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Construcción sustentable

Casas modulares: el modelo que reduce costos y tiempos y ya es tendencia en Argentina

Fabricadas en planta y montadas en pocas semanas, las casas modulares se consolidan como una alternativa eficiente en Argentina.

Fabricadas en planta y montadas en cuestión de semanas, las casas modulares dejaron de ser una solución alternativa para convertirse en una respuesta concreta frente al déficit habitacional, los altos costos y la imprevisibilidad de la obra tradicional. En un contexto de inflación, falta de crédito y necesidad de mayor eficiencia, la construcción industrializada gana terreno entre compradores, desarrolladores e inversores en todo el país.

Casas modulares: el modelo que reduce costos y tiempos y ya es tendencia en Argentina

La construcción modular se diferencia de la obra húmeda convencional por un cambio clave de lógica: gran parte del proceso se realiza fuera del terreno, en plantas industriales con ambientes controlados. Allí se producen módulos completos —estructura, cerramientos, instalaciones y terminaciones— que luego se trasladan al lote para su ensamblaje final. El resultado es una obra más rápida, con menos imprevistos y mayor control de calidad.

Según explica Leandro Seoane, socio fundador de 4 Housing, el principal diferencial del sistema es la combinación entre velocidad, calidad y escala. “La construcción modular eleva los estándares de terminaciones, performance y durabilidad, pero sobre todo permite producir más viviendas en menos tiempo, algo estratégico para reducir el déficit habitacional”, señaló.

Plazos de ejecución más cortos

El tiempo de obra es uno de los mayores atractivos. Una vivienda modular o industrializada de entre 50 y 200 metros cuadrados puede completarse en alrededor de 90 días, incluyendo diseño, fabricación y logística. El montaje en el terreno suele demandar entre una y dos semanas, según el tamaño y las condiciones de acceso.

En modelos más simples, una unidad de 50 m² puede quedar lista en menos de un mes desde el inicio de la fabricación, siempre que el terreno cuente con fundaciones y servicios preparados. Frente a obras tradicionales que se extienden durante meses o incluso años, la previsibilidad se vuelve un factor decisivo.

Costos y variables clave

En materia de precios, la construcción modular ya no se limita a desarrollos premium. Tras una primera etapa enfocada en segmentos de mayor poder adquisitivo, varias empresas avanzan hacia catálogos más amplios y accesibles.

“En 2026 lanzaremos un catálogo de casas de distintas medidas, con alto valor de diseño, que parten de u$s1.200 por m²”, anticipó Seoane. En ese esquema, una vivienda de 50 m² puede comenzar en valores cercanos a los u$s30.000, sin incluir el terreno.

El costo final depende de múltiples variables: materiales, nivel de equipamiento, cantidad de superficies vidriadas y ubicación del lote. El transporte también incide, aunque en la mayoría de los casos no supera el 15% del presupuesto total.

Aspectos técnicos y normativos

Desde el punto de vista técnico, el acceso al terreno es una de las condiciones más relevantes. “Mientras pueda ingresar un camión pequeño, no hay mayores inconvenientes ni costos extra”, explicó Seoane. La versatilidad del sistema quedó demostrada incluso en contextos extremos: 4 Housing montó un laboratorio en la Antártida, transportado en rompehielos y descargado con helicóptero.

: 4 Housing montó un laboratorio en la Antártida, transportado en rompehielos y descargado con helicóptero

En el plano normativo, las viviendas modulares no enfrentan trabas significativas. Se habilitan tanto en municipios como en barrios cerrados, incluso en los más tradicionales. Con mantenimiento adecuado, su durabilidad es igual o superior a la de la construcción convencional y requiere menos intervenciones a lo largo del tiempo.

Otro mito que perdió vigencia es la supuesta limitación en materiales. Hoy, el sistema modular admite una amplia variedad de opciones. En exteriores se utilizan maderas como lapacho, kiri o laurel, además de soluciones metálicas. En interiores predominan maderas naturales y enchapados como guatambú, jequetibá o álamo. Los pisos pueden ir desde mosaicos graníticos hasta mármoles como travertino o tundra grey.

“No hay restricciones en materiales, siempre que se apliquen con las técnicas propias del sistema”, resumió Seoane.

Modular versus tradicional

El debate entre construcción tradicional y modular atraviesa al sector. Para Juan Pablo Rudoni, presidente de Ecosan y de la Cámara Argentina de Construcción Modular e Industrializada (CACMI), la gran ventaja de la industrialización es la previsibilidad. “El 80% del trabajo se hace en planta. La obra se convierte en producto: se define alcance, presupuesto y plazo antes de fabricar”, explicó.

Rudoni detalló que Ecosan opera con una nave de 10.000 m² y una línea de montaje de 210 metros, capaz de producir viviendas, edificios de mediana densidad y desarrollos hoteleros. En ese esquema, terminar antes implica también generar retorno más rápido.

Desde IDERO, Lucas Salvatore remarcó que la industrialización reduce riesgos financieros en contextos de alta volatilidad. “Cuando el cliente compra un producto cerrado, el precio no se mueve si no hay cambios. Esa certidumbre hoy vale tanto como el costo”, señaló.

Salvatore destacó el potencial del sistema en proyectos de renta vinculados a economías regionales estratégicas, como Vaca Muerta. Mencionó el caso de Añelo, donde viven unas 12.000 personas pero ingresan y salen otras 15.000 cada día. “Existe un déficit estimado de 10.000 camas, con una proyección de 40.000 personas en los próximos diez años”, detalló.

En ese contexto, el grupo ya opera dos edificios con 72 departamentos y avanza en la finalización de otro de 24 unidades, bajo un modelo que integra tierra, desarrollo, construcción y operación. “Hablamos de inversiones de renta con contratos a diez años en dólares, algo poco habitual en el mercado local”, agregó.

Fecha de publicación: 26/01, 2:46 pm