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Estudio

“Hito para la naturaleza”: el 10% de los océanos está oficialmente protegido

Sin embargo, el 73% de las áreas marinas protegidas está contaminado por aguas residuales.

Un informe de la Naciones Unidas y un estudio de la Wildlife Conservation Society advierten que la protección de los océanos podría fracasar si no se controla la contaminación.

Un informe de la Naciones Unidas y un estudio de la Wildlife Conservation Society revelan que el 73% de las áreas marinas protegidas está contaminado por aguas residuales, poniendo en riesgo su efectividad

A pesar de los avances en la protección de los océanos, los expertos advierten que el desafío ambiental está lejos de resolverse. Según datos de la Naciones Unidas, cerca del 10% de la superficie oceánica ya cuenta con algún tipo de protección oficial, y en los últimos dos años se resguardó un área mayor a la de la Unión Europea.

Sin embargo, el objetivo global acordado en 2022 -proteger el 30% de los océanos y tierras para 2030- aún requiere un esfuerzo monumental: será necesario conservar una superficie equivalente al Océano Índico antes de que finalice la década.

El problema no es solo la cantidad de áreas protegidas, sino su efectividad. Informes recientes muestran que muchas de estas zonas no cuentan con una gestión activa ni una gobernanza equitativa, lo que pone en duda su capacidad real para preservar la biodiversidad marina.

Contaminación en áreas protegidas: un problema creciente

Un estudio de la Wildlife Conservation Society reveló un dato alarmante: el 73% de las áreas marinas protegidas del mundo están contaminadas por aguas residuales. Incluso, los niveles de contaminación dentro de estas zonas pueden ser hasta diez veces superiores a los de aguas no protegidas.

El impacto es especialmente grave en los arrecifes de coral, donde hasta el 92% de las áreas protegidas presentan contaminación. Las aguas residuales transportan nutrientes, patógenos y químicos que dañan ecosistemas clave como los corales y las praderas marinas, afectando también a la fauna costera.

Además, investigaciones previas vinculan esta contaminación con la proliferación de algas nocivas, el deterioro de arrecifes e incluso enfermedades en especies marinas. A nivel humano, el problema también es crítico: el agua contaminada provoca hasta 1,4 millones de muertes al año y pérdidas económicas millonarias.

«Lo que descubrimos fue sorprendente. En una región tras otra, las áreas reservadas para la conservación recibían en realidad más contaminación que las áreas sin ningún tipo de protección», dijo David Carrasco Rivera, autor principal del estudio.

Los expertos advierten que el objetivo global de proteger el 30% de los océanos para 2030 podría fracasar si no se controlan las fuentes de contaminación y se mejora la gestión de estas zonas

Por su parte, Amelia Wenger advirtió: “Incluso un área marina protegida perfectamente gestionada no logrará obtener beneficios para la conservación y para las personas si las aguas residuales siguen fluyendo hacia ella”.

El desafío para 2030: proteger y gestionar mejor

Los especialistas coinciden en que ampliar las áreas protegidas no será suficiente si no se abordan las fuentes de contaminación. Dado que las aguas residuales provienen principalmente de tierra firme, la solución requiere políticas públicas más integrales y una mejor planificación.

«Esto tiene que formar parte de la manera en que los gobiernos planifican y financian la protección de los océanos. En este momento, no es así», concluyó Wenger.

En este contexto, el desafío global no solo pasa por aumentar la superficie protegida, sino por garantizar que estas áreas cumplan su función. De lo contrario, el objetivo de preservar los océanos podría quedar en riesgo frente a una amenaza silenciosa pero cada vez más extendida.

Fecha de publicación: 06/04, 11:30 am