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Alternativas

Cómo la aviación podría reducir hasta un 75% sus emisiones sin bajar pasajeros

Un nuevo estudio internacional revela qué cambios operativos ya disponibles permitirían recortar el impacto climático del transporte aéreo.

Durante años, la aviación comercial fue señalada como uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. La combinación de crecimiento sostenido del tráfico aéreo, dependencia de combustibles fósiles y alternativas tecnológicas aún inmaduras colocó al sector bajo la lupa climática. Sin embargo, un nuevo análisis internacional sugiere que una parte sustancial del problema podría resolverse con herramientas que ya existen.

La aviación podría reducir su impacto ambiental sin tener que pensar en grandes cambios

El estudio, publicado en la revista Nature Communications Earth & Environment, analizó más de 27 millones de vuelos realizados en 2023 entre unas 26.000 parejas de ciudades, que transportaron a cerca de 3.500 millones de pasajeros. Los resultados son contundentes: las emisiones de CO2 de los vuelos comerciales podrían reducirse entre un 50 y un 75 por ciento sin disminuir la cantidad de pasajeros ni los kilómetros recorridos.

Hoy, cada pasajero emite en promedio unos 84,4 gramos de CO2 por kilómetro. Pero el análisis detectó que existen rutas que contaminan hasta treinta veces más que otras de distancia similar. Esa brecha revela un enorme margen de mejora que, según los autores, no está siendo aprovechado.

Tres cambios clave para volar con menos emisiones

El trabajo identifica tres “palancas” principales para reducir el impacto climático de la aviación. La primera es el tipo de avión asignado a cada ruta. Los modelos más modernos pueden consumir entre un 25 y un 28 por ciento menos combustible que las aeronaves más antiguas. Aunque renovar una flota completa lleva años, una asignación más estratégica de los aviones eficientes ya disponibles permitiría recortar alrededor de un 11 por ciento de las emisiones globales del sector en el corto plazo.

Abandonar la primera clase de los aviones podría ser una de las principales tres soluciones para contaminar menos

La segunda palanca está dentro de la cabina. Los asientos de primera clase y clase ejecutiva ocupan mucho más espacio y generan muchas más emisiones por pasajero. El estudio estima que pueden ser hasta cinco veces más intensivos en CO2 que un asiento en clase económica. Pasar a configuraciones sin clases prémium y maximizar el uso de plazas podría reducir las emisiones entre un 22 y un 57 por ciento adicionales.

La tercera variable es la ocupación de los vuelos. En 2023, el factor de carga promedio mundial fue inferior al 80 por ciento. Elevarlo al 95 por ciento -un nivel que ya se alcanza en algunas rutas- permitiría una reducción adicional cercana al 16 por ciento.

Políticas públicas y decisiones individuales

Combinadas, estas tres medidas permitirían transportar a la misma cantidad de personas a los mismos destinos usando menos de la mitad del combustible actual. Frente a un escenario en el que los combustibles sostenibles siguen siendo caros y escasos, y donde muchos sistemas de compensación de emisiones están cuestionados, los autores proponen priorizar la eficiencia operativa.

Entre las políticas sugeridas figuran etiquetas de eficiencia por ruta, tasas aeroportuarias más altas para los aviones más contaminantes y límites a la intensidad de carbono similares a los que ya rigen en la industria automotriz. También recuerdan que una minoría de viajeros frecuentes concentra una gran parte de las emisiones y que los pasajes muy baratos suelen ocultar su verdadero costo climático.

Si bien los pasajeros no eligen el modelo exacto de avión, sí pueden optar por volar en clase económica, priorizar vuelos directos y elegir aerolíneas con flotas modernas. El estudio deja un mensaje claro: reducir drásticamente las emisiones de la aviación no requiere esperar soluciones futuristas, sino aplicar con decisión las herramientas que ya están al alcance.

Fecha de publicación: 22/01, 10:35 am