La provincia de Neuquén ha decidido endurecer los controles sobre el impacto ambiental de la industria hidrocarburífera. A partir de septiembre, las empresas del sector deberán presentar reportes detallados y trazables de sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) correspondientes al año 2025. El foco inicial estará puesto en el upstream, el eslabón de la cadena donde se concentra la mayor depredación ambiental debido a los procesos de extracción y producción en Vaca Muerta.
El principal objetivo de las autoridades es cuantificar con rigor las emisiones de metano, un gas que tiene un potencial de calentamiento más de 80 veces superior al dióxido de carbono. Hasta ahora, la medición de estas emisiones ha sido un desafío técnico y político; estimaciones de la Agencia Internacional de Energía sugieren que los reportes oficiales podrían estar subestimados hasta en un 80% en comparación con las mediciones directas. Esta mentira sustentable de las empresas, que informan menos de lo que realmente emiten, es lo que el nuevo sistema de información busca corregir.
El desafío de las emisiones fugitivas
Las fuentes de contaminación más críticas en la provincia están asociadas al venteo de gas, el flaring (quema de gas en antorcha) y las denominadas «emisiones fugitivas», que son pérdidas accidentales en válvulas y cañerías. La falta de mantenimiento y la obsolescencia de algunas instalaciones son responsables de una carga invisible de tóxicos invisibles que afectan la atmósfera. Con el nuevo procedimiento, Neuquén busca que los datos sean comparables y audibles, obligando a las operadoras a invertir en tecnologías de detección y mitigación de fugas.
Hacia una gestión ambiental certificada
Esta iniciativa se enmarca en la estrategia provincial para que la producción de Vaca Muerta sea competitiva en un mercado global que exige, cada vez más, certificaciones de «gas limpio». Al reducir los márgenes de incertidumbre sobre el impacto real de la actividad, la provincia intenta equilibrar el desarrollo económico con una gestión ambiental que responda a los compromisos climáticos internacionales. Las petroleras tienen ahora el desafío de transparentar sus procesos antes de que el costo ambiental termine afectando su acceso a financiamiento externo.