Argentina se prepara para un Súper Niño que amenaza con agravar las inundaciones
Greenpeace advierte sobre los riesgos de un evento de El Niño excepcionalmente intenso, que podría extenderse hasta comienzos de 2027. Las crecidas de los ríos y las lluvias superiores a lo normal exponen la vulnerabilidad de las comunidades, la infraestructura y la producción agropecuaria.
El avance de un fenómeno de El Niño de intensidad fuerte vuelve a poner en evidencia los riesgos climáticos que enfrenta la Argentina y las consecuencias económicas de una prevención insuficiente. Según un documento elaborado por Greenpeace Argentina, las proyecciones internacionales anticipan que el fenómeno podría alcanzar una magnitud excepcional durante los últimos meses de 2026, con posibles efectos sobre las lluvias, las inundaciones y la actividad productiva.
La situación ya muestra señales de alerta. Durante 2026, distintas regiones del país registraron precipitaciones superiores a los valores habituales y, en octubre, se produjeron crecidas importantes en los ríos Iguazú, Paraná y Uruguay. El escenario aumenta la preocupación por los daños que podrían sufrir las viviendas, las rutas, los caminos rurales y las instalaciones productivas, además de las consecuencias sobre las comunidades que viven en zonas inundables.

El riesgo no se limita a las pérdidas materiales. Las inundaciones pueden interrumpir el transporte, afectar el suministro eléctrico y el acceso al agua potable, dificultar la distribución de mercaderías y generar problemas sanitarios. Cuando estos impactos alcanzan a las actividades agropecuarias y las cadenas de abastecimiento, también pueden trasladarse a los precios y profundizar las pérdidas económicas de productores, comercios, familias y del Estado.
Qué es el Súper Niño y por qué preocupa a la Argentina
El Niño es un fenómeno climático natural que se produce cuando las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan por encima de lo normal debido a cambios en los vientos y en la circulación atmosférica. Estas alteraciones modifican los patrones de lluvia y temperatura en distintas regiones del planeta.
La expresión “Súper Niño” no corresponde a una categoría científica oficial, sino que se utiliza para describir un episodio de El Niño excepcionalmente intenso. Según la clasificación citada en el documento de Greenpeace, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) considera un calentamiento de al menos 2 °C en la región del Pacífico utilizada para medir el fenómeno como un indicador de esa intensidad.
De acuerdo con la actualización del 8 de octubre, la NOAA estimó una probabilidad superior al 83% de que El Niño se mantenga con intensidad fuerte o muy fuerte hasta comienzos de 2027. También calculó un 83% de probabilidad de que alcance una magnitud histórica durante el período comprendido entre octubre y diciembre de 2026.
En la Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que el fenómeno ya presenta una intensidad fuerte y estimó una probabilidad del 100% de continuidad durante octubre, noviembre y diciembre.
Estas cifras describen la evolución prevista de El Niño, pero no significan que exista una probabilidad equivalente de inundaciones en el país. El fenómeno aumenta las chances de determinadas condiciones climáticas, aunque no permite anticipar con exactitud dónde y cuándo se producirán tormentas, anegamientos o crecidas.
La crisis climática agrega otro factor de riesgo. Aunque no origina El Niño, el calentamiento global eleva las temperaturas de base y permite que la atmósfera contenga más humedad, lo que puede agravar algunos eventos extremos. La destrucción de humedales y bosques, la urbanización de zonas inundables y la falta de infraestructura adecuada también aumentan la exposición de la población.
Las lluvias y las crecidas ya generan señales de alerta en el país
En la Argentina, los efectos de El Niño suelen asociarse con una mayor probabilidad de lluvias superiores a lo normal en el este del territorio, especialmente en el Litoral, el noreste de Buenos Aires y sectores de la región pampeana durante la primavera y el verano.

Sin embargo, el impacto no es uniforme. Un informe especial del SMN publicado en octubre señaló que, hasta septiembre de 2026, el norte del Litoral había acumulado excesos de lluvia similares a los registrados durante episodios fuertes de El Niño. En el sur del Litoral, las precipitaciones fueron inusualmente abundantes, en particular durante julio y agosto, mientras que la región central también presentó valores superiores a los habituales. En contraste, el centro-este bonaerense registró lluvias inferiores a las normales.
A estas condiciones se sumaron las crecidas de los ríos de la Cuenca del Plata. Según el Instituto Nacional del Agua (INA), durante octubre se registraron aumentos importantes en los niveles de los ríos Iguazú, Paraná y Uruguay. Al 13 de octubre, Puerto Iguazú y Paso de los Libres superaban sus niveles de evacuación, mientras que se esperaban nuevos ascensos del Paraná.
La combinación de lluvias intensas y crecidas puede generar anegamientos prolongados en zonas rurales y urbanas, daños en viviendas y establecimientos productivos, evacuaciones y cortes en rutas y caminos. También puede afectar escuelas, centros de salud y redes de servicios esenciales.
El impacto sobre el campo dependerá de la región, los cultivos y las condiciones del suelo. En áreas afectadas por la sequía, una mayor disponibilidad de agua puede recuperar la humedad y favorecer determinados cultivos. Pero el exceso de precipitaciones puede inundar lotes, favorecer enfermedades, retrasar las cosechas y complicar el traslado de animales e insumos.
Las consecuencias económicas pueden extenderse más allá de las pérdidas directas. Cuando las lluvias impiden transportar la producción o interrumpen las cadenas logísticas, se encarecen las operaciones y pueden aparecer dificultades de abastecimiento. En paralelo, los daños en infraestructura y las necesidades de asistencia y reconstrucción incrementan los costos que deben afrontar las administraciones públicas.
Por eso, la magnitud de los daños no depende únicamente de la intensidad del fenómeno climático. También está vinculada con la capacidad de anticipar los riesgos, la calidad de la infraestructura y las decisiones sobre cómo se ocupan y protegen los territorios.
El Gobierno nacional puso en marcha el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027 para la Cuenca del Plata, orientado a coordinar acciones de prevención y respuesta ante posibles inundaciones, crecidas y otras emergencias hidrometeorológicas.
El plan representa un paso para organizar la respuesta, pero el desafío es evitar que la gestión de las emergencias se limite a actuar cuando los daños ya se produjeron. Los sistemas de alerta temprana deben acompañarse con obras de infraestructura, ordenamiento territorial, protección de humedales y bosques y fortalecimiento de los organismos científicos.
La preparación también exige políticas sostenidas para reducir las emisiones que agravan la crisis climática. Frente a un evento de El Niño potencialmente excepcional, la prevención no puede depender únicamente de medidas de emergencia: debe formar parte de una estrategia de largo plazo para reducir la vulnerabilidad social, ambiental y económica del país.















