Denuncian que el millonario acuerdo europeo por el gas de Río Negro podría amenazar a las ballenas en Chubut
El ambicioso proyecto para exportar gas natural licuado (GNL) desde la costa de Río Negro hacia los mercados europeos encendió las alarmas de científicos y organizaciones ambientales.
La aceleración de los proyectos energéticos para abastecer de gas natural a la Unión Europea comenzó a generar fuertes discrepancias socioambientales en el sur del país. La firma de preacuerdos comerciales internacionales para canalizar el combustible proveniente de Vaca Muerta a través de un megaducto rionegrino reavivó los peores temores de las comunidades costeras. Las proyecciones logísticas confirman que la instalación de un puerto de licuefacción y exportación en la zona de Punta Colorada alterará el equilibrio biológico de una de las ecorregiones marítimas más sensibles y biodiversas de toda la Patagonia.
De acuerdo con las advertencias emitidas por foros científicos y asambleas socioambientales de Chubut y Río Negro, el nudo del conflicto radica en la proximidad geográfica de las terminales de carga con las áreas protegidas de la Península Valdés. Los buques metaneros de dimensiones descomunales deberán navegar de manera constante por aguas del Golfo San Matías, un corredor biológico clave que las ballenas y otras especies de mamíferos marinos utilizan anualmente para sus ciclos migratorios. El objetivo de visibilizar los riesgos de este pacto comercial es exigir un estudio de impacto ambiental integral y transjurisdiccional que evalúe los daños antes de iniciar las obras de infraestructura.

Contaminación acústica y el riesgo inminente de colisiones
El factor determinante que denuncian los biólogos marinos es la inevitable introducción de niveles extremos de contaminación sonora subacuática en los golfos. Los motores de gran cilindrada y los sistemas de posicionamiento dinámico de las embarcaciones de transporte internacional generan ruidos de baja frecuencia que ensordecen y desorientan a la ballena franca austral, una especie declarada Monumento Natural Nacional. Esta interferencia acústica bloquea sus canales de comunicación esenciales, afectando de manera directa sus patrones de apareamiento, la lactancia de los ballenatos y su capacidad de navegación segura.
A esto se le suma el peligro real y latente de accidentes por colisión entre los buques de carga pesada y los cetáceos, un fenómeno que ya se registra con consecuencias fatales en otras rutas marítimas globales saturadas de tráfico industrial. La navegación de estas moles de acero coincide temporalmente con los meses de mayor concentración de ballenas en las bahías, multiplicando las probabilidades de choques directos en la superficie. Las corporaciones energéticas argumentan que los protocolos de navegación modernos minimizan estos márgenes de contingencia, pero las comunidades locales denuncian que las velocidades comerciales requeridas por los mercados externos impiden un control seguro en el agua.

La grieta entre el desarrollo energético y las economías locales
Desde la perspectiva socioeconómica, el avance del puerto de GNL plantea una contradicción severa para los municipios costeros de la región, cuyas economías locales dependen casi exclusivamente del turismo de naturaleza y el avistaje de fauna. La degradación ambiental del santuario marino afectaría la llegada de miles de visitantes internacionales, poniendo en riesgo miles de puestos de trabajo genuinos y sustentables construidos durante décadas. Las asambleas regionales insisten en que los beneficios económicos extraordinarios de las exportaciones de gas quedarán concentrados en manos de corporaciones multinacionales, dejando en el territorio pasivos ecológicos severos.
La encrucijada internacional presiona a los gobernadores de la Patagonia a tomar definiciones políticas complejas, en medio de la urgencia nacional por conseguir divisas extranjeras mediante la entrega de recursos energéticos. Las organizaciones defensoras del mar anticiparon que recurrirán a los tribunales internacionales de protección ambiental si las provincias ignoran las normativas de conservación vigentes que blindan el hábitat marino. Ante este escenario, la comunidad científica remarca que la transición energética global no puede ejecutarse a costa de sacrificar santuarios naturales emblemáticos, exigiendo que se priorice la vida silvestre por sobre el negocio del gas.















