El novedoso método que la UNSAM utiliza para limpiar el río Reconquista

El río Reconquista es el segundo cauce más contaminado del país. A lo largo de sus 82 kilómetros, atraviesa 18 municipios del Gran Buenos Aires y recibe descargas que contienen materia orgánica, efluentes domésticos, hidrocarburos y metales pesados, en un escenario que afecta la biodiversidad y limita la capacidad del ecosistema para sostener vida.

Frente a este problema, investigadores de la Escuela de Hábitat y Sostenibilidad (EHyS) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) trabajan en una alternativa de remediación basada en la naturaleza: humedales artificiales capaces de filtrar contaminantes persistentes y favorecer la recuperación del ecosistema.

La propuesta busca evitar la construcción de grandes plantas de tratamiento en las riberas y, en cambio, distribuir estos sistemas a lo largo de la cuenca. “La idea es que los arroyos que ingresan al río Reconquista pasen por estos humedales, se depuren e ingresen nuevamente al cauce principal”, explica Elsa López Loveira, analista ambiental y directora del proyecto.

“Hacer una planta de tratamiento en la ribera del río es muy difícil. En cambio, instalar humedales a lo largo de la cuenca sería algo más natural y mucho más parecido al ambiente que la rodea”, agrega.

El proyecto reúne a biólogos, biotecnólogos, analistas e ingenieros ambientales y químicos del Área de Vinculación y Transferencia de la EHyS. La iniciativa surgió a partir de una investigación previa realizada junto con el Comité de Cuenca del Río Reconquista (COMIREC) para monitorear contaminantes.

En 2025, el equipo obtuvo financiamiento de la convocatoria UNSAM Investiga y comenzó a desarrollar el proyecto de remediación.

Cómo funcionan los humedales artificiales para limpiar el río Reconquista

Los humedales cumplen funciones ambientales como almacenar agua, reducir los efectos del cambio climático y retener contaminantes mediante los minerales presentes en el suelo. El proyecto de la UNSAM busca reproducir esas capacidades en sistemas diseñados específicamente para tratar el agua contaminada.

“Los humedales artificiales que nosotros elaboramos imitan la estructura del ecosistema natural pero, además, les agregamos otros materiales que funcionan como captadores y optimizan la extracción de los contaminantes”, explica Emiliano Boné, integrante del equipo.

Una de las claves del desarrollo está en la composición del sustrato y en la selección de las plantas. El material utilizado debe adaptarse a los distintos contaminantes presentes en la cuenca alta, media y baja del Reconquista. Por eso, los investigadores buscan utilizar sustancias naturales con capacidad de absorción que, al mismo tiempo, permitan el crecimiento de la vegetación.

El equipo también analizó experiencias internacionales para determinar cómo aplicar la tecnología. “En Chile y en México encontramos varios casos de uso de humedales artificiales para remediación de ríos y para limpieza de agua de lluvia. En Argentina, hay algunas experiencias más puntuales aplicadas a industrias o efluentes cloacales, pero no hemos visto el uso de esta técnica para remediar ríos contaminados”, señala la ingeniera ambiental Sofía Oliva.

Para las primeras pruebas, los investigadores construyeron distintos sustratos en recipientes de diez litros y evaluaron diferentes combinaciones. En algunos sistemas incorporaron plantas nativas de humedales, entre ellas totoras.

“Estamos probando con totoras, que son autóctonas, para que no tengan problemas de crecimiento en el lugar donde vayan a estar. También las elegimos porque es una planta con buenas propiedades para la fitorremediación de ríos”, cuenta López Loveira.

Los ensayos se realizaron con muestras del arroyo Morón, ubicado en la cuenca media del Reconquista. Los investigadores utilizaron sistemas batch, que permiten analizar el tratamiento de volúmenes determinados de agua durante períodos de siete o catorce días.

Los primeros resultados fueron alentadores. “Lo que vimos hasta el momento es que hubo una disminución de los contaminantes. Esto ocurrió en el caso de nutrientes como nitratos y fosfatos, cuya reducción fue mayor en los sistemas con plantas; y también en el caso de metales pesados como el cromo, que son más persistentes en el ambiente”, precisa López Loveira.

La UNSAM prepara nuevas pruebas para recuperar el ecosistema

El próximo paso será trasladar los experimentos a un sistema de mayor escala, con una capacidad de 200 litros. Mediante bombas, los investigadores buscarán mantener un flujo continuo de agua para reproducir las condiciones de funcionamiento de un humedal real.

“Cuanto más grande sea la superficie, más tiempo tardará una gota en recorrerlo y, por ende, mayor será el tiempo de tratamiento”, explica Boné.

El objetivo no es solamente reducir la concentración de contaminantes. La incorporación de vegetación nativa podría aportar además un beneficio ecológico al generar nuevos espacios para la fauna local.

“Sumar vegetación genera un valor adicional porque atrae insectos, aves y otro tipo de fauna local que por la contaminación fue disminuyendo”, señala Boné.

La tecnología también podría adaptarse a otros cursos de agua contaminados del país. Para Mauro Sánchez, estudiante de Ingeniería Ambiental e integrante del proyecto, el sistema podría replicarse en distintos cauces modificando la composición del sustrato de acuerdo con los contaminantes presentes en cada lugar.

Una vez finalizadas las pruebas de laboratorio, el equipo buscará avanzar hacia una experiencia directamente en la cuenca del Reconquista. “Cuando tengamos puesta a punto la técnica, la idea es construir un humedal en alguna parte del Reconquista y evaluar cómo funciona in situ”, adelantó López Loveira.

El desafío será comprobar si los resultados obtenidos en condiciones controladas pueden trasladarse a un ecosistema complejo y altamente contaminado como el Reconquista. Si funciona, los humedales artificiales podrían convertirse en una herramienta complementaria para tratar sus aguas y, al mismo tiempo, contribuir a recuperar parte de la biodiversidad perdida.

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.