La contaminación por arsénico en el agua potable continúa siendo uno de los problemas ambientales y sanitarios más graves de Argentina. Se estima que alrededor de 17 millones de personas viven en zonas donde este elemento natural puede encontrarse en concentraciones peligrosas para la salud.
En ese contexto, un grupo de investigadoras del Instituto de Investigaciones en Fisicoquímica de Córdoba desarrolló un sensor electroquímico portátil capaz de detectar arsénico de manera rápida, accesible y precisa. El avance científico representa una alternativa innovadora para mejorar el monitoreo ambiental en regiones vulnerables y alejadas de grandes centros urbanos.
El dispositivo fue diseñado para funcionar directamente en territorio, sin necesidad de infraestructura compleja ni laboratorios costosos. Su aplicación podría fortalecer los controles sobre la calidad del agua en provincias como Córdoba y Catamarca, donde existen antecedentes de contaminación en aguas subterráneas utilizadas para consumo diario.
Arsénico en el agua: un problema ambiental y sanitario que afecta a millones
La exposición prolongada al arsénico puede provocar hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE), una enfermedad asociada a lesiones cutáneas, problemas cardiovasculares, diabetes y distintos tipos de cáncer.
Además, especialistas advierten que la contaminación también impacta sobre el desarrollo neurológico infantil y deteriora la calidad de vida de miles de familias rurales que dependen de pozos y napas subterráneas para acceder al agua.
Aunque el origen del problema responde en gran parte a condiciones geológicas naturales, la situación suele agravarse por la falta de controles continuos y las dificultades de acceso a tecnologías de análisis en pequeñas localidades.
Por eso, el desarrollo de herramientas portátiles de monitoreo adquiere cada vez más relevancia tanto desde el punto de vista ambiental como sanitario.
Cómo funciona el sensor portátil desarrollado por científicas del CONICET
El proyecto fue impulsado por Marcela Rodríguez, Daiana Reartes y María Dolores Rubianes, investigadoras del CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba.
El sensor utiliza un sistema de bionanotecnología basado en nanopartículas de oro y un biopolímero derivado de la quitina presente en caparazones de crustáceos. Gracias a esta combinación, el dispositivo puede detectar concentraciones inferiores a las 10 partes por billón, el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud para considerar segura el agua potable.
Su funcionamiento es similar al de una tira reactiva conectada a un pequeño equipo portátil, lo que permite obtener resultados confiables sin necesidad de conocimientos técnicos avanzados ni altos consumos energéticos.
Las pruebas realizadas en General Levalle, Córdoba, y en Recreo, Catamarca, confirmaron la efectividad del sistema para analizar agua de consumo en condiciones reales.
Uno de los principales beneficios del desarrollo es su bajo costo, ya que podría facilitar el acceso al monitoreo ambiental en municipios, escuelas rurales y organizaciones sociales con recursos limitados.
Además, la detección temprana de contaminación permitiría prevenir enfermedades y acelerar la toma de decisiones sanitarias antes de que aparezcan consecuencias graves en las comunidades afectadas.
Por otro lado, el uso de materiales biológicos y tecnologías de menor impacto ambiental convierte a este sensor en una alternativa más sustentable frente a los métodos tradicionales de laboratorio.
El proyecto ya inició su proceso de patentamiento y recibió reconocimiento dentro del programa UNC Innova 2025. Para especialistas y referentes científicos, este tipo de herramientas puede transformarse en un aliado clave para fortalecer políticas públicas de prevención ambiental y garantizar el acceso seguro al agua en regiones históricamente postergadas.