Durante años, la industria alimenticia encontró una fórmula perfecta para conquistar consumidores: vender productos con apariencia saludable aunque su composición nutricional estuviera lejos de serlo. Envases verdes, frases como “0%”, “light”, “integral”, “natural” o “fit” y campañas vinculadas al deporte o el bienestar ayudaron a instalar la idea de que ciertos alimentos eran opciones más sanas. Pero la llegada del etiquetado frontal en Argentina empezó a mostrar otra realidad.
Hoy, en supermercados y kioscos del país, productos de marcas masivas como Ser, Yogurísimo, Activia, Hileret, Granix, Frutigran, Arcor, Bagley, Quaker o incluso versiones “light” de quesos untables y yogures aparecen con octógonos negros que advierten sobre exceso de azúcares, sodio, grasas o calorías.
La Ley de Etiquetado Frontal obliga a informar de manera visible cuándo un alimento supera los límites definidos para nutrientes críticos como azúcares, grasas y sodio.
El fenómeno generó sorpresa entre muchos consumidores, especialmente porque varios de los productos históricamente promocionados como saludables comenzaron a exhibir los mismos sellos que snacks, gaseosas o golosinas.
Productos light y saludables engañosos: qué esconden las etiquetas “fit”
Uno de los puntos más cuestionados por especialistas en nutrición es el uso de términos ambiguos que inducen a pensar que un producto es saludable aunque siga siendo ultraprocesado.
Por ejemplo, un alimento “light” no necesariamente significa bajo en azúcar o saludable: muchas veces solo implica una reducción parcial respecto de la versión original. En algunos casos, al reducir grasas se incrementa el contenido de azúcar, sodio o aditivos para compensar sabor y textura.
En redes sociales y foros de consumidores aparecieron múltiples discusiones alrededor de este fenómeno. De hecho, la propia normativa argentina prohíbe utilizar elementos visuales o mensajes que puedan inducir a error sobre las verdaderas características nutricionales del producto. También limita el uso de personajes infantiles, celebridades o frases asociadas a beneficios para la salud en productos con sellos de advertencia.
Aun así, el negocio de los alimentos “fit” continúa creciendo impulsado por el auge del consumo saludable, las dietas rápidas y las redes sociales.
Etiquetado frontal en Argentina: cómo cambió la percepción de los alimentos ultraprocesados
La implementación de los octógonos negros también dejó al descubierto otro problema: una gran cantidad de productos no cumplía correctamente con las normas de etiquetado.
Según un monitoreo realizado por FIC Argentina, cuatro de cada diez productos relevados en supermercados presentaban incumplimientos relacionados con la ley de etiquetado frontal.
El objetivo de la normativa es advertir de forma clara cuando un alimento tiene exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales o calorías. Además, busca desalentar estrategias de marketing que presenten como saludables productos que no lo son.
Sin embargo, la discusión sigue abierta. Mientras organizaciones de salud sostienen que los sellos permiten transparentar información que antes estaba escondida detrás de campañas publicitarias, sectores de la industria alimenticia cuestionan los criterios utilizados y aseguran que muchos productos quedan injustamente señalados.
En el fondo, el debate excede a los octógonos negros. Lo que empieza a discutirse es cómo la industria alimentaria construyó durante años una idea de “comida saludable” basada más en estrategias de marketing que en calidad nutricional real.
Porque detrás de muchas etiquetas “fit”, “natural” o “light”, lo que sigue existiendo es un negocio multimillonario de productos ultraprocesados diseñados para parecer saludables mientras continúan formando parte de una dieta que especialistas vinculan con obesidad, diabetes y enfermedades crónicas.