La historia reciente de Tango Energy combina deuda, salvataje financiero y una apuesta gigantesca por el petróleo no convencional. La compañía, que quedó bajo control de Vista Energy y Trafigura tras la caída en default de Aconcagua Energía, acaba de conseguir tres nuevas áreas de explotación en Vaca Muerta y ya proyecta una producción de hasta 60.000 barriles diarios en los próximos años.
La provincia de Río Negro aprobó concesiones por 35 años para desarrollar las áreas Charco del Palenque, Jarilla Quemada y Entre Lomas, en el sector este de Vaca Muerta. El movimiento representa un giro estratégico para una empresa que heredó una deuda cercana a los US$ 230 millones y que ahora busca reconstruir su perfil financiero apostando a uno de los negocios más rentables -y cuestionados- del país.
El plan piloto comenzará entre 2027 y 2028 con una inversión inicial de US$ 66 millones para perforar cuatro pozos no convencionales. Pero el verdadero objetivo aparece detrás de esa primera etapa: un desembolso que podría alcanzar los US$ 1.000 millones para convertir a Tango Energy en uno de los nuevos jugadores fuertes del shale oil argentino.
El impacto ambiental detrás de los 60.000 barriles diarios
La producción proyectada no solo implica un salto económico para la petrolera, sino también una escala ambiental gigantesca. Producir 60.000 barriles diarios equivale a extraer cerca de 9,5 millones de litros de petróleo por día, una magnitud que expone la intensidad del proyecto que se desarrollará en territorio patagónico.
El impacto también puede medirse en emisiones. Según estimaciones internacionales, cada barril de petróleo consumido genera aproximadamente 0,43 toneladas de dióxido de carbono. Bajo ese parámetro, la operación proyectada podría derivar en unas 25.800 toneladas de CO2 por día una vez refinado y utilizado el combustible.
En términos anuales, la cifra supera los 9 millones de toneladas de emisiones de carbono, un volumen comparable al impacto ambiental de más de dos millones de automóviles funcionando de manera permanente.
Vaca Muerta, deuda financiera y una apuesta de alto riesgo
El desembarco de Tango Energy en nuevas áreas llega después de la reestructuración de Aconcagua Energía, que no logró refinanciar pasivos cercanos a los US$ 230 millones y terminó cediendo el control de la compañía a sus acreedores. Como parte del acuerdo, la deuda fue extendida hasta 2032 y el 93% de la firma quedó en manos de los nuevos accionistas.
Ahora, la petrolera busca aprovechar el contexto exportador y el potencial de Vaca Muerta para recuperar valor financiero. Incluso analiza ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) antes de su vencimiento en 2027, un esquema que otorga beneficios fiscales y cambiarios a proyectos de gran escala.
Mientras el sector energético celebra nuevas inversiones y crecimiento exportador, el avance acelerado de proyectos petroleros profundiza una pregunta incómoda: cuánto costará ambientalmente sostener el boom de los combustibles fósiles en plena crisis climática global.