Aire urbano y microplásticos: el desgaste de los neumáticos, una amenaza invisible

Mientras las normativas ambientales se centraron históricamente en los gases de escape, una nueva preocupación científica gana terreno en las ciudades: el desgaste de las cubiertas. Estudios recientes confirmaron que la fricción de los neumáticos contra el asfalto es hoy la fuente predominante de microplásticos en el aire, superando ampliamente a las emisiones de los motores.

A pesar de que estas partículas son invisibles a simple vista, su riesgo sanitario es innegable. Investigaciones internacionales alertan que estos fragmentos se dispersan por el entorno urbano, ingresando profundamente en el sistema respiratorio humano y vinculándose con diversas patologías crónicas.

El costo oculto de circular sobre el asfalto

El proceso es constante: cada vez que un vehículo circula, la superficie del neumático sufre fisuras microscópicas que se expanden y desprenden fragmentos plásticos. Este fenómeno se intensifica según el peso del vehículo y la velocidad de circulación. A diferencia de las emisiones de escape, que han logrado reducirse drásticamente en las últimas décadas, los residuos por abrasión quedaron fuera de la legislación global hasta ahora.

Estudios científicos advierten que las partículas finas derivadas del tránsito vehicular logran ingresar al sistema respiratorio y circulatorio, aumentando riesgos de enfermedades crónicas.

Incluso los vehículos eléctricos enfrentan este desafío. Aunque eliminan los gases contaminantes, su mayor peso debido a las baterías aumenta la fuerza de fricción contra el suelo. Modelos predictivos indican que, sin cambios en los materiales de fabricación, una transición total hacia flotas eléctricas podría incrementar significativamente la presencia de estas partículas en suspensión.

Cómo afectan estos microplásticos nuestra salud

La medición de esta contaminación ha revelado datos alarmantes. En Canadá, investigadores detectaron compuestos químicos propios de los neumáticos en el 94% de las muestras de aire analizadas, mientras que en ciudades europeas se cuantificaron miles de partículas por gramo en áreas próximas a las autopistas.

La mayor preocupación de los toxicólogos radica en el tamaño de estos fragmentos: las partículas PM2.5 pueden penetrar profundamente en los pulmones y alcanzar el torrente sanguíneo. Las proyecciones sugieren que la exposición crónica a estos compuestos incrementa notablemente los casos de asma y el riesgo de mortalidad cardiovascular en poblaciones residentes cerca de zonas de alto flujo vehicular.

El desgaste constante de los neumáticos genera microplásticos que, aunque invisibles, representan la mayor fuente de residuos plásticos en el entorno urbano.

Hacia una regulación urgente y nuevas soluciones

La ciencia y la industria ya están dando pasos concretos. A partir de finales de 2026, la normativa Euro 7 en la Unión Europea incluirá por primera vez límites específicos para emisiones no relacionadas con el escape, obligando a las automotrices a reformular compuestos y mejorar sistemas de frenado.

Mientras estas soluciones escalan, los especialistas recomiendan medidas de prevención: mantener la presión correcta de los neumáticos, evitar cargas excesivas y adoptar una conducción suave para reducir la abrasión. Para peatones y ciclistas, incrementar la distancia respecto a las avenidas principales y el uso de mascarillas FFP2 en zonas de alto tránsito son las estrategias más efectivas para minimizar la exposición.

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