La contaminación atmosférica y las variaciones de temperatura se asocian con niveles más elevados de glucosa en sangre en personas que no tienen diabetes, según un estudio europeo publicado en la revista científica Environment International.
La investigación analizó datos de 21.259 participantes de nueve cohortes europeas y encontró una relación entre la exposición a partículas contaminantes y los cambios de temperatura y los niveles de hemoglobina glicada (HbA1c), un indicador utilizado para evaluar el promedio de glucosa en sangre durante los últimos dos o tres meses.
El trabajo fue liderado por el Swiss Tropical and Public Health Institute y la Universidad de Basilea, con la participación del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP), de España. Entre los participantes analizados, 5.464 pertenecían al proyecto de genómica GCAT|Genomes for Life, del IGTP.
Qué mostraron los resultados del estudio
Los resultados mostraron que una mayor exposición a partículas PM10, junto con el aumento y la variabilidad de las temperaturas, se asociaba con niveles más elevados de HbA1c. En cambio, los investigadores no identificaron asociaciones consistentes entre la presencia de espacios verdes y este indicador metabólico.
El estudio también encontró que mejorar la calidad del aire podría tener efectos más beneficiosos sobre los niveles de glucosa en un escenario de temperaturas más cálidas, en un contexto de cambio climático. Los autores plantean que la interacción entre la contaminación y el calor debe tenerse en cuenta al evaluar los efectos de las exposiciones ambientales sobre la salud.
“La incorporación de la temperatura dentro de esta aproximación es especialmente relevante en el contexto actual de cambio climático, en el que las exposiciones ambientales no se pueden entender de manera aislada”, explicó Natàlia Blay, investigadora del proyecto GCAT y coautora del estudio.
Qué es la glucemia y cómo afecta a la salud
La glucemia es la concentración de glucosa, un tipo de azúcar que circula por la sangre y constituye una fuente de energía para el organismo. La insulina, una hormona producida por el páncreas, permite que las células utilicen esa glucosa. Cuando el cuerpo no produce suficiente insulina o no logra utilizarla de manera eficaz, los niveles de azúcar en sangre pueden elevarse.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la hiperglucemia -es decir, una concentración elevada de glucosa en sangre- es una consecuencia frecuente de la diabetes no controlada. Si se mantiene durante períodos prolongados, puede dañar distintos órganos y sistemas, en especial los vasos sanguíneos y los nervios.
Entre sus posibles consecuencias se encuentran las enfermedades cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares, la insuficiencia renal, los problemas de visión y las lesiones en los pies que pueden derivar en amputaciones.
Sin embargo, el estudio europeo no afirma que las personas sin diabetes expuestas a la contaminación o a las variaciones de temperatura desarrollen necesariamente la enfermedad. Sus resultados muestran asociaciones entre factores ambientales y un indicador metabólico, pero no demuestran por sí solos una relación causal ni permiten concluir que esas exposiciones provoquen diabetes.
El papel de los factores ambientales en el riesgo metabólico
Los investigadores consideran que los mecanismos detrás de esta relación podrían estar vinculados con procesos de inflamación interna y resistencia a la insulina, que dificultan la regulación de la glucosa en el organismo.
Por su parte, Sílvia Bonàs-Guarch, investigadora de la línea de diabetes tipo 2 de GCAT, destacó la importancia de los resultados para comprender cómo interactúan la genética y el ambiente antes de que aparezca la enfermedad.
La investigadora señaló que estos hallazgos son esenciales para comprender cómo la predisposición genética y los factores ambientales modulan la capacidad secretora de las células beta pancreáticas antes de que se desarrolle la patología.
Los resultados suman evidencia sobre la importancia de analizar conjuntamente la contaminación atmosférica y el cambio climático al estudiar sus posibles efectos sobre la salud.
Para los autores, mejorar la calidad del aire podría contribuir a reducir parte de los efectos metabólicos asociados con las condiciones ambientales, aunque se necesitan más investigaciones para comprender los mecanismos involucrados y determinar el alcance de esa relación.