acompañado de planes de recuperación ambiental que permitan reducir los riesgos para la población y el ecosistema.

La decisión de clausurar el predio también refleja la necesidad de avanzar hacia sistemas de gestión de residuos más sostenibles, con mayor separación en origen, recuperación de materiales reciclables y reducción del volumen destinado a disposición final.

Qué pasará con los recicladores y el nuevo sistema de gestión de residuos

Además del aspecto ambiental, el cierre del basural implica un fuerte desafío social. Según informó el Municipio, alrededor de 220 recicladores informales desarrollaban su actividad en el predio y ahora serán incorporados a un proceso de capacitación e integración dentro de un esquema cooperativo vinculado al fortalecimiento del Centro de Reciclaje Manuel Belgrano.

La administración local también anunció que buscará ampliar la separación domiciliaria de residuos, fortalecer la recolección diferenciada, incrementar la cantidad de puntos verdes y desarrollar nuevas acciones de educación ambiental para reducir la cantidad de desechos que llegan al sistema de disposición final.

Aunque el cierre del mayor basural a cielo abierto de la Argentina representa un avance largamente esperado, también deja al descubierto una realidad difícil de ignorar: durante más de cinco décadas miles de toneladas de residuos fueron depositadas sin un tratamiento adecuado. La clausura del predio pone fin a esa práctica, pero abre una nueva etapa en la que la recuperación ambiental del lugar y la consolidación de un sistema de reciclado eficiente serán determinantes para que el cambio resulte verdaderamente sostenible.

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.