Gestionar una PYME en Argentina requiere una capacidad de adaptación constante. Valenziana, la fábrica de muebles situada en Uranga, un pueblo de apenas 900 habitantes en Santa Fe, vive esta realidad en carne propia. Para Rodrigo Díaz, su director, cada lunes comienza con el desafío de equilibrar los números para mantener a flote una estructura que emplea a 200 personas, quienes no son solo trabajadores, sino también vecinos, amigos y familiares.
La empresa atraviesa una «tormenta perfecta» compuesta por el aumento de los costos operativos, la retracción del consumo y la competencia de productos importados. A pesar de que la rentabilidad ha caído drásticamente y la producción en metros cúbicos se ha visto reducida respecto a años anteriores, la firma se niega a aplicar el recorte de personal como primera medida de salvación, priorizando el impacto social en la comunidad.
La tormenta: costos, consumo y competencia
Díaz identifica con claridad los frentes que golpean al sector. Primero, el aumento de costos en insumos derivados del petróleo (como espumas, telas y pinturas), que subieron entre un 30% y un 40%. Ante esto, la empresa optó por absorber gran parte del impacto sin trasladarlo completamente a los precios. A esto se suma una retracción del consumo donde la marca debe competir por el presupuesto familiar frente a otros gastos no esenciales.
El escenario no es fácil: las ventas del sector mueblero registraron caídas significativas en el último tiempo, y la recuperación se presenta desigual. Lejos de detenerse, la firma mantiene una lucha constante por sostener la estructura, buscando financiamiento semanal y ajustando su operativa frente a la presión de los alquileres en sus puntos de venta.
Diversificación como salvavidas
Lejos de replegarse, Valenziana decidió redoblar la apuesta con un ambicioso plan de inversión iniciado en 2023. La estrategia clave ha sido la diversificación hacia muebles a medida —específicamente cocinas, baños y vestidores—, un segmento que ofrece mayor valor agregado y está menos expuesto a la competencia directa de los productos importados.
Esta unidad de negocio, aunque incipiente, es el motor de crecimiento para el futuro inmediato. El desafío no es solo productivo sino también comercial: la empresa ha mutado su modelo de venta tradicional hacia un esquema proactivo, vinculándose directamente con arquitectos y constructores en obras de gran escala, alejándose del modelo de espera en el local comercial.
El ADN social: una apuesta por el equipo
La decisión más firme de la compañía atraviesa toda su estrategia: no despedir personal. En un contexto donde, según el propio Díaz, «la mitad del personal podría sobrar» desde una lógica puramente matemática, la firma mantiene su plantel. Para la dirección, la posibilidad de dejar de producir para convertirse simplemente en importadores no es una opción viable debido al tejido social de Uranga.
«Gran parte de nuestro trabajo es social«, afirma Díaz. Esta postura define el ADN de la compañía, que sigue apostando a la producción local a pesar de las dificultades. Mientras el «castillo de naipes» de la economía se mantiene inestable, Valenziana continúa operando, convencida de que la única salida posible es seguir adelante, apostando al cambio de ciclo y a la continuidad de la mano de obra local.