La crisis climática se agrava y los países están lejos de reducir las emisiones necesarias

El mundo necesita reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 69% para 2040 si quiere volver a limitar el calentamiento global a 1,5 °C hacia finales de siglo. Sin embargo, las políticas climáticas actuales están lejos de alcanzar esa meta y las previsiones advierten que la temperatura podría aumentar hasta 2,8 °C durante este siglo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió que el margen para contener la crisis climática se reduce rápidamente. En su nuevo informe, The Emissions Gap Report 2026: The Point of Return, el organismo establece los recortes de emisiones necesarios para limitar el sobrecalentamiento y recuperar el objetivo de 1,5 °C para finales de siglo, incluso si antes se supera ese umbral.

El PNUMA advierte que las emisiones globales deben reducirse un 69% para 2040

El escenario analizado contempla que la temperatura global alcance un máximo de entre 1,7 y 1,8 °C por encima de los niveles preindustriales a mediados de siglo y vuelva a situarse en 1,5 °C o menos para 2100. La probabilidad estimada de lograrlo es de alrededor del 50%, pero requiere una reducción de emisiones mucho más rápida y profunda que la prevista por los compromisos climáticos actuales.

Las cifras muestran la distancia entre los objetivos y las medidas adoptadas. Para volver a una trayectoria compatible con el límite de 1,5 °C, las emisiones mundiales deberían caer un 18% para 2030, un 45% para 2035 y un 69% para 2040, en todos los casos respecto de los niveles de 2025.

En cambio, incluso si se cumplieran íntegramente las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), es decir, los compromisos climáticos presentados por los países, las emisiones solo disminuirían entre un 5% y un 8% para 2030 y entre un 11% y un 15% para 2035.

La brecha entre ambos escenarios deja en evidencia que las promesas actuales no alcanzan para evitar un calentamiento más intenso y prolongado. El desafío no consiste únicamente en anunciar nuevos objetivos, sino en acelerar las medidas que permitan reducir las emisiones de manera sostenida.

“El sobrepaso del límite no es una rendición. Aún podemos mantenerlo lo más pequeño y breve posible, y lograr que las temperaturas vuelvan a estar por debajo de 1,5 grados para finales de siglo”, afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres, en un mensaje sobre el informe.

El funcionario insistió en que los recortes deben comenzar de inmediato. Cada año de demora hace más difícil limitar el aumento de la temperatura y eleva los riesgos asociados con los fenómenos climáticos extremos.

Las políticas climáticas actuales llevarían al mundo a un calentamiento de hasta 2,8 °C

El informe advierte que, si se mantienen las políticas vigentes, la temperatura global podría aumentar 2,8 °C durante este siglo. Incluso si los países cumplen todos sus compromisos climáticos actuales, el calentamiento llegaría a 2,6 °C. En el escenario más optimista, que también contempla objetivos adicionales de cero emisiones netas, el aumento sería de 2,1 °C.

Estas previsiones empeoraron respecto del informe anterior, principalmente por la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y la revisión de las estimaciones sobre las emisiones históricas. Los nuevos compromisos presentados por los países tampoco alcanzaron para modificar sustancialmente las proyecciones.

La demora tiene consecuencias concretas. Según el PNUMA, cada cinco años en los que las emisiones de dióxido de carbono se mantengan en los niveles actuales sumarán aproximadamente 0,1 °C al calentamiento máximo previsto.

Las políticas climáticas actuales podrían llevar la temperatura global hasta 2,8 °C

“Cada fracción de grado y cada año adicional de calentamiento por encima de 1,5 °C incrementan los impactos y riesgos climáticos, como las inundaciones mortales, las olas de calor y los incendios forestales que han azotado a muchas naciones este año”, declaró Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.

La magnitud del desafío también se refleja en la necesidad de retirar dióxido de carbono de la atmósfera. Incluso si se logra limitar el sobrecalentamiento al mínimo posible, el escenario requeriría capturar y almacenar de forma permanente alrededor de 320 gigatoneladas de CO2 a lo largo del siglo, un volumen equivalente a unas ocho veces las emisiones mundiales de ese gas registradas en 2024. El organismo advierte que la viabilidad de alcanzar esa escala sigue siendo incierta por las dificultades tecnológicas y socioeconómicas.

Energías renovables y combustibles fósiles entre las prioridades para reducir emisiones

Pese al escenario desfavorable, el PNUMA identifica avances que podrían acelerar la transición energética. Desde la adopción del Acuerdo de París, la capacidad mundial de generación eléctrica renovable creció tres veces más rápido de lo previsto y la instalación de paneles solares fotovoltaicos avanzó a un ritmo siete veces superior al esperado.

El informe sostiene que estas tendencias pueden contribuir a triplicar la capacidad mundial de energía renovable para 2030, siempre que los gobiernos las acompañen con nuevas políticas. También plantea que las medidas que ya demostraron resultados deben extenderse a más países y sectores.

Más de 220 evaluaciones de políticas climáticas respaldan esa posibilidad. Las medidas aplicadas en el sector eléctrico redujeron las emisiones un promedio del 9%, mientras que instrumentos económicos como los impuestos al carbono y los sistemas de comercio de emisiones consiguieron reducciones de entre el 5% y el 13% en los sectores evaluados.

Sin embargo, esos resultados todavía están concentrados en determinadas regiones, actividades y períodos. El desafío es convertir las experiencias exitosas en cambios sostenidos a escala global.

Para avanzar en esa dirección, el PNUMA plantea objetivos concretos para los próximos años. Para 2035, la capacidad de generación eléctrica renovable debería ser al menos tres veces superior a la de 2025 y la intensidad energética de la economía —la energía utilizada en relación con el producto interno bruto— tendría que reducirse un 30%. Para 2040, las metas deberían elevarse a 4,5 veces la capacidad renovable y una reducción del 40% en la intensidad energética.

La transformación también exige reducir la dependencia de los combustibles fósiles. En comparación con 2025, la participación del carbón, el petróleo y el gas en el suministro energético mundial debería disminuir al menos un 55%, un 15% y un 5%, respectivamente, para 2035. Para 2040, los recortes tendrían que alcanzar el 75% para el carbón, el 30% para el petróleo y el 35% para el gas.

En paralelo, la generación eléctrica a partir de carbón debería caer un 75% para 2035 y prácticamente desaparecer a escala mundial para 2040. Las emisiones de metano, otro de los gases que impulsan el calentamiento global, tendrían que reducirse al menos un 25% para 2035 y un 40% para 2040, siempre respecto de los niveles de 2025.

El organismo también reclama acelerar la reducción de la deforestación y la degradación de los bosques, mejorar la eficiencia energética y disminuir las emisiones del transporte y de otras actividades económicas.

Iván Mónaco: Periodista