Cuidado con Ozempic, la droga «mágica» para bajar de peso: médicos alertan por riesgo de tumores y hasta daño renal

Ozempic es la droga del momento: promete bajar de peso casi sin esfuerzo y los famosos lo recomiendan, exhibiendo además sus cuerpos transformados como trofeos. Poco se sabe de los efectos a largo plazo de este medicamento, que está indicado sólo para diabéticos en Argentina. Las primeras señales ya encendieron las luces de alerta en la comunidad médica.

En Argentina, Ozempic está aprobado exclusivamente para el tratamiento de la diabetes tipo 2, pero su uso como medicamento para adelgazar en personas sin esa condición se ha vuelto cada vez más común, lo que plantea dilemas éticos y de salud pública. El boom mediático disparó la demanda global.

Ozempic se convirtió en la droga de moda para bajar de peso, pero médicos y organismos internacionales alertan sobre posibles efectos adversos graves como tumores tiroideos, pancreatitis, insuficiencia renal y trastornos gastrointestinales

Desde octubre de 2025, también llegó Wegovy, destinado al tratamiento de la obesidad y el sobrepeso. Además, el laboratorio argentino Elea lanzó Dutide, la versión nacional del mismo principio activo, tanto en comprimidos orales como en su formato inyectable. La sustancia en todos los casos es la misma: la semaglutida, un componente que revoluciona el estudio del metabolismo y el sobrepeso.

La administración de Ozempic es semanal –a través de una inyección subcutánea- y cada caja cubre un mes de tratamiento. Su venta es bajo receta médica. Existen dos presentaciones: 0,25 mg/dosis (dosis inicial) y 1 mg/dosis, ambas en lapicera prellenada. Una caja de Ozempic 1 mg se vende a alrededor de $355.000 (llegó a bajar casi un 50% a mediados de 2025, en un momento intenso de la competencia, durante el lanzamiento de Dutide). Wegovy, en su dosis de mantenimiento de 2,4 mg, llega a casi $697.000 la caja de cuatro jeringas. Dutide, el genérico nacional, en su versión de 1 mg con cobertura del 40% de medicina prepaga, cuesta unos $77.000. Sin cobertura, puede costar entre $116.000 y $153.000.

Para toda la vida

Aunque el uso de la semaglutida crece en Argentina con productos como Wegovy y Dutide, especialistas advierten que todavía faltan estudios concluyentes sobre las consecuencias de consumir estos tratamientos durante muchos años

La obesidad es considerada una enfermedad crónica que requiere un abordaje continuo. Ozempic funciona para perder peso, tal como muchos regímenes drásticos. Y con algunos de los mismos riesgos. Si se deja de tomar el medicamento, el apetito regresa y el peso se recupera. En un estudio que se mantuvo durante 120 semanas, los pacientes recuperaron buena parte del peso perdido cuando se interrumpió el tratamiento, y cualquier mejora cardiovascular o en el progreso de su patología diabética también se revirtió. Es fácil y tentador tomar medicación, sobre todo en comparación con la alternativa: alterar todo un estilo de vida, para lo cual parece no haber un gran acompañamiento por parte de la comunidad médica. Muchos pacientes fallan ante la titánica tarea de realizar grandes cambios de hábitos, lo que provoca que el peso regrese en cuanto se suspende el tratamiento. Para poder decir que Ozempic realmente es exitoso en muchos pacientes, el tratamiento sería indefinido. Una alarma que surge de esa conclusión es que no sabemos del todo bien cuáles son los efectos de una exposición tan prolongada. La inquietud crece en el ámbito científico.

Riesgos

El prospecto de Ozempic advierte sobre posibles tumores en la tiroides, incluyendo cáncer. En estudios con roedores, la semaglutida causó ambas patologías: tumores y carcinomas tiroideos. Entre otros efectos graves documentados se cuentan pancreatitis, alteración visual, hipoglucemia, insuficiencia renal, problemas de la vesícula biliar. Más allá de las advertencias oficiales que acompañan el producto, varios estudios señalan daños en el sistema gastrointestinal: pancreatitis, obstrucción intestinal, parálisis gástrica, visión borrosa e insuficiencia renal. La Agencia Europea de Medicamentos y la FDA ya alertan que los efectos son peores de lo esperado.

En Estados Unidos se han reportado muertes sospechosas y se investigan posibles efectos adversos adicionales, como un riesgo incrementado de cáncer de tiroides y hasta tendencias suicidas. «Conoceremos las consecuencias reales solo en el futuro», reflexionó Silvio Garattini, científico italiano de renombre, antiguo fundador y presidente del Instituto de Investigaciones Farmacológicas Mario Negri, Italia. Oncólogo y farmacólogo, es una voz muy autorizada y, llamativamente, independiente de la industria farmacéutica, lo que le da peso especial a sus advertencias sobre el Ozempic.

“Personalidad Ozempic”

Médicos y pacientes comenzaron a reportar un fenómeno que va más allá de la pérdida de apetito: una suerte de embotamiento emocional, una respuesta atenuada no solo frente a la comida, sino también ante otras fuentes de placer como leer, escuchar música, bailar o tener relaciones sexuales. Algunos usuarios incluso atribuyeron a la medicación la pérdida del enamoramiento. En internet, el fenómeno empezó a circular con un nombre: anhedonia, o de manera más coloquial, «personalidad Ozempic».

El panorama científico no es unívoco: un estudio que analizó datos de más de 3.500 personas en cuatro ensayos clínicos concluyó que la semaglutida no aumentó el riesgo de depresión ni de pensamientos suicidas en personas sin trastornos de salud mental previos. Sin embargo, los propios investigadores advirtieron que los datos no son concluyentes, y se necesitan más estudios. Entre otras cosas, porque las personas con problemas de salud mental no fueron incluidas en esos ensayos. Pero además, la investigación fue financiada por Novo Nordisk, el laboratorio que elabora Ozempic y Wegovy, lo cual sin dudas implica cierto sesgo potencial.  De todas formas,algunos expertos proponen ver el cuadro al revés: no se trata de que la droga deprima al paciente, sino de que la adicción al “rush” de azúcar ya no funciona con su recompensa habitual y el organismo debe adaptarse. Si éste es el caso, también se haría necesario un seguimiento profesional para la desregulación que sufren los pacientes que aún no se está contemplando lo suficiente.

Llama la atención que los ensayos clínicos previos al lanzamiento de Ozempic duraron como máximo 1 a 2 años (los estudios STEP, Semaglutide Treatment Effect in People, una serie de ensayos clínicos internacionales que evalúan la eficacia y seguridad de la semaglutida), y los de mayor plazo -como el SELECT cardiovascular- se hicieron en paralelo o después del lanzamiento, no antes. El medicamento explotó en popularidad para uso estético fuera de indicación, pero la experiencia real en millones de personas con distintos perfiles de salud era todavía muy limitada en su lanzamiento y aún persisten incógnitas. Incluso los estudios en personas diabéticas, la población específicamente más destinada a consumir Ozempic, son ciertamente limitados. Por ejemplo,un estudio canadiense refiere un más alto riesgo de enfermedad macular en diabéticos que utilizan semaglutida. Los estudios previos al lanzamiento cubrieron a lo sumo un par de años. Pero un diabético tipo 2 puede usar este medicamento durante 10, 15 o 20 años, convirtiéndose, sin saberlo, en el verdadero ensayo clínico de largo plazo. El debate, por lo tanto, queda abierto.

I M: Notas sobre negocios y sustentabilidad.