Incendio en Chubut: el fuego ya arrasó más de 50 mil hectáreas y trabajan 500 brigadistas
Los bomberos luchan contra las llamas en medio de un operativo extremo, mientras el incendio amenaza rutas y casas de la zona de El Hoyo.
La provincia de Chubut atraviesa uno de los incendios forestales más graves de los últimos años, con un escenario que combina condiciones climáticas extremas, un terreno de altísima complejidad y un despliegue operativo sin precedentes. El fuego, que ya lleva varias semanas activo, consumió más de 50 mil hectáreas y continúa avanzando sobre zonas de vegetación tupida y de acceso casi imposible, especialmente en áreas cercanas a la ruta provincial 51, que en las últimas jornadas estuvo a punto de ser cortada por el avance de las llamas.

El frente ígneo se desarrolla en sectores donde la topografía dificulta cualquier tipo de maniobra rápida. Allí trabajan más de 500 brigadistas que deben abrirse paso a pie, utilizando motosierras y herramientas manuales para crear líneas de defensa en medio del bosque. El operativo es extremo: los servicios de emergencia solo logran ingresar en camionetas por senderos angostos, mientras que el abastecimiento de agua depende en gran medida de los lagos cercanos, desde donde helicópteros cargan y descargan miles de litros sobre los focos activos.
En las últimas horas, la situación se volvió aún más crítica. El aumento del viento y las altas temperaturas reactivaron sectores que estaban casi controlados, obligando a redoblar los esfuerzos para evitar que el fuego avance hacia zonas habitadas. Cada cambio en las condiciones meteorológicas modifica el comportamiento del incendio y obliga a replantear estrategias sobre la marcha, con el foco puesto, ante todo, en la seguridad del personal desplegado.
Un combate cuerpo a cuerpo en un terreno extremo
El terreno donde se desarrolla el incendio representa uno de los mayores desafíos para los brigadistas. La densa vegetación, la pendiente y la falta de caminos obligan a avanzar a pie, sorteando obstáculos naturales y trabajando muchas veces a pocos metros de las llamas. Desde el lugar de los hechos, el corresponsal Rodrigo Saliva describió en vivo por TN la crudeza del operativo, a escasa distancia del foco activo.

En ese contexto, uno de los brigadistas explicó las dificultades del avance: “Intentamos avanzar pero se complicó y estamos replegando. Lo principal es la seguridad de los brigadistas, que están haciendo un gran trabajo. Vamos a revisar y mañana atacamos de otra forma”. La frase resume la lógica que rige el combate contra el fuego: cuando el riesgo se vuelve demasiado alto, la prioridad es preservar la vida, aun cuando eso implique retroceder y redefinir la estrategia.
El trabajo se sostiene gracias a un esfuerzo coordinado entre brigadistas profesionales, bomberos voluntarios y personal de apoyo logístico, que operan durante largas jornadas en condiciones extremas. A ello se suma la utilización intensiva de medios aéreos, fundamentales para atacar los focos más inaccesibles y frenar el avance en sectores críticos.
El impacto del año más seco de la década
El incendio se desarrolla en un contexto climático particularmente adverso. Chubut atraviesa el año más seco de la última década, con una marcada escasez de agua que agrava el riesgo y dificulta las tareas de contención. Especialistas advierten que la combinación de falta de lluvias y temperaturas extremas podría repetirse en los próximos veranos, incrementando la frecuencia y la magnitud de los incendios forestales en la región.
La falta de recursos hídricos no solo afecta al operativo contra el fuego, sino también a la vida cotidiana de los habitantes. Muchos vecinos debieron aprender a utilizar bombas de agua para abastecerse y proteger sus viviendas, en un contexto donde la amenaza de que las llamas se extiendan hacia Esquel y otras localidades densamente pobladas mantiene en vilo a toda la región cordillerana.
La angustia atraviesa a las comunidades afectadas, donde el fuego ya no es solo un fenómeno ambiental, sino una preocupación permanente. “Todo esto se está viviendo con mucha angustia. Hay viviendas en todos lados, incluso en las zonas más altas y más cercanas al fuego. Tenemos muchísimos voluntarios trabajando, incluso gente que se vino desde Salta”, contó José, bombero y vecino de Cholila. Su testimonio refleja el clima de tensión y solidaridad que se vive en Chubut, donde el incendio puso a prueba tanto la capacidad de respuesta del sistema de emergencias como la resiliencia de toda una comunidad.















