La tierra en Neuquén no deja de temblar y la respuesta oficial sigue siendo el silencio absoluto. En lo que va del 2026, ya se contabilizan 15 sismos vinculados directamente a la hidrofractura en la cuenca de Vaca Muerta. El último evento en Sausal Bonito volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de los vecinos, quienes reportaron vibraciones antes de cualquier confirmación estatal. Esta ausencia de datos públicos es denunciada como una mentira sustentable que prioriza la expansión petrolera sobre la seguridad de la población.
La gravedad del asunto aumenta tras el vencimiento de un convenio de cinco años entre la Subsecretaría de Hidrocarburos provincial y el IMPRES. Según Grosso, este acuerdo operó bajo cláusulas de confidencialidad que ocultaron a la población los registros de sismos de menor magnitud. Ahora, con el convenio caído, la comunidad exige saber si la provincia abrirá la información o si seguirá encubriendo la depredación ambiental y física que genera la inyección de líquidos a alta presión.
Promesas incumplidas y expansión sin control
Mientras el complejo Vaca Muerta suma pozos y se extiende hacia Río Negro, las familias afectadas siguen esperando soluciones. De las 50 viviendas antisísmicas prometidas en 2023, solo se entregaron 12, dejando a la mayoría en construcciones precarias que no soportan la sismicidad inducida. Esta falta de infraestructura es un caso claro de desidia en la gestión ambiental y social de los «territorios de sacrificio».
Tóxicos y vibraciones: el costo oculto
El avance del fracking no solo implica el riesgo de sismos, sino que arrastra una cadena de impactos que las empresas intentan invisibilizar. La falta de transparencia en los datos sísmicos es solo la punta del iceberg de una actividad que demanda millones de litros de agua y genera residuos tóxicos de difícil tratamiento. La apertura de los datos del IMPRES es una condición no negociable para garantizar el derecho a la información de quienes viven sobre la formación geológica más codiciada del país.