Los vapeadores en Argentina ya son legales y hay alerta: daños para la salud y el riesgo en adolescentes

Aunque el consumo de cigarrillos convencionales disminuyó en los últimos años en Argentina, hay un aumento del uso de dispositivos electrónicos para fumar entre adolescentes y adultos jóvenes. Actualmente, el 30% de los adolescentes de entre 14 y 17 años asegura haberlos probado alguna vez, de acuerdo con datos de CEDES (Centro de Estudios de Estado y Sociedad).

En paralelo, y tras una década de prohibición, el Ministerio de Salud autorizó recientemente mediante una resolución “la importación, venta y promoción de vapeadores y otros dispositivos para inhalar vapores o aerosoles de tabaco, incluyendo sus accesorios”.

De inmediato, asociaciones médicas y científicas salieron a advertir sobre los riesgos que esto implica para la salud, desmitificando su uso como “opciones para la reducción del daño, o de apoyo para dejar de fumar”.

Evidencia científica

“Los vapeadores (o cigarrillos electrónicos) no son inocuos. Producen distintos daños en el organismo, como el deterioro de los pulmones, y favorecen la adicción a la nicotina”, señala el médico especializado en tabaquismo Raúl Mejía, consultor del Departamento de Medicina Ambulatoria del Hospital de Clínicas de la UBA.

Los especialistas advierten que la estética llamativa y los sabores frutales son estrategias diseñadas para captar al público joven.

Vapear está asociado consistentemente con asma, bronquitis, aumento de la tos, inflamación  pulmonar y lesiones en las vías respiratorias”, aporta la cardióloga María Inés Sosa Liprandi, consultora del Área Corazón y Mujer de la Sociedad Argentina de Cardiología.

“Entre los adolescentes, el vapeo se instaló como una práctica inocua, y muchos chicos creen que están inhalando vapor de agua, cuando en realidad se exponen a una mezcla de sustancias químicas potencialmente tóxicas que pueden producir daño respiratorio, neurológico y adicción. Y estos efectos se trasladan a los consumidores pasivos del vapor de segunda mano”, advierte la pediatra y toxicóloga Silvia Cabrerizo, integrante  del Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

Otro de los aspectos destacados por la SAP es el potencial del vapeo como paso previo al  tabaquismo convencional. Diversos estudios muestran que los adolescentes fumadores de cigarrillos electrónicos tienen más probabilidades de comenzar posteriormente a fumar  cigarrillos tradicionales. Además, la exposición temprana a nicotina podría aumentar la  vulnerabilidad al consumo de otras sustancias psicoactivas.

La evidencia científica también vincula el uso de cigarrillos electrónicos con lesiones en la cavidad oral, alteraciones de la función pulmonar y posibles efectos cancerígenos. A esto se suma la aparición de cuadros severos de “lesión pulmonar asociada al vapeo” (EVALI, por su sigla en inglés).

Según datos de CEDES, el 30% de los adolescentes argentinos de entre 14 y 17 años afirma haber probado los cigarrillos electrónicos.

Estrategias de Marketing

Vapeadores, calentadores de tabaco y bolsas de nicotina son frecuentemente presentados como alternativas “más seguras”, como herramientas de reducción de daño, o incluso como facilitadoras en los programas de cesación tabáquica. Cuando en realidad son todo lo contrario, ya que generan adicción y contribuyen a perpetuar el tabaquismo (cuando no son la puerta de entrada a él).

Los especialistas advierten sobre el fuerte componente de marketing presente en estos  productos. Los sabores dulces y frutales, el diseño llamativo y la circulación de contenidos en  redes sociales generan una fuerte atracción entre adolescentes.

Las estrategias que utilizan los fabricantes de cigarrillos electrónicos son similares a las históricamente implementadas por el tabaco tradicional para captar nuevos consumidores jóvenes.

El Ministerio de Salud autorizó recientemente la importación y comercialización de dispositivos electrónicos de inhalación.

Al estar regulada la publicidad convencional, las compañías realizan la promoción de vapeadores y “bolsitas de nicotina”  a través de “influencers” y hashtags en redes sociales, presentándolos como alternativas inocuas y asociándolas a un estilo de vida cool.

Un negocio sin humo

Como no es de extrañar, detrás de los cigarrillos electrónicos y sus accesorios están las grandes compañías tabacaleras. “La industria ha invertido 16.000 millones de dólares en productos “sin humo” no por filantropía, sino por una estrategia financiera calculada: el 41,5% de los ingresos de gigantes como Philip Morris International (PMI) ya proviene de estos dispositivos”, denuncia Walter Martello, Defensor del Pueblo Adjunto de la Provincia de Buenos Aires.

Massalin Particulares, filial de Philip Morris en Argentina, es una de las promotoras de la autorización de los vapeadores, con el argumento de que “su comercialización debe estar regulada para evitar el mercado negro y el ingreso de dispositivos que no cumplen con normas de seguridad mínima”.

Una postura similar mantiene BAT (British American Tobacco, ex Nobleza Piccardo), que desde su estrategia comercial promueve estos productos como “alternativas de riesgo reducido para adultos fumadores”, y asegura comercializarlos “bajo estrictos códigos de ética y respetando las normativas vigentes”.

Los cambios de hábitos y la digitalización están transformando a la industria tabacalera. Los cigarrillos electrónicos ya no huelen a humo, pero su negocio sigue oliendo mal.

Gabriela Ensinck: Licenciada en Periodismo y Comunicaciones. Periodista especializada en ciencia, salud, ambiente y negocios. Trabajó en Editorial Perfil y el diario El Cronista. Colabora con medios gráficos, radiales y digitales en Argentina y la región. Integrante de la Red de Periodismo Científico (RADPC) y de la Sociedad de Periodistas Ambientales (SEJ). Autora de “Economía Verde, Innovación y Sustentabilidad en América latina” (Ed. Almaluz, 2020) y “Ser Sustentables. Guía para vivir en armonía con el planeta” (Urano, 2023).