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El impacto de los pequeños cambios: qué pasaría si 1 de cada 10 personas adoptara hábitos más sostenibles

Un análisis de Associated Press revela cómo decisiones cotidianas en alimentación, transporte, energía y consumo pueden reducir significativamente las emisiones contaminantes.

El cambio climático suele percibirse como un desafío de tal magnitud que las acciones individuales parecen tener un impacto limitado. Sin embargo, distintos estudios muestran que, cuando se multiplican las decisiones personales, el efecto colectivo puede ser significativo.

Si 1 de cada 10 personas adoptara hábitos más sostenibles, el impacto ambiental sería muy positivo

Un análisis realizado por Associated Press evaluó cuatro hábitos habituales en Estados Unidos vinculados con la alimentación, el transporte, el uso de energía en el hogar y el consumo de moda. La investigación planteó una pregunta concreta: ¿qué ocurriría si solo 1 de cada 10 estadounidenses que consumen carne de res, utilizan autos a nafta, calefaccionan sus hogares con gas natural o compran ropa nueva modificaran esas conductas?

Para responder, la agencia reunió datos de organismos federales y otras fuentes, estimando la reducción de emisiones que se lograría con esos cambios. El resultado fue contundente: se evitarían decenas -y en algunos casos cientos- de miles de millones de kilogramos de contaminación por carbono al año.

Si se proyecta ese mismo escenario en Argentina, donde viven más de 46 millones de personas, un cambio de hábitos por parte de 1 de cada 10 habitantes implicaría que unos 4,6 millones de argentinos adopten conductas más sostenibles. Aunque el impacto exacto dependería de factores como el consumo energético, los patrones de movilidad y la matriz productiva local, los especialistas coinciden en que una transformación colectiva de esa magnitud también generaría una reducción sustancial de emisiones contaminantes y del uso de combustibles fósiles.

Alimentación: cambiar carne de res por pollo

La carne de res presenta una de las huellas de carbono más elevadas dentro del sistema alimentario global, debido principalmente a las emisiones de metano del ganado y al uso intensivo de recursos y tierras para su producción.

Se evitarían decenas -y en algunos casos cientos- de miles de millones de kilogramos de contaminación por carbono al año

Según la American Heart Association, la porción recomendada de carne en Estados Unidos es de 85 gramos. Si una persona reemplazara esa cantidad de carne de res por pollo una vez por semana, podría reducir cerca de 4,54 kilogramos de dióxido de carbono por comida, lo que representa unos 238 kilogramos al año por persona.

Una encuesta de 2023 del The Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research reveló que el 74% de los estadounidenses consume carne de res al menos una vez por semana. Si 1 de cada 10 -unos 25 millones de personas- sustituyera una de esas comidas semanales por pollo, las emisiones disminuirían en aproximadamente 6 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, una cifra comparable a las emisiones anuales de casi 1,3 millones de autos a gasolina.

«La carne de res es un producto común de consumo que tiene una de las mayores huellas de carbono por libra», afirmó Dave Gustafson, director de proyectos del Agriculture & Food Systems Institute. «Es probablemente una de las decisiones individuales más significativas que la gente toma respecto a su alimentación y que impacta directamente en su huella de carbono».

En el caso argentino -uno de los países con mayor consumo de carne vacuna per cápita del mundo- un cambio similar por parte de millones de personas podría tener un impacto aún más marcado en términos ambientales y de reducción de emisiones asociadas a la producción ganadera.

Transporte: de autos tradicionales a vehículos eléctricos

El transporte constituye una de las principales fuentes de emisiones directas de gases de efecto invernadero en Estados Unidos. Según la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el sector representa el 28% del total de emisiones por actividad económica, con los vehículos particulares como actores centrales.

La utilización de vehículos eléctricos contribuiría positivamente al impacto ambiental

La EPA señala que el conductor promedio en ese país recorre unos 18.507 kilómetros al año. Mientras un auto a gasolina emite cerca de 400 gramos de dióxido de carbono por milla, un vehículo eléctrico genera alrededor de 110 gramos. El cambio podría reducir aproximadamente 3.357 kilogramos de dióxido de carbono por persona al año.

Si 1 de cada 10 conductores con licencia -unos 23,77 millones de personas- realizara esta transición, las emisiones caerían en cerca de 79 millones de toneladas anuales, equivalente a casi el 1,25% de las emisiones totales del país.

«Si un gran porcentaje de la población modificara ligeramente su forma de transporte, los beneficios serían enormes», destacó Dillon Fitch-Polse, investigador y codirector de Bicycling Plus Research Collaborative de la Universidad de California, Davis.

En Argentina, donde el parque automotor depende mayormente de combustibles fósiles y la adopción de vehículos eléctricos aún es incipiente, un cambio de hábitos por parte de millones de conductores también implicaría una reducción significativa de emisiones urbanas y de contaminación del aire.

Energía: calentar los hogares de manera diferente

En el ámbito doméstico, la calefacción es una fuente poco visible de consumo de combustibles fósiles. Cerca de 60 millones de hogares estadounidenses utilizan hornos de gas natural, según la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de la Oficina del Censo.

Sustituir estos sistemas por bombas de calor eléctricas puede reducir unos 830 kilogramos de dióxido de carbono por vivienda al año. Si 1 de cada 10 hogares que emplean gas natural adoptara esta tecnología, se evitarían aproximadamente 5 millones de toneladas de dióxido de carbono anuales, el equivalente a retirar un millón de vehículos de circulación.

«Las casas son como pequeñas plantas de energía de combustibles fósiles que las personas manejan sin darse cuenta», indicó Leah Stokes, profesora asociada de política ambiental de la Universidad de California, Santa Barbara. «La acción colectiva implica que la gente comprenda que hay infraestructura de combustibles fósiles justo en sus hogares».

En el caso argentino, donde el gas natural tiene un papel central en la calefacción residencial, una adopción masiva de tecnologías más eficientes o eléctricas también podría reducir el consumo energético y las emisiones asociadas al sector doméstico.

Moda: optar por ropa de segunda mano

Aunque suele recibir menor atención que el transporte o la energía, la industria de la moda también genera una importante huella ambiental. Una evaluación de Levi Strauss & Co. estima que fabricar un solo par de jeans Levi’s 501 puede emitir más de 20 kilogramos de dióxido de carbono, considerando su producción, transporte y comercialización.

Si 34,2 millones de estadounidenses -1 de cada 10- compraran un par de jeans usados en lugar de uno nuevo, se evitarían cerca de 0,7 millones de toneladas de dióxido de carbono, equivalente a las emisiones de unos 150.000 autos a gasolina.

«Es fundamental no desechar la ropa», enfatizó Constance Ulasewicz, profesora emérita en estudios del consumidor y la familia de la Universidad Estatal de San Francisco. «Es importante reparar la ropa para extender su vida útil y optar por tiendas de segunda mano».

Un comportamiento similar en Argentina, donde el mercado de ropa usada y el intercambio de prendas crece año tras año, podría contribuir a reducir el impacto ambiental del sector textil y fomentar hábitos de consumo más sostenibles.

Ninguna de estas acciones por sí sola resolverá el cambio climático. Sin embargo, el estudio evidencia que, cuando millones de personas adoptan pequeños cambios en sus hábitos cotidianos, las emisiones pueden reducirse de forma rápida y significativa.

Fecha de publicación: 13/02, 9:11 am