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Salud

La contaminación urbana enciende otra alarma por sus posibles efectos sobre el cerebro

Los resultados del estudio refuerzan la importancia de reducir las emisiones, aunque todavía deben confirmarse con nuevas investigaciones.

La contaminación atmosférica no solo afecta los pulmones y el sistema cardiovascular. También puede dejar señales tempranas de alteraciones en el cerebro, incluso antes de que aparezcan síntomas de deterioro cognitivo. Un estudio liderado por el Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, encontró una asociación entre la exposición prolongada a contaminantes del aire y el aumento de biomarcadores vinculados con la neuroinflamación, con resultados especialmente relevantes en mujeres.

La investigación, publicada en la revista científica Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association, siguió durante tres años a 226 personas cognitivamente sanas del área metropolitana de Barcelona. Los participantes formaban parte de la cohorte ALFA+, integrada mayoritariamente por personas con antecedentes familiares de Alzheimer.

Un estudio del Barcelonaβeta Brain Research Center relacionó la exposición prolongada a contaminantes del tráfico con biomarcadores de neuroinflamación y cambios en la atención

El equipo analizó la exposición a óxidos de nitrógeno y partículas en suspensión PM10 y PM2,5, contaminantes asociados, entre otras fuentes, al tránsito vehicular. Luego, cruzó esos datos con mediciones de biomarcadores presentes en el líquido cefalorraquídeo, que permite estudiar distintos procesos biológicos del sistema nervioso central.

Los resultados identificaron una asociación entre una mayor exposición a la contaminación y el aumento de la proteína GFAP, un indicador relacionado con la activación de los astrocitos. Estas células cumplen funciones esenciales para el mantenimiento y la protección de las neuronas, pero pueden modificar su actividad cuando el cerebro enfrenta situaciones de estrés o daño.

Cuando los astrocitos se vuelven reactivos, los niveles de GFAP pueden aumentar. Por eso, el incremento de esta proteína constituye una señal de posibles procesos de neuroinflamación, aunque no implica por sí mismo un diagnóstico de Alzheimer.

El estudio también encontró diferencias entre mujeres y hombres en la evolución de la interleucina 6 (IL-6), una proteína involucrada en la respuesta inflamatoria. En conjunto, los resultados apuntan a que la contaminación vinculada al tráfico podría estar relacionada con respuestas inflamatorias cerebrales que varían según el sexo.

Cómo afecta la contaminación del aire a la salud cerebral

Los resultados refuerzan la importancia de reducir la contaminación urbana para proteger la salud cerebral

Uno de los hallazgos más relevantes fue la relación entre los niveles de GFAP y el desempeño cognitivo de las mujeres participantes. Según el estudio, el aumento de este biomarcador explicó parcialmente entre el 5% y el 10% de la asociación entre una mayor exposición a contaminantes y el empeoramiento de la atención y las funciones ejecutivas, según el contaminante analizado y la capacidad cognitiva evaluada.

Las funciones ejecutivas permiten organizar tareas, planificar, tomar decisiones y controlar la atención. Las alteraciones observadas no significan que las participantes hayan desarrollado Alzheimer, sino que los resultados identifican posibles mecanismos biológicos que podrían relacionar la contaminación ambiental con cambios cognitivos tempranos.

“Nuestros resultados apuntan a que la activación de los astrocitos podría formar parte de las vías biológicas que relacionan la exposición a la contaminación atmosférica con cambios cognitivos, y que estas respuestas pueden diferir entre mujeres y hombres. Es un primer paso para entender por qué, ante un mismo nivel de exposición, algunas personas presentan una mayor vulnerabilidad”, explicó la doctora Blanca Rodríguez, investigadora y coautora del estudio.

Otro aspecto destacado es que las asociaciones detectadas fueron independientes de la presencia de la variante genética APOE ε4, vinculada con un mayor riesgo de Alzheimer, y de los biomarcadores clásicos de la enfermedad, como las proteínas beta-amiloide y tau.

La ausencia de una asociación con estos últimos indicadores abre la posibilidad de que los procesos inflamatorios relacionados con la contaminación aparezcan en etapas tempranas o se desarrollen en paralelo a otros cambios biológicos asociados con el Alzheimer. Sin embargo, los resultados no permiten establecer una relación causal ni determinar que la exposición a contaminantes conduzca necesariamente a la enfermedad.

La investigación se suma a una creciente cantidad de estudios que vinculan la calidad del aire con la salud cerebral. En 2024, la Comisión de The Lancet sobre prevención, intervención y atención de la demencia incorporó la contaminación atmosférica entre los factores de riesgo modificables, con una contribución estimada cercana al 3% de los casos de demencia a escala mundial.

La evidencia refuerza la importancia de considerar la contaminación como un problema de salud pública que excede las enfermedades respiratorias. Sus efectos potenciales sobre el cerebro también ponen en discusión las consecuencias de los modelos de movilidad urbana que dependen de los vehículos contaminantes y la necesidad de reducir las emisiones del transporte.

Reducir las emisiones del tráfico también es una medida de prevención del Alzheimer

Los resultados del BBRC aportan nuevos argumentos para impulsar políticas que mejoren la calidad del aire, especialmente en las grandes ciudades, donde la circulación vehicular representa una fuente relevante de exposición a contaminantes.

La reducción de emisiones, la promoción del transporte público menos contaminante y el desarrollo de alternativas de movilidad sostenible pueden contribuir a disminuir la exposición de la población. Si bien este estudio no evaluó directamente los efectos de esas medidas, sus hallazgos respaldan la necesidad de abordar la contaminación como un factor ambiental que puede afectar la salud a largo plazo.

“Aunque será necesario replicar estos resultados en cohortes más amplias y diversas, nuestros hallazgos refuerzan la importancia de reducir la exposición a la contaminación relacionada con el tráfico para favorecer la salud cerebral. Además, observar que la asociación entre la contaminación y los indicadores estudiados puede ser diferente en mujeres y hombres nos ayuda a entender mejor qué grupos pueden ser especialmente vulnerables a sus efectos”, señaló la doctora Natàlia Vilor-Tejedor, autora principal del trabajo y líder del grupo de investigación en epidemiología molecular y ciencia de datos del BBRC.

Los investigadores también reconocieron limitaciones que deberán abordarse en futuras investigaciones. Entre ellas, la cantidad reducida de participantes hombres, que pudo dificultar la identificación de asociaciones similares en ese grupo, y el método utilizado para estimar la exposición a contaminantes.

El cálculo se basó en la dirección residencial de cada participante, sin incorporar los desplazamientos cotidianos ni la exposición en el lugar de trabajo. Estas variables pueden modificar significativamente la cantidad de contaminación a la que está expuesta una persona.

Fecha de publicación: 15/10, 5:56 am