El fin de los gases contaminantes: crean «cristales plásticos» que enfrían heladeras con solo apretarlos
La startup británica Barocal desarrolló una tecnología disruptiva que utiliza cristales plásticos sólidos para enfriar, eliminando la necesidad de gases refrigerantes contaminantes. Podría reemplazar a los compresores tradicionales.
La refrigeración doméstica e industrial está a punto de vivir su mayor transformación en más de cien años. Mientras que las heladeras actuales dependen de la compresión de vapor y fluidos que, en caso de fuga, tienen un potencial de calentamiento global miles de veces superior al CO2, la startup Barocal propone un camino radicalmente distinto: usar sólidos. A través de cristales plásticos, un material orgánico económico, han logrado un sistema que genera frío simplemente mediante la aplicación de presión mecánica.
Esta innovación se basa en el efecto mecano-calórico. A nivel molecular, estos cristales giran libremente, pero al ser comprimidos, ese movimiento se reduce y el material emite calor. Al liberar la presión, el material absorbe calor del entorno, enfriándolo. Este ciclo elimina por completo los tóxicos invisibles que representan los gases HFO y HFC, utilizando agua como fluido de transferencia térmica, lo que simplifica el mantenimiento y anula los riesgos ambientales por fugas.

Eficiencia frente a la crisis climática
Los primeros prototipos de esta tecnología ya igualan la capacidad de enfriamiento de los frigoríficos convencionales, pero con una promesa clave: un consumo energético significativamente menor. En un contexto donde la climatización de edificios representa una parte sustancial del consumo eléctrico global, cualquier mejora en la eficiencia de los sistemas HVAC (calefacción, ventilación y aire acondicionado) es vital para la transmisión energética hacia modelos de consumo casi nulo.

De la heladera al aire acondicionado industrial
Aunque la tecnología es escalable a cualquier tamaño, Barocal apunta inicialmente a grandes instalaciones comerciales y sistemas de refrigeración industrial, donde el ahorro de energía impacta directamente en los costos operativos. Esta solución no es solo una curiosidad de laboratorio; con una inversión semilla de 10 millones de dólares, busca integrarse en la cadena de frío alimentaria y en el transporte refrigerado, sectores críticos que hoy dependen de tecnologías obsoletas y contaminantes. Reinventar la infraestructura básica de refrigeración es, finalmente, una necesidad urgente para un planeta que no deja de calentarse.















