La ciudad de Ushuaia, uno de los destinos naturales más emblemáticos de Argentina, enfrenta una controversia que pone en tensión desarrollo urbano y preservación ambiental. Un proyecto impulsado por el legislador provincial Juan Carlos Pino propone expandir el ejido urbano de las actuales 10.800 hectáreas a más de 115.000, incorporando incluso zonas como Puerto Almanza.
Según sus impulsores, la iniciativa apunta a potenciar el crecimiento económico y dar respuesta a la demanda habitacional. “La ampliación del ejido urbano tiene que ver con el desarrollo de nuestra ciudad, ampliar el ejido hacia Almanza permitiría habilitar la ruta 30 de la costa y unificarla con la ruta J y la Ruta Nacional 3″, sostuvo Pino. “Eso nos daría la posibilidad de generar un circuito económico sostenido en el tiempo con emprendimientos habitacionales, productivos, turísticos y pesqueros”, agregó.
Falta de planificación y costos estructurales
La propuesta encendió alarmas en distintos sectores que cuestionan tanto su viabilidad como sus consecuencias. El exintendente y actual legislador Federico Sciurano fue uno de los primeros en manifestar su rechazo: “El problema actual de Ushuaia es la falta de planificación e inversión, no haber considerado las herramientas que tiene para su crecimiento. La inexistencia de obras de infraestructura y que los servicios no lleguen a los actuales asentamientos profundiza el problema”. Y remarcó: “Hay que evitar la especulación política y el manejo económico insano en una decisión que nos trasciende como generación”.
Desde la fundación Finnova también pusieron en duda los fundamentos del proyecto. Su presidente, Ramiro Requejado, advirtió: “El destino Ushuaia tiene mucho por perder si se avanza con este proyecto. No se trata solo de sumar hectáreas: se trata de qué ciudad queremos y de qué manera se crece sin poner en riesgo sus activos estratégicos”.
Especialistas en urbanismo coinciden en que la ciudad aún tiene margen para crecer dentro de su actual trazado. “Ushuaia ya presenta baja densidad urbana en comparación con otras ciudades patagónicas, muy por debajo de las recomendaciones de ONU Hábitat para el crecimiento sostenible de ciudades intermedias”, explicó la arquitecta e investigadora del Conicet, Lucía Fank. En ese sentido, sostuvo que “la baja densidad muestra que antes de seguir extendiéndose sobre áreas naturales, la ciudad todavía tiene margen para ordenar, consolidar y aprovechar mejor su trazado actual”.
Además, alertó que una expansión masiva implicaría mayores costos y riesgos: “mayores costos de tendido y mantenimiento de infraestructura vial y complementaria, mayores costos de tendido y mantenimiento de servicios públicos, mayor dependencia del transporte individual y mayores tiempos de transporte, mayor presión ambiental y consumo de recursos y mayor desintegración del tejido social”.
Impacto ambiental y rechazo social
El impacto ambiental es otro de los ejes centrales de la discusión. La ampliación avanzaría sobre turberas, ecosistemas clave para la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono. Ángeles de la Peña, de la Fundación Por el Mar, advirtió que “impactar o perder turberas no es solo perder un paisaje: sino servicios ecosistémicos irreemplazables». Y agregó: “Tierra del Fuego es un enorme reservorio para estos pulmones ambientales. Algo similar sucedería con la costa del Canal Beagle. Si bien hay que resolver cuestiones habitacionales, la integración de la ciudad al territorio tiene que llevarse a cabo con muchísima responsabilidad, planificación y aportes de distintas miradas”.
Desde el sector turístico también manifestaron preocupación por el posible deterioro del entorno natural, uno de los principales atractivos de la ciudad. “El turismo viene por la naturaleza intacta; loteos y baja densidad la erosionarían”, afirmó una operadora local. En la misma línea, agencias del sector sostienen que “no se compensa turismo de calidad con loteos; se protege con gestión y conservación”.
El debate se da además en un contexto de déficits en servicios básicos, con barrios sin acceso pleno a agua, cloacas o recolección de residuos. Para Requejado, avanzar en la ampliación sin resolver estas falencias implica un riesgo mayor: “Si hoy hay sectores sin cloacas o con recolección irregular, imaginar multiplicarlos es un riesgo social y ambiental, mucho más en un contexto como el actual, sin financiamiento de parte del gobierno nacional para obra pública”.
Frente a este escenario, organizaciones ambientales y urbanistas reclaman estudios de impacto ambiental rigurosos, planificación integral y mayor participación ciudadana antes de avanzar con la iniciativa. La discusión, aseguran, no es solo técnica, sino también estratégica: definir qué modelo de ciudad quiere Ushuaia y cómo equilibrar crecimiento con conservación en uno de los territorios más sensibles del país.
Fuente: con información de La Nación